Evo para alcalde

- Opinión

Julio Héctor Linares Calderón

juliolinares Si hay algo que siempre se criticó en los innumerables talleres —oenegistas— de evaluación de la era municipal que inicia en 1994, es la forma de medir la gestión local que tiene la ciudadanía y las propias autoridades, es decir, mientras más cemento le echaste a tu municipio es cuando más se trabajó, “obritis”.

No importa si gastaste miles en una escuela de dos pisos en un distrito donde sólo hay 50 niños, un centro de salud a 200 metros de otro al que nunca llegan pacientes o un sistema de riego insostenible en el tiempo. No, no importa, mientras el Alcalde rompa la cerveza y los vecinos lo llenen de mixtura, entonces, todo está bien, “está haciendo algo”; a no olvidar el cartelito en el aula o la plaquetita en la pared del coliseