Peatones en la niebla

- Opinión

Gabriel Chávez C.

gabriel_chavez_casazola Pongo el título “Peatones en la niebla”, haciendo un guiño a la consabida película de los gorilas, y ya me siento arrepentido. Debí poner “Peatones en la bruma”, en alusión al estereotipo londinense holmesiano, porque a pocos metros no se puede ver al prójimo esta noche; o, siendo más obvio, “Peatones en el humo”, pues es humo provocado, en grandes cantidades, y no neblina natural, lo que envuelve a los cruceños, para variar, este septiembre.

Septiembre, hablando de él, solía ser el mes más hermoso en estas tierras, por la esperada capitulación anual de los vientos fríos del sur y la llegada del envolvente y susurrante calor del trópico, con todas sus virtudes anímicas y estéticas (léase: alegría en el espíritu, hermosos árboles amarillos floridos y beldades aliviadas de innecesarios revestimientos).

Sin embargo, desde hace algunos años, con septiembre y la inminente primavera llega también a Santa Cruz un invitado no deseado: el humo de las grandes quemas agrícolas o desmontes, haciendo que la primavera sea tóxica –como lo escribí en un reportaje sobre el tema hace años- y septiembre un mes intoxicado.

Para qué decir, si ya se sabe, que cada año la cosa se repite y nadie parece preocuparse demasiado. El Gobierno nacional no se da ni por aludido, ocupado como está con el tema del Territorio de Inminente Producción de Narcóticos (como alguien en la red bautizó al TIPNIS); mientras los ahora multiplicados defensores del ecosistema, ocupados en lo mismo, tampoco atinan a preguntarse o cuestionar cuántas hectáreas de bosque y cuánta vida silvestre se estarán perdiendo con los chaqueos, tan depredadores como una carretera que se abriera cada año.

Por su parte, la Gobernación local anuncia una “Cumbre sobre el humo”, que seguramente será tanto o menos útil que una cumbre sobre la niebla que pudiéramos hacer los poetas, elevando a rango de ley los versos de Eduardo Mitre, quien propone que “repetir tres veces Eva nieva la niebla / ayuda a cruzar la niebla”.

Y nosotros, los habitantes de Santa Cruz, que tenemos que tragar humo de la noche a la mañana y de la mañana a la noche, en esta ciudad donde hoy todo huele como si se tratara del último de los círculos infernales, además tenemos que tragarnos la farsa de un Día del Peatón en semejante ambiente nocivo, como si nos pudiera hacer ilusión practicar deportes y sacar las bicicletas con enfermedades respiratorias, ojos irritados y alergias por doquiera.

Eso, para no mencionar la ironía que supone conmemorar un Día del Peatón en una ciudad en que el peatón no existe, pues se perdió en la bruma de una deficiente e inmoral planificación urbana que apenas ha levantado una –¡una!- pasarela para una urbe con dos millones de habitantes y donde el 90% de los conductores no respeta un paso cebra ni las señales de tránsito, sin que a la eficientísima gestión municipal se le mueva un músculo de la cara.

Entonces, como por lo visto nadie hace ni hará nada al respecto, los cruceños tendremos nomás que comprarnos máscaras antigas para usarlas cada septiembre, como en película apocalíptica, y vestir en consecuencia a las hermosas modelos de la feria. Así nomás había sido, digamos para terminar, con un guiño postrero a Cayetano.




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