Vocación ministerial

- Opinión

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Índice de los Editoriales de Periódicos

  1. El Día: Preeminencia de lo político y gasolinazo

  2. El Día: Azúcar amarga en vena sardónica

  3. El Día: Bolítica

  4. El Día: Vocación ministerial

  5. El Día: El Gobierno habla de negocios

  6. Los Tiempos: LAS INUNDACIONES DE TODOS LOS AÑOS

  7. El Deber: Reservas en la duda

  8. Cambio: Cossío pagó por su refugio

  9. La Prensa: Solución de mercado

  10. El Diario: Autocrítica necesaria y oportuna en el MAS

  11. El Mundo: Popularidad

  12. Opinión:

  13. Clarín, Argentina: La Salada, en la calle Florida



El Día: Preeminencia de lo político y gasolinazo


Terra Nostra

La mentira es un claro signo de debilidad. Se podría decir que al gobierno  “lo  pillaron en curva”, situación en la que es difícil huir, evadirse, y hasta salir con vida. De sobrevivir al episodio, cuando menos quedas duramente lastimado; ese ha sido el caso. Aún así, la reacción sana hubiera sido hablar claro, dando los pormenores de los argumentos a favor para evitar remitirse solamente a las decisiones. Por algo se promulgó el Decreto 478. ¿Han variado las circunstancias?
Craso error considerar al  ciudadano del Estado Plurinacional desinformado, indiferente a la cosa pública o, peor,  falto de recursos intelectuales para dejar pasar sin percibir la importancia de semejante  medida. Parece  obvio que la prudencia o  el miedo a la reacción indujo a los estrategas a promulgarlo sin la suficiente preparación de la población. Tomando en consideración los argumentos esgrimidos por  los promotores y, sobre todo, explicando el bien mayor para el país, quizás la ciudadanía hubiera  reaccionado de otro manera y moderado parte del rechazo.  Pero el gobierno con todos sus portavoces y comedidos prefirieron salirse por la tangente. No fueron convincentes en ninguna explicación. Por el contrario, la percepción inmediata fue,  por lo difusa,  de que algo grave está pasando. Las cuentas generales del Estado no cuadran con los discursos triunfalistas del gobierno.
El realismo es una condición inevitable. Con la olla no se juega. No hay posibilidad de escamotear la verdad al ama de casa. El Vice dice ¡no hay escasez!;  una vuelta por el mercado lo desmiente. ¡No hay inflación!  A pesar de los malabarismos con los datos del INE la plata no alcanza para llenar la canasta familiar. Finalmente el llanto y el hambre  acceden  a la verdad  en poco tiempo. Cuanto más tarde, peor. La credibilidad perdida se va a recuperar sólo con más veracidad, con más transparencia, con mayor libertad de información, con menos persecución a los que no se dedican a ser reproductores de noticias oficiales.
El pueblo está escaldado. Durante cinco años se le han repetido fantasías. Se reclamaba por activa y por pasiva una agenda económica. No basta la lírica del “bien vivir”,  de la armonía con la naturaleza, del respeto a la Madre Tierra o de ser “salvadores de la humanidad”, si en la casa falta comida.  No es un acto de solidaridad donar toneladas de arroz cuando en el país hay miles que no hacen cola porque no tienen con qué comprarse unos  kilos, aunque sea del importado. El gasolinazo dijo al país que el gobernar exige conocimiento, y que no choque precisamente con la naturaleza. No basta decir que mascando coca se alcanzarán los 200 años, si la peta (tortuga) llega a los 450 y no  acullica.
La ausencia de un programa económico para el país, fundado en datos sin distorsiones ideológicas, ha quedado patente. El gobierno aisló al Estado Plurinacional (EP) del contexto político y también económico de la región. El recuento del tiempo perdido. Las oportunidades idas. Que el momento era favorable, quizás  como nunca. Todo eso será sólo inspiración para poemas. Pues Brasil  da la bendición sin retorno a la hidroeléctrica en Belo Monte (Amazonas), sin el EP.  Se convertirá en la tercera mayor del mundo, detrás de Tres Gargantas e Itaipú. Lejos los reclamos del gobierno boliviano,  junto a la de los grupos indígenas y ecologistas,  importantes pero minoritarios. Mientras Evo-Álvaro repiten la existencia de 10.000 millones de dólares guardados en el BCB, Brasil los convierte en 11.233 Megavatios y crea miles de  empleos. A la presidenta D. Rousseff le importa poner los medios para sacar de la pobreza a 25 millones que habitan los estados del Noroeste brasilero, no el discurso. Para eso deben servir los millones. Lula mostró la receta y así colocó a su país entre los grandes. Ahora tiene voz, busca tener voto y, si fuera posible, derecho a veto.
La falta de programa y la incapacidad en la gestión van dando inevitablemente sus frutos. Durante 40 años se habló y se hizo política con el destino del Sudeste boliviano.  Tierras olvidadas, en gran parte deshabitadas y siempre postergadas. La periferia de un país pobre. Pero allí llegó J. Aguirre y dejó ese magnífico Puerto, donde asentaron grandes inversiones del sector agroindustrial que transformaron las perspectivas de las exportaciones de granos. Pero Mutún, la cementera, exportación de energía eléctrica, explotaciones mineras de grandes posibilidades, el Pantanal para el  turismo de alta demanda,  seguían en su dulce sueño. Todo lo podía transformar el gas. Y llegó, pero pasó de largo. Cuántos años, cuántos proyectos, cuántos sueños enterrados por la desidia del centralismo incapaz de mirar más allá del Choqueyapu.  Ni siquiera la industrialización del gas y los hidrocarburos en urea, fertilizantes, polietilenos, etc., con el recurso en abundancia y el gran mercado insatisfecho al cruzar la calle.  Evo y Lula fueron aliados en el Foro de San Pablo y  ALBA.
Tampoco. Y Brasil se cansó de esperar: declara prioritaria la industrialización del gas boliviano en territorio brasilero. Lo mismo ha planteado un gigantesco consorcio financiero para tender un gasoducto al Paraguay y allí, industrializarlo, para sacarlo por la misma vía, ignorada durante años por la burocracia política de Bolivia o del mismo EP, el río Paraguay.
¿Queda algún margen para más errores?  Seguramente continuarán rechazando los proyectos en frontera, Puerto Suárez y Villamontes, donde están los mercados, ¿para insistir con la planta en Carrasco y fortalecer  la “nueva” capital del EP, el Chapare? ¿Por no dar oxígeno a regiones en manos opositoras?  Pero el gobierno ya está advertido.
La preeminencia de lo político sobre la racionalidad económica, el proyecto Evo, condena al país al atraso; mientras se pierden las oportunidades de subir al carro de la esperanza, de dejar atrás las colas, el hambre, y la represión urdida por la mentira.

