Con el tipo de ‘alianzas’ que ha tenido, bombos y platillos incluidos, podemos decir sin el menor rubor ¡qué suerte que a los violentos grupos de choque de la unión juvenil cruceñista se los llevó el MAS!… que ya tenía los suyos, por cierto.
Con este tipo de alianzas no gana la democracia, aunque para el oficialismo el fin justifique los medios: comprar-sumar votos sin importar la calidad de los votantes que, en este caso, antes fueron satanizados por violentos, racistas y separatistas por el gobierno, y hoy los aclama como hijos pródigos
Los de aquí y los de allí son ‘lumpen’, población económicamente activa, desocupada, sin empleo fijo, por lo tanto sin argumentos ideológicos y fácilmente maleables. Eso sí, son ‘comprables’ a poco o mucho precio para cualquier tarea encubierta o abierta, crear conflictos y disturbios por encargo. Son gente descalificada socialmente, y si algo los diferencia de la violencia que ejercen los aparatos represivos del Estado, es que esta violencia es institucionalizada, usa armamento reglamentario de combate militar, en tanto los ‘lumpen’ no, y además son desechables.
Este tipo de acciones en la practica política desnuda tácticas antidemocráticas que, en el caso de las alianzas últimamente ‘conquistadas por el MAS, apuntan a tres mecanismos. a) Al chantaje: tratándose de personas con antecedentes prontuariados, como barras bravas, o los antisociales que destruyeron instituciones en septiembre de 2008 como fieros grupos de choque, sujetos de investigación policial. Con la cola que tenían, el MAS los deben haber presionado: dejar todo en foja cero, a cambio de su adhesión que, a más de ‘blanquear los delitos pasados’, pudo significar plata u otra prebenda de por medio. b) También pueden haber recurrido al ‘transfugio’, vale decir, ofrecer prebendas o canonjías u oferta de trabajo, para hacer el tránsito de una estructura a otra, sin que la anterior fuera un partido político, como el caso de la barras bravas, el comité juvenil o la prefectura. En política eso se llama corrupción. Y c) por último, la infiltración, ya que parece ser que algunos de actuales y nuevos aliados fueron infiltrados por el gobierno en las instituciones cruceñas. Ello habla de una práctica antidemocrática, propia de dictaduras, totalitarismos, muy de códigos de servicios secretos. Su sola mención crispa.
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Explicaciones por parte de los sujetos que han cometido ‘transfugio’ hay muchas. Sin embrago, desde la ética, nada las justificas, pues ahí existen quienes ‘tientan y corrompen’ y otros que se dejan tentar y corromper. ¿Qué hicieron los actuales aliados del MAS por aplicar las autonomías o los estatutos autonómicos aquí o en Tarija, que ahora reclaman? ¿Creen por ventura que el MAS lo hará? Ya están contenidas en la nueva Constitución Política del Estado, sí, pero serán unas ‘autonomías centralistas’, aunque suene a contrasentido, y además inflacionarias: hay cinco niveles de autonomías, inaplicables e ingobernables.
En todo caso, en un sistema democrático donde se respeta la pluralidad política y libertad de ideas, no debieran existir transfugios tan degenerados como éstos. Claro que tampoco debería haber lumpen, aunque eso es harina de otro costal. Ojalá que, al menos, la institucionalidad cruceña, o lo que sobreviva de ella después del 6 de diciembre, no utilice nunca más al lumpen ni a grupos de choque que se venden por cuatro reales.