Honduras y la democracia


En Honduras se ha saneado un golpe que se dio para salvar a la democracia de las satrapías del caudillismo imperante en Latinoamérica.

ElNuevoDia Editorial El Día



Los países del bloque bolivariano en el que ya daban por descontada la anotación de un nuevo miembro -Honduras-, no dejan de recibir malas noticias. Lo del domingo fue una bofetada para Zelaya, (y Chávez por elevación) que apostaba al abstencionismo y que al final terminó en una masiva concurrencia a las urnas, superior a la que se produjo en el 2005, cuando eligieron al presidente que fue depuesto el 28 de junio y que aún permanece en la embajada brasileña en Tegucigalpa.

Ayer, en el cierre de la Cumbre Iberoamericana celebrada en Portugal, se produjo una profunda división entre los países que decidieron apoyar la elección de Porfirio Lobo en la presidencia de Honduras y los que consideran ilegítimo este mandato, porque es la consecuencia directa de un golpe de Estado. Ante tanta divergencia, los concurrentes a la cita de Estoril decidieron no emitir ningún pronunciamiento en conjunto, lo que desde ya constituye un triunfo de algo que se está consolidando día a día en la nación centroamericana.

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Que los líderes del grupo que encabeza Hugo Chávez no reconozcan al nuevo presidente electo de Honduras no es novedad y en realidad esta postura carece de peso en la discusión. Lo mismo pasa con la OEA. Brasil está obligado a encasillarse en su posición, de lo contrario tendría que admitir el craso error que cometió al tomar partido de forma tan brusca en el asunto y lo peor de todo, asumir una vergonzosa derrota en su primer intento de emerger como líder de la región con capacidad de resolver un problema tan serio, en el que fracasaron la OEA y el presidente de Costa Rica y premio Nobel de la Paz, Óscar Arias. Al menos éste último, hizo un pronunciamiento previo al día de la votación que lo dejó en un sitial honroso. Del otro lado están Estados Unidos, Perú, Colombia y Panamá y una Europa que se porta más flexible a medida que pasan las horas. Nada menos que Alemania, Francia e Italia han comenzado a hacerle guiños a la elección de Lobo.

La consecuencia más importante de las elecciones del domingo es haber saneado completamente el golpe de estado que se produjo el 28 de junio. Siempre se supo que la salida de Zelaya tuvo el pleno respaldo de la institucionalidad y las leyes hondureñas, pero con el pronunciamiento de la gente, llamarlo “golpe” suena por demás. En realidad, lo que más resalta hoy son las maniobras que estaba poniendo en marcha Manuel Zelaya para perpetuarse en el poder, idénticas a las que han perpetrado los presidentes del bloque chavista. Ese golpe es visto hoy como una nueva forma que asumieron los hondureños para salvar la democracia, tan vapuleada en la región por los regímenes populistas.

La consolidación del golpe de Honduras es una mala noticia para Chávez y su corte, porque ha trazado un límite bien preciso a las intenciones de los gobernantes que han abusado de su poder y de la democracia, pensando que se había desterrado para siempre este tipo de salidas políticas, muy comunes en los años ‘70. Los preocupados deberían ser hoy los que sistemáticamente han estado dándole golpes al sistema democrático y edificando sistemas caudillistas que están a un paso de convertirse en dictaduras o ya lo son, como es el caso de Venezuela.