Atrapados sin salida. Ellas también

- Opinión

Susana Seleme Antelo

seleme Busco razones menos críticas, miradas más benévolas hacia presidente Evo Morales y sus acompañantes ‘aprendices políticos’ todos; escarbo entre sus hombres y mujeres para encontrar algo del sentido humanista del socialismo y de la solidaridad social que solía ser atributo de la izquierda enfrentada a ‘las derechas’, como decían, pero no hallo respuesta.

En realidad si las hay: a cambio de humanismo solidario, por un lado, apalean, amordazan y espantan a mujeres, hombres y niños indígenas en defensa de su territorio –el TPNIS- que pretenden destruir con la carretera ‘transcocaleira’ apuntan los brasileros, para sembrar más coca, materia prima de la cocaína. Por otro lado, a punta de corazas, gases lacrimógenos y bastones de electroshock aplicados al metal de las sillas de rueda de las personas con capacidades diferentes, impiden su entrada al centro del poder: la Plaza Murillo. Allí, con la policía siempre presta a proteger a los poderosos, Morales y su hombres se atrincheran y les niegan un bono para aliviar sus dificultades, incapaces de llevar a la práctica su cacareada política de inclusión social.

No me doy tregua y sigo buscando para darme un respiro ante tanto despropósito represivo, ajeno de todo humanismo solidario e inclusivo. Tozuda sigo creyendo que todavía puedo encontrar algún atisbo de la vía política pluralista en el socialismo, anticipada por los clásicos del marxismo -jamás concretada, es cierto- o de la izquierda democrática, ni jacobina, ni estalinista. Pero me doy con un ‘palmo de narices’ contra una realidad infestada de aberraciones ideológicas, teórico-prácticas y, como si fuera poco, vergonzosamente machistas, sexistas y depredadoras de la igualdad de género y, por ende, de la dignidad de las mujeres.

¿Qué otra cosa se puede pensar al oír los berridos copleros que cantaban mujeres y hombres en la Plaza Murillo en las pasadas carnestolendas? He aquí algunos de ellos: “Ahora las ministras van por los balcones, pidiendo limosna, para sus calzones” o “en los carnavales llueven colaciones, las ministras cambian tangas por calzones”.

Entones concluyo mi búsqueda y reconozco que ellos y ellas, en el del MAS, están atrapados sin salida por la degeneración del oficio político desde las más altas esferas del poder -y en las bajas también- Así se permiten hacer del palacio de gobierno o de la Plaza Murillo que mezquinan a gente en sillas de ruedas, el escenario que les da licencia para matar la mesura y la decencia, mientras cantan coplas aireando sus apetitos o represiones sexuales a título de picaresca carnavalera con dominio fálico. En otras palabras, el espacio de la política pública, aunque haya paridad de mujeres en cargos del aparato estatal, sigue siendo masculino: todo gira en torno a ellos que manejan el poder real.

Más que el presidente ‘buscón’ -Evusconi, dicen por ahí dados sus reiterados y ofensivos ‘chistes’ de macho cabrío a costa de nosotras las féminas- me indignan las mujeres lambisconas cantando colpas de carnaval, ofreciendo sexo y calzones a título de “una cultura ancestral”, según una ministra, quien reconoce que las coplas “pecan de machismo”. Aquí van otras para ‘comprobar el pecado’: “Este Presidente de buen corazón, a todas las ministras les quita el calzón”; “Nuestro presidente muy pícaro es, sólo quiere una y se come a tres”; “Nuestro Presidente mujeriego es, y cambia de chica en un dos por tres”.

Tratando de ser benévola con esa novel ministra –la de Comunicaciones- podría asumir su ‘ancestral’, si con ello se remitiera a la cultura machista y patriarcal, expresada en este caso, en el sexismo cultural que revela relaciones de poder, siempre en detrimento del derecho humano de la mujeres a no seguir siendo consideradas meros objetos sexuales, ahora con grosera sorna.

Vuelvo a la ministra que exime a Morales de haber cantado la copla sobre las Bartolinas -una ONG muy cercana a Morales, que tomó el nombre de la respetada líder indígena, esposa de Túpac Katari en lucha contra el dominio español en el siglo XVIII-: “Bartolinas Sisa, tienen mucha fama, por eso las llevo directo a mi cama”. Si no la cantó, aunque sí sonreía a mandíbula batiente, según vimos en imágenes, un día después ofendió a otras solo cambiando el nombre de ‘las Bartolinas’ por el de “mizqueñas, mizqueñas…” –de la localidad de Mizque- con el mismo objetivo: llevarlas a la cama.

Como bien dice Pilar Rahola en su libro, “Mujer liberada, Hombre cabreado”, si antes nosotras queríamos liberarnos, “ahora queremos que los hombres se liberen del exceso de pene que tiene clavado en el cerebro”. Sin complejos, yo agrego que las mujeres del MAS también debieran liberarse del que tiene clavado en su cabeza, y dejarlo más bien para su intimidad en igualdad de condiciones: recibir y producir placer.

Ya no se trata solo de los impulsos autoritarios del autócrata y de todos los que le sirven y se sirven del poder. Tampoco se trata solo del uso indiscriminado de la violencia contra los opositores y sus consecuencias sobre los Derechos Humanos, cuyos límites los sobrepasa el propio presidente cuando pide “la flexibilización de las normas de derechos humanos para mejorar la instrucción de los soldados y premilitares en los cuarteles del territorio nacional”*. Según aclara su zalamera ministra de comunicación, los periodistas “no comprenden, ni entienden el carácter y la personalidad del presidente”. Todo vale para sacar las papas del fuego, pero esa frase, pinta de cuerpo entero a él y a ella.

Reitero, ya no se trata solo del acelerado desmadre de la función para administrar el Estado y el gobierno en democracia. Se trata de que ellos y ellas están atrapados sin salida en la descomposición en la que han hundido la práctica política.

*En el servicio militar ya han fallecido varios jóvenes, en su mayoría de humilde origen, por prácticas inhumanas y violentas aplicadas a los principiantes.