Relaciones internacionales y diatribas


MarceloOstriaTrigo Marcelo Ostria Trigo

No hay duda, el escenario internacional cambia acelerada y constantemente y muchos coinciden en que la historia deja enseñanzas sobre lo que es conveniente conservar y lo que se debe reformar en los estilos de la interrelación de las naciones.

Hasta hace poco, aun en las divergencia o en los disensos, el manejo de la política exterior no estaba signada por la estridencia injuriante para defender una posición, para marcar diferencias e, inclusive, para objetar una acción, una declaración o una propuesta.



No es fácil imaginar qué pretende el presidente venezolano Hugo Chávez con los dicterios que lanza desaforado. Recientemente, ante el anuncio de que Estados Unidos podrían incluir a Venezuela entre los países que Washington considera como terroristas, Chávez, histérico y fuera de sí, chilló: “Maldito imperio, mil veces maldito, algún día terminarás y te hundirás. Te maldigo mil veces imperio yanqui, no me importa nada los planes que tengan conmigo”. ¿Así conseguirá que no incluya a su gobierno en la lista de los que se alejan del trato civilizado? Y llegó a la irresponsabilidad: “Hasta en la Casa Blanca se consume cocaína”. Agravios en todas las direcciones: al presidente Bush (blanco preferido de su furiosa inquina) "un alcohólico, un hombre enfermo y acomplejado", al Cardenal hondureño Rodríguez Maradiaga “Loro vestido de Cardenal y payaso imperialista”, al ministro colombiano de Defensa “retrasado mental”, al Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Avigdor Liberman “loco” y “ladrón”,  y un largo etcétera de iguales o peores agravios.

El mal ejemplo cundió: “El presidente Rafael Correa sigue la huella de Hugo Chávez y arremete contra la prensa por estar en manos de ‘gente deleznable’… El mandatario ecuatoriano Rafael Correa lanza ironías, amenazas y descalificaciones de muy variada índole contra los medios, que se defienden, por cierto…”. (Miguel Cabrera Peña). “¿Cuándo no? Rafael Correa insultó a la prensa y a la SIP, y dijo que ‘en América Latina hay una prensa corrupta, mediocre’” (Danilo del Caroni).

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El presidente Evo Morales tiene el mismo estilo. Además de acusar sin pruebas a todos los que considera sus enemigos en el exterior, insulta: “Colega chabacano Alan García, le pido con mucho respeto (sic) expulsar a estos delincuentes que se escapan al Perú”. Antes ya le había dicho gordo al presidente Alan García –no hay error, sí lo llamó gordo– e inconsecuente, porque ya no es antiimperialista. También son diarios los insultos y las acusaciones contra el gobierno y al pueblo de los Estados Unidos, las afrentas a España, las insinuaciones contra los países de la Unión Europea que negociaban un acuerdo comercial con la Comunidad Andina de Naciones de la que Bolivia es país miembro. Por cierto, el insulto no dio fruto alguno. El estilo de la diatriba, no contribuye a las buenas relaciones internacionales y, por supuesto, perjudicará a la Nación, cuyo presidente es el actor principal en este escenario de los dicterios improductivos. 

La recurrencia de los inútiles insultos que profieren los gobernantes de los países de la ALBA, tiene pocos –si los hay– precedentes históricos y, ciertamente, hace subir las tensiones y conspira contra el entendimiento en reales o supuestas diferencias entre los Estados. Parecería que se cree que, con vulgares comentarios y torcidas afirmaciones, se obtiene ventajas en el ámbito internacional. ¡No hay tal!