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El Día: Azúcar amarga en vena sardónica


Barlamentos.

Al levantarse en la mañana, con cuatro críos clamando por su té con azúcar y marraqueta antes de ir a la escuela, donde hasta ahora no han resuelto la adjudicación de insumos para el desayuno escolar, no sería de extrañar que algún padre de familia exclamase ¡y a mí qué me importa!, si tuviese los quintos para comprar el periódico y leer un comentario en vena sardónica como el de hoy. Reacción comprensible si la mamá salió a las once de la noche a hacer cola; a las cuatro de la mañana empezó una lluvia tenaz y ella que no tiene paraguas, apenas su manta de siempre para cubrirse.
Con estoicismo femenino tan nuestro esperaba ahorrar unos centavos en un kilo de azúcar, y el Gobierno había engordado varios pesos al nuevo precio, y alguien del entorno de los sospechosos de siempre había dispuesto almacenar miles de quintales para venderlos más caros, y el Presidente daba cuerda a la victrola de su verborrea para echar la culpa al neoliberalismo, al capitalismo, a los cambas separatistas, al calentamiento global, o a cualquiera de los demonios al que le hubiese tocado su turno de recibir guasca del jefazo.                                    
El mismísimo Presidente recomendaba tomar sopa de huesos. ¿Cómo, si en el campo la mayoría de la gente no come carne, de la que pudieran quedar los huesos, sino en ocasiones como la llegada del hijo del cuartel o ese matrimonio postergado por años por la miseria? Si supiera el Primer Mandatario que la inversión para tener un trío de colmenas y cosechar miel sobrepasa los diez mil bolivianos, esos que el campesino guarda celosamente para algún presterío u otra urgencia. Intuya al menos que la abundancia de los productos va paralela a su baratura, ¿acaso ha promovido el gobierno la práctica de la apicultura? 
Evo Morales exhortó a producir más yuca, seguramente por la sabiduría ancestral que innovaría el “sonso” camba –mandioca cocida y mezclada con queso, molida en tacú- con pito de quinua para añadir proteínas. Tan ilusa como la exhortación que hiciera hace tiempo algún nutricionista del pachamamismo: darles coca a los niños, versión “originaria” de la espinaca de Popeye, que ¿les convertiría en “Coqueyes”?
La exhortación de tal adalid –para los gringos sonsos- de la preservación del medio ambiente, debiera calar en los agricultores chapareños si es que la caridad empieza por casa. Pero hoy es tiempo de carta blanca para la blanca, con la ventaja de que el mandatario sigue de mandamás de federaciones de la republiqueta cocalera del Chapare. Y es el capitalista afán de lucro de los cocaleros que incita a cultivar coca. Tiene gran valor agregado, especialmente si se la procesa a pasta base de cocaína en ollas. Mejor todavía si, como dicen, los mandos medios cocaleros la acopian y los capos alistan los embarques de 500 kilos para arriba, para llevarlos en avioneta a factorías en lugares remotos, e industrializarla al polvo blanco que para los sibaritas de la nariz de hogaño, es como rapé de los salones aristocráticos de antaño.
Tanto así que hasta un productor de sucedáneos del azúcar, en base a fructosa de los Yungas, se queja de que los naranjales se han convertido en cocales y no hay materia prima. La coca ha rebalsado a tierras nuevas en La Paz, Pando, Beni y Santa Cruz; a parques y reservas nacionales cuya conservación es prioridad continental, como Isiboro-Sécure, Madidi y Choré; a territorios comunitarios de origen (TCO) de inermes amerindios Trinitarios, Yuracarés, Sirionós y Chimanes. 
Mueve a sesudas reflexiones sobre cuán insondable es el pozo de la boludez. Si hasta la FAO, que es nada menos que la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, y no puede ser acusada de neoliberal, ha señalado que las restricciones a la exportación, el control de precios y la intervención del gobierno plurinacional en actividades como la producción de aceite comestible, han generado “un efecto boomerang”, que ha desincentivado la producción de alimentos en el país.
Según la Fundación Jubileo, los hogares bolivianos más pobres gastan la mitad de sus ingresos en alimentos de primera necesidad. Hasta la Central Obrera Boliviana, que no puede sindicarse de camba separatista, critica al gobierno de Evo Morales por no tener un plan económico –por lo menos uno tan efectivo como su plan politiquero, digo yo- siendo que, según la FAO, 26% de los bolivianos padece hambre extrema, a los que habría que añadir otro tanto que se duerme con el buche vacío tronando: ahora, ni para distraerlo con marraqueta y sultana endulzada con azúcar. 
Un aymara quizá ahíto de pachamamismo llamaba a ingerir alimentos ancestrales en vez de esa azúcar que causa caries, decía, dejando en suspenso si las caries se deben al exceso de azúcar o a la falta de aseo bucal. Me recordó a un dictador que exhortó a que se coma charque y chuño al escasear la carne de res y la papa. Sabía más de caballos, porque aunque fuera por procesos adicionales, tales exquisiteces cambas y collas costaban mucho más. Ni qué decir del pollo criollo.
No sé del potencial de producción industrial del “ulluku” o del “isañu”, que confieso desconocer. Pero quizá la quinua no abunda en la “granola” del desayuno porque los productores prefieren mandarla al exterior. El Gobierno no la fomenta, pero tampoco le impone cortapisas a su exportación ni les constriñe los precios. ¿Quizá es porque si bien los productores son capitalistas, no son autonomistas cambas?

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El Día: Bolítica


Nosotros nos habíamos comprometido a importar 3.000 quintales de azúcar proveniente de Colombia, pero importaremos cerca de 7.000 quintales para abastecer los mercados de El Alto, La Paz Cochabamba y localidades".

Miguel Montero
EJECUTIVO DE UNAGRO


Se dice que: En una caldeada reunión, en la que abundaron las críticas, autoridades de gobierno y los azucareros se comprometieron a multiplicar los esfuerzos para garantizar la provisión del producto importado en dos semanas".


La fábrica importaría 37 mil quintales de azúcar para llenar el mercado interno con el producto. Nosotros seguimos abasteciendo el mercado, Guabirá seguirá entregando azúcar ya sea importada o producida acá".

Mariano Aguilera
PRESIDENTE DE GUABIRÁ

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El Día: Vocación ministerial


Bajo el Penoco

No deberíamos estar tan molestos con la ex ministra de Desarrollo Productivo, Antonia Rodríguez, sorprendida el otro día vendiendo azúcar en su casa de la Ciudad de El Alto. Tal vez ella, así como lo hizo aquel presidente de YPFB, Guillermo Aruquipa, que salía a repartir garrafas arriba de los camiones, han mostrado al país la verdadera vocación, capacidad y alcances de nuestros servidores públicos. El senador Ávalos, por ejemplo, podría dar una cátedra de cómo comprar azúcar por quintales y exponer todos los tejemanejes para no hacer cola en las tiendas de Emapa. El vocero presidencial, gran consumidor de miel, estaría a cargo de la materia “productos alternativos” y aportaría toda su sapiencia para que la gente se alimente como burgués sin gastar más que un mendigo. Los que consumen singani barato tal vez estén perdiendo su tiempo. Iván Canelas les dirá que pueden sustituirlo por coñac sin quedar yescas. Es necesario restituir con urgencia al ex viceministro Torrico en sus funciones. Sus conocimientos sobre cómo sobrevivir por años a pan y café se están volviendo imprescindibles. El presidente Morales estaría a cargo del postgrado. Su asignatura será: “alimentación a base de huesos”.

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El Día: El Gobierno habla de negocios


Editorial

Hará falta mucho más que lisonjas, reuniones y promesas para que vuelvan las inversiones al país, cuyo descenso ha sido del 40 por ciento en el 2010 en los rubros de minería e hidrocarburos, mientras que en el transporte la caída fue del 62 por ciento. En el campo, la producción agrícola bajó un 19 por ciento ya que alrededor de 150 mil hectáreas se dejaron de sembrar.

El Presidente sigue despotricando contra los empresarios ligados a la cadena del azúcar y los culpa por el desabastecimiento. Qué podría decir él de los petroleros, dada las condiciones actuales, con un Estado obligado a importar el 95 por ciento del diesel y el gas licuado, con un gasto anual de 85 millones de dólares para traer gasolina desde el exterior y 600 millones de dólares para subsidiar el consumo de hidrocarburos. De continuar semejante sequía de capitales, sobre todo en la producción de líquidos, el colapso total podría ocurrir dentro de cuatro años.

Mientras esto sucedía en Bolivia, en el resto de América Latina se producía un fenómeno totalmente distinto. Tras la crisis del 2008, la región recuperó su atractivo para las inversiones y sólo en el año 2010 captó alrededor de 100 mil millones de dólares en Inversión Extranjera Directa, un crecimiento del 50 por ciento en relación al año anterior. Brasil concentró el 25 por ciento de esos recursos y Chile el 12 por ciento.

El vicepresidente García Linera se reunió hace unos días con las máximas autoridades del sector empresarial del país, a quienes les ha pedido que saquen la plata de los bancos y del colchón y los inviertan en los cuatro rubros que manifiestan situaciones críticas: agricultura, minería, electricidad e hidrocarburos. La promesa ha sido alta rentabilidad y retorno rápido y seguro. Los empresarios han aplaudido la inusitada voluntad de diálogo del Gobierno, pero dicen que aún faltan condiciones para generar la confianza que necesita el dinero para salir a la luz.

Apenas han pasado unos días de la salida del “bulldog” que puso el Gobierno para amedrentar, hostigar y buscar la destrucción de algunas empresas del país. Muchos empresarios están convencidos que tal vez puedan correr la misma suerte que Humberto Roca, obligado a huir de Bolivia por atreverse a competir con el Estado o que les pase lo mismo que a Samuel Doria Medina, a quien se le confiscó su empresa de un plumazo. Las petroleras todavía tienen fresca en la memoria lo ocurrido con Petrobras, sacada e empellones de varios campos gasíferos y a la que se acusó de incurrir en actos delincuenciales. Nadie quiere pasarla como los empresarios cruceños: insultados, criminalizados, estigmatizados y a quienes se les prohíbe exportar sus productos, aunque después se les pide producir a manos llenas y vender barato. Las compañías no quieren arriesgarse a que grupos leales al Estado les invadan sus concesiones, les destruyan sus equipos mientras el Gobierno y la Policía miran de palco.

Muchos empresarios tal vez quisieran venir a Bolivia para hacer negocios, porque de hecho, hay plata para gastar y existe una gran cantidad de nuevos ricos que suelen ser muy desprendidos. El problema es que el perfil de empresa que se está popularizando en el país no tiene nada de convencional. Se trata de inversiones que se hacen en el Chapare, en Colomi, en la frontera con Perú, en medio de la selva del parque Isiboro Sécure, donde narcotraficantes y contrabandistas no saben de crisis y menos de restricciones. Es el modelo de negocio en el que incursionó aquel amauta, el alcalde de Calamarca y recientemente la ex ministra Antonia Rodríguez, quien especulaba con el azúcar en su propia casa.

Muchos empresarios querrán venir a Bolivia para hacer negocios, porque de hecho, hay plata para gastar y existe una gran cantidad de nuevos ricos muy desprendidos.

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Los Tiempos: LAS INUNDACIONES DE TODOS LOS AÑOS

Año tras año crece la magnitud de las inundaciones, la cantidad de personas afectadas y también la acción humana causante del mal

Como ya es habitual, pues todos los años a esta altura del calendario se producen inundaciones en distintos puntos del territorio nacional, han comenzado a llegar reportes de los estragos que causan a su paso las aguas crecidas de ríos cuyos cauces quedan estrechos para el enorme caudal de agua que se acumula después de unos pocos días de intensas lluvias.

Este año no ha sido una excepción. Pese a ser uno de los menos lluviosos de los últimos tiempos, las tardías lluvias de la temporada han sido suficientes para dar la impresión de que estamos viviendo una tragedia extraordinaria.

En el caso de Cochabamba, las cifras sobre la cantidad de familias y personas afectadas, de viviendas destruidas, de hectáreas de cultivos perdidos y de animales muertos no son definitivas y las diferencias se deben más al lugar que se ocupa que a la realidad. En todo caso son suficientes para considerar que estamos ante un grave problema. Y se han desencadenado también las ya consabidas disputas alrededor de la administración de los recursos destinados a afrontar tanto estrago.

Muy parecido es el drama que ya se ha comenzado a vivir en las llanuras orientales, donde los ríos Yapacaní, Grande y Piraí amenazan con salir de sus cauces.

Sin embargo, el fenómeno no es nuevo. Hace ya más de medio siglo que los estudiosos de la geografía e hidrografía nacional anticiparon la posibilidad de que inundaciones como las que hoy lamentamos se produzcan con creciente intensidad. Ya entonces identificaron las causas en las que basaban sus temores: la erosión de las tierras altas que ocasiona que los ríos arrastren materia sólida que al llegar a las llanuras se asienta en su lecho, y la deforestación causada por el incesante avance de la frontera agrícola, como dos de las principales, e hicieron las recomendaciones correspondientes.

Para afrontar tales problemas y sus muy previsibles consecuencias, hace ya más de cinco décadas -mucho antes de que se ponga de moda la fraseología ambientalista- se recomendó la adopción de políticas económicas, demográficas y ecológicas tendientes a contrarrestar o por lo menos reducir tragedias como las que ahora sufrimos. La atención que tales advertencias recibieron fue, como ahora se puede comprobar, prácticamente nula.

Como los resultados lo demuestran, lejos de aprender las lecciones de la naturaleza y actuar en consecuencia, asistimos impasibles, año tras año, al constante agravamiento del problema. Año tras año crece la magnitud de las inundaciones y la cantidad de personas afectadas y también la acción humana causante del mal, como lo confirma el intenso ritmo al que se destruyen los bosques tropicales para habilitar más tierras para los cultivos, principalmente de coca, para abrir caminos y carreteras, y para construir masivos asentamientos humanos.

Pese a todo, no es aceptable que nos habituemos a convivir con creciente naturalidad con las causas y con las consecuencias de las inundaciones. Así como vale la pena insistir en la necesidad de asumir la defensa del medio ambiente como algo más que un discurso demagógico, vale también la pena mantener vivo el espíritu de solidaridad que hace falta para que toda la gente que hoy sufre por las inundaciones cuente con la mucha ayuda que necesita.

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El Deber: Reservas en la duda

Dice una información procedente de Brasil que las petroleras han perdido interés en operar en Bolivia, según se comprobó en un foro internacional donde YPFB invitó a las compañías a una exposición sobre las condiciones de operación en nuestro país, y no concurrió ninguna.

La información atribuye el desinterés de las petroleras al hecho de que la magnitud de las reservas de gas natural se mantiene como un secreto de Estado desde hace medio año. Ninguna empresa querrá venir a operar desde cero, con la perspectiva de no encontrar nada y, si lo encontrara, no saber qué condiciones existen en Bolivia para las respectivas operaciones.

No se sabe cuánto gas hay ni qué condiciones pueda poner el Gobierno a la actividad petrolera cuando se proponga elaborar la tantas veces anunciada reforma de la Ley de hidrocarburos. Los pocos indicios que existen sobre esa futura reforma, que está todavía sin fecha, es que el sistema tributario no será modificado, según lo ha anticipado el vicepresidente Álvaro García Linera.

Junto a estas noticias llegan los informes sobre el ímpetu que tienen los países vecinos que compran el gas boliviano en adquirir gas natural licuado procedente de ultramar. Brasil y Argentina, en efecto, están ejercitando el derecho que tienen de optar por la provisión más barata y más segura de gas natural, para lo que inauguran con cierta regularidad nuevas plantas de regasificación en sus amplios territorios.

Desde estas páginas se ha insistido en la necesidad de que el Parlamento se proponga elaborar, con toda la seriedad y la responsabilidad profesional de que sea capaz, una política nacional de hidrocarburos.

Habrá que considerar para ese  propósito los elementos anotados líneas arriba, pero sobre  todo el aspecto más importante, que es el crecimiento del consumo interno, situado ahora en los 8 millones de metros cúbicos diarios. Con la perspectiva de que crezca muy rápido en cuanto se hayan resuelto los cuellos de botella que en este momento frenan la expansión de la red de gas domiciliario en todo el país.

En la relación con las petroleras será oportuno tomar en cuenta el criterio del presidente Evo Morales, que ha señalado la necesidad de que los inversionistas tengan la oportunidad de recuperar sus inversiones, lo que obliga a adaptar a ese principio cualquier concepto relacionado con la tributación.

Un análisis publicado recientemente en el diario Valor Económico, de Brasil, dice que las empresas petroleras que operan en Bolivia no han invertido sino en el mantenimiento de sus explotaciones desde 2006. Quizá se deba a eso el hecho de que la inversión petrolera del año 2010 fue inferior a la de 2009 en 10%, según las estadísticas oficiales.

Lo cierto es que en este momento, dada la escasez de carburantes líquidos en el país, que deben ser importados en porcentajes crecientes, es de suma urgencia hacer todo lo que sea necesario para impulsar los trabajos exploratorios en busca de hidrocarburos en el territorio nacional.

Los conceptos demasiado ideologizados tendrían que ser postergados, para dar lugar a las decisiones inteligentes en materia de hidrocarburos.

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Cambio: Cossío pagó por su refugio

La mentira tiene patas cortas y al final la verdad siempre se impone. Esto es precisamente lo que ocurrió con el tristemente caso del ‘perseguido político’ Mario Cossío, el millonario suspendido gobernador de Tarija, quien, pese a tener cuentas pendientes con la justicia boliviana, logró —mejor dicho compró— el estatus de ‘refugio’ politico por parte del Consejo Nacional para los Refugiados del Paraguay (Conare), producto de sus incestuosos vínculos que mantiene con poderosos e influentes empresarios y políticos de ese país.

La anterior afirmación se desprende de la confesión del senador paraguayo Alfredo Jaeggli, uno de los principales promotores de la connivencia que montó la extrema derecha paraguaya y boliviana para proteger a Cossío, desde meses antes de que la Asamblea Legislativa Departamental de Tarija suspendiera al gobernador de marras para que enfrente, como un ciudadano más, las graves acusaciones de corrupción que pesan en su contra.

"Usted sabe que hay un código entre los políticos de las mismas ideas. Mario nos ayudó mucho para nuestras elecciones, para que nosotros ganemos acá en Paraguay", dijo el senador liberal Jaeggli al periodista Rafael Sagárnaga, director de Día D.

"Nos ayudó con camisetas, con lapiceras, financiando algunas cuestiones…, es normal, entre los políticos nos ayudamos ¿verdad? (…) Y Mario fue uno de los que nos ayudó. Nos ayudó gracias a un señor que es Marcio Schussmüller, que era muy amigo suyo. Es un industrial metalúrgico que era muy amigo de (presidente) Lugo, muy amigo de Lugo", afirmó el político.

No obstante, durante el diálogo con el periodista Sagárnaga, Jaeggli también reveló que cuando la Asamblea Legislativa Departamental de Tarija se aprestaba a aplicar el artículo 144 de la Ley Marco de Autonomías y Descentralización ‘Andrés Ibañez’ para suspender temporalmente a Cossío, acusado por el Ministerio Público de presuntos hechos de corrupción; el vicepresidente paraguayo Federico Franco y el empresario Marcio Schussmüller le consultaron si él "podía ir a sacarlo de Bolivia. Entonces yo pensé tomar mi avión, entrar a Bolivia, rescatarlo a Mario. (…) La idea era irme de contrabando, recogerlo y traerlo acá para su refugio. Pero no necesitamos eso porque él vino en un auto. Cruzó la frontera en un auto".

Según Sagárnaga, Jaeggli es el expresivo del círculo de poderosos amigos que Cossío tiene en Paraguay. Dentro de las clásicas definiciones de política, encarna a cabalidad al ultraderechista desfachatado. Parece un personaje salido de aquellos filmes que reconstruyen las historias de los años 30 en Estados Unidos, tal vez alguno de Coppola. No sólo por los habanos, trajes, motocicletas y autos deportivos con los que gusta posar, sino por las ideas que postula. Es que este senador liberal propugna, por ejemplo, el derecho de cada ciudadano paraguayo a portar un arma de fuego, ha planteado, en un libro de su autoría, la dolarización de la moneda y es un fervoroso defensor del uso discrecional de transgénicos en la agricultura.

¿Algo más impactante? Sí. Jaeggli es autor de proyectos como la exoneración de impuestos a la importación privada de aviones. Defiende otro para que sean levantados todos los niños que mendigan y trabajan en las calles, "porque son un peligro para la seguridad pública y el buen estado de nuestros coches".

Obviamente, Jaeggli conjura contra los gobiernos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), en especial al de Hugo Chávez y a la ‘dictadura’ de Evo Morales. Jaeggli hace gala, además, de ser generoso colaborador de la disidencia cubana opuesta al régimen de Fidel y Raúl Castro. Vale sumar el hecho de que apenas iniciado el Gobierno de Fernando Lugo, el polémico senador liberal le auguró que duraría "escasos seis meses". Esta es la clase de políticos y empresarios —como el propietario del diario ABC Color, Aldo Zucolillo Moscarda, conocido en su país como "Acero", y que juega en las ligas mayores de los multimillonarios paraguayos reservadas para fortunas que bordean o superan los mil millones de dólares— quienes planificaron y ejecutaron la huida de Cossío a un país, paradógicamente con altos niveles de extrema pobreza.

Este grupo de poderosos políticos y empresarios, desde antes de que Cossío pise territorio paraguayo, ya habían decidido que el Conare le otorgue el estatus de refugiado político. Y tras que el Conare acató esa orden y cuando la prensa le preguntó al ‘ilustre’ refugiado ¿por qué eligió Paraguay y no otro país?, Cossío respondió: "Estoy vinculado desde hace muchos años, he trabajado con sus líderes, he conocido su profundo sentido democrático y en lo político su pluralismo". No obstante, cuando las preguntas apuntaron a las acusaciones de corrupción que enfrenta en Bolivia, "tomó nerviosamente el brazo de su asesor Rubén Ardaya y buscó la salida", relató Rafael Sagárnaga.

Además, según el testimonio de Aida Robles, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados y que renunció al Conare —no estaba de acuerdo en considerar a Cossío como perseguido político—, horas antes de la reunión que decidiría darle refugio, esa instancia no sólo que nunca analizó las denuncias de corrupción en contra del suspendido gobernador, sino que obedeció "la orden era aceptar el refugio; esto estaba cantado, ya estaba resuelto".

En ese contexto, lo que corresponde es que la justicia boliviana —más allá del refugio que sus amigos paraguayos le otorgaron a Cossío— aplique la ley, dicte sentencia y establezca qué suma, de los 49 millones de dólares que el gobernador de marras estafó, fue desviada para financiar la campaña electoral de la ultraderecha paraguaya, lo que le permitió comprar el estatus de refugiado político para no rendir cuentas sobre los millones que robó al pueblo tarijeño.


La justicia boliviana debe aplicar la ley, dictar sentencia y establecer qué suma, de los 49 millones de dólares que Cossío estafó, fue desviada para financiar la campaña electoral de la ultraderecha paraguaya y comprar el estatus de refugiado político.

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La Prensa: Solución de mercado

Habrá que pensar en iniciativas positivas que ayuden a los productores a trabajar y a cumplir con su rol en la sociedad y en la economía.

Algunos abarroteros de La Paz y la ciudad de El Alto decidieron importar azúcar peruana y de esa manera están ayudando a resolver un problema de desabastecimiento que el Gobierno central no lograba ni siquiera entender.

Mientras el presidente Evo Morales repetía ofensas contra los productores cruceños, señalándolos como responsables de la desaparición del producto, los comerciantes paceños estaban resolviendo el problema, por el momento.

Los dirigentes del sector comercial dijeron que para cumplir el propósito de traer azúcar del Perú tuvieron que enfrentar dificultades puestas por la Aduana, a pesar de que supuestamente existe libre importación.

Lo cierto es que las colas para la compra de azúcar en la ciudad de La Paz podrían desaparecer gracias a una acción del mercado, de los operadores económicos, cumplida a pesar de las dificultades impuestas por funcionarios del Gobierno.

Esta lección sobre cómo funciona la economía, aparte de las ideologías y los discursos, tendría que ser tomada en cuenta por las autoridades nacionales, que hasta ahora han mostrado que cuando hay problemas económicos lo primero que hacen es buscar a quién hay que castigar.

Se ha resuelto, por ahora, el problema del desabastecimiento de azúcar, aunque a precios mayores a los que existían hace un mes. Ahora habrá que diseñar políticas inteligentes, eso sí, inteligentes, para evitar problemas de desabastecimiento como los que todavía castigan al país.

Los azucareros nacionales habían advertido hace un año que se venía un problema de escasez en vista de la perspectiva de una menor cosecha de caña. Si las medidas sustitutivas, como la importación de grandes volúmenes del producto, hubieran sido tomadas a tiempo, nadie estaría en este momento tan nervioso como lo están los consumidores, ni tan angustiado como están los gobernantes.

Y habrá que ver cuál es la causa que provoca esta situación de crisis en el sector productivo. Quizás sea oportuno admitir que insultar, amedrentar, amenazar, perseguir, con cualquier motivo, a los productores no es un método eficiente para garantizar el abastecimiento.

Aparte de evitar esos errores, habrá que pensar en iniciativas positivas que, en cambio, ayuden a los productores a trabajar y a cumplir con su rol en la sociedad y en la economía del país.

La propiedad de la tierra no tendría que estar en duda, como lo está desde 2006. La libertad de acción de los productores para planificar sus siembras y cosechas debería ser amplia. Las prohibiciones a las exportaciones, como se ha comprobado de manera contundente, sólo perjudican, porque no dan a los productores la posibilidad de lograr mejores compensaciones en el exterior para tener margen de ofrecer precios especiales dentro del país. Incluso la FAO ha hecho saber que los países con mayores problemas de abastecimiento son aquellos que cometieron el error de prohibir las exportaciones. Si lo que pasó en el país no hubiera quedado claro como enseñanza, está la palabra de la organización mundial de la alimentación y la agricultura.

El presidente Morales había dicho que su primera etapa de Gobierno fue dedicada sólo a la política y que ahora pasaba la página y se dedicaría a la economía. El país entero espera que eso suceda.

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El Diario: Autocrítica necesaria y oportuna en el MAS

La situación creada con el Decreto 748 y su posterior anulación, motivó en las filas del Movimiento Al Socialismo (MAS) una especie de reconocimiento de las debilidades y errores del régimen gubernamental. En un medio oficialista, intelectuales del partido que gobierna, hace pocos días han hecho agudas críticas al Gobierno por las políticas desarrolladas, especialmente en el campo económico.

Es la primera vez, en más de cinco años, que, por parte de la “cúpula pensante” del MAS, hay un reconocimiento a conciencia de lo mal que estuvieron conducidos los negocios del Estado por el Gobierno que siempre anuncia “estar al servicio del pueblo y llevando a cabo políticas de cambio”, hecho que en la realidad no ocurre.

Cuando se está en el poder político -así lo demuestra la historia en el mundo- y mucho más cuando se dispone de él absolutamente, como ocurre en Bolivia por la ausencia de una oposición organizada, el que siquiera un sector, por mínimo que sea, se adentre en las políticas desarrolladas y encuentre las grandes aristas de yerros cometidos en el ejercicio gubernamental, es bueno, es constructivo para el propio Gobierno y, sobre todo, es un faro de orientación para el Presidente que, en primera y últimas consecuencias, es el responsable de lo que el régimen maneja.

Cuánto bien le hubiese hecho al Gobierno que los errores cometidos los hubiera tomado en cuenta con la oportunidad debida. Cuánto ha desoído de todo lo que los medios de comunicación y analistas le hicieron ver y, además, las contadas expresiones de opositores que en el Legislativo y fuera de él han pedido que el Gobierno cambie de rumbos y actúe en consonancia siquiera con mínimas condiciones para el manejo de la administración del Estado.

Ahora lo importante es que el régimen, abandonando poses de soberbia y petulancia que lo caracterizan, tome en cuenta las observaciones y sugerencias de intelectuales de su partido que, con seguridad, han estudiado y considerado lo mal que ha sido administrado el Estado en cinco años de gobierno y cuyos resultados son las equivocaciones cometidas últimamente, cuyas consecuencias han agravado la pobreza y el subdesarrollo nacional.

Los intelectuales masistas observan, por ejemplo, que “no se salió del modelo dependiente”; “la industrialización es sólo retórica”; “hay que trabajar para la población”; “no hubo transformación institucional”; afirman también que “no es necesario pelear con las empresas capitalistas”, etc., etc., sugerencias que, se dice, habrían sido planteadas ya el año 2006.

Los cambios propugnados por el Presidente y su partido desde el inicio del gobierno en 2006 seguramente no han tomado cuerpo porque, simplemente, quienes debían llevar a cabo determinadas conductas no cambiaron, no tomaron en cuenta que ellos mismos tenían que cambiar de mentalidad y conducta. El toque de alerta pronunciado por las “gentes pensantes del MAS” implica que hay preocupación por lo pasado en cinco años y que es preciso cambiar rumbos, retomar los buenos propósitos y actuar en consonancia con las urgencias y necesidades del país, alejados de espejismos y situaciones de confrontación en los que hay empeño tan sólo por ver oposición donde en realidad no existe.

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El Mundo: Popularidad

Los resultados de las elecciones de diciembre de 2009 nos mostraron en forma amplía la popularidad con que gozaba en candidato del MAS a primer Presidente del Estado Plurinacional, más por los ofrecimientos que por las obras realizadas hasta ese momento, en favor de los sectores mayoritarios de la comunidad.

Al margen de lo que pueden ser los sentimientos, la función gubernamental obliga a tomar decisiones que permitan mantener el equilibrio de la economía del Estado, para que las obras propuestas puedan ser llevadas a la realidad.

Una de las principales limitaciones que tenía el Presidente hasta ese momento y que se mantuvo durante todo su mandato, era el ser el máximo representante de un sector de la actividad y que disminuía su obligación de ser el Presidente de todos los ciudadanos.

Las primeras dificultades surgieron cuando se puso en evidencia que el sector al que mencionábamos anteriormente, realizaba una actividad lindante con lo prohibido, ya que su producción esa la base para la producción de la cocaína, aunque en la teoría favorecía la actividad tradicional de la masticación de las hojas.

Entre de las últimas acciones, tuvo que mostrar su preocupación por el destino de la coca producida en el país, a pesar de que las autoridades encargadas del control se preocuparon siempre de mostrarnos que la cocaína venía del Perú, en tránsito para el Brasil, o que la Felcn intervenía todas las fábricas que podrían estar instaladas en el territorio nacional.

Tal vez hasta hoy, el momento más crítico de su mandato llegó con el Decreto conocido como el gasolinazo y que lo obligó, en el giro de unos pocos días, a abrogarlo, aunque su discurso hasta pocos minutos antes de ese momento y también en algunos casos después, estaba orientado a mostrar las cualidades de esa medida y las irregularidades que obligaron a su adopción.

Una vez que la medida fue abrogada, se llegó a la conclusión de que todo había vuelto a fojas cero; sin embargo, todos los días podemos advertir los efectos que se manifiestan especialmente en la elevación constante de los precios de los artículos de la canasta familiar, por una espiral imposible de frenar, ya que una decisión es consecuencia de la otra.

En el seno del Ejecutivo, quedaba la impresión de que la abrogación del decreto y la confesión de que la decisión obedecía al principio de seguir el llamado de los sectores sociales, había llevado todo al momento inicial y que se podía continuar con tranquilidad. Es más, cualquier muestra de disconformidad fue atribuida a algún grupo pequeño de empresarios o de productores que no tuvieron la capacidad de reconocer los cambios propuestos.

La presencia del mandatario a la cabeza de la celebración cívica del departamento del cual es oriundo y que podría haber sido una reafirmación de la simpatía con que anteriormente había sido acogido, resultó contraproducente. Silbidos y abucheos impidieron que los gobernantes continuaran a la cabeza de la demostración y decidieron abandonar el escenario.

La situación no puede ser atribuida ahora a los industriales o productores del oriente, o a un pequeño grupo de empresarios; por el contario, tuvieron oportunidad de estar en actos públicos en los departamentos llamados de la media luna y si bien no fueron acogidos con la euforia que puede merecer un líder, ya que su voluntar fue mostrada en las urnas, nunca se llegó a esos extremos, aunque el Gobierno mantiene el deseo de resistirlos con procesos y otras acciones que no hacen otra cosa que mostrar la prepotencia con que se pretende gobernar.

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Opinión:

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Clarín, Argentina: La Salada, en la calle Florida

La calle Florida es, además de una arteria tradicional de la Ciudad, una de las vidrieras ante el resto del país y del mundo, dado que es un paseo obligado de los turistas locales y extranjeros. A partir de las primeras horas de la tarde, la imagen que transmite Florida está lejos de ser halagüeña: a partir de ese momento, en casi todo su recorrido, comienzan a instalarse comerciantes informales que venden principalmente artículos manufacturados, entre los que se encuentran baratijas y ropa de marca falsificada, lo cual significa que el Gobierno de la Ciudad autoriza o tolera semejante comercio.

La ocupación de Florida por el comercio informal ha dado lugar a numerosas quejas de los comerciantes del lugar y obstaculiza el tránsito de los peatones, especialmente a la salida de los bancos y oficinas. A pesar de eso, el comercio ha sido autorizado y nada hace pensar que Florida pueda recuperar una fisonomía jerarquizada ni que los comerciantes puedan dejar de soportar la competencia desleal.

Florida es una ventana al mundo, afectada por el comercio informal, que incluye productos falsificados y que afecta a peatones y a comerciantes.

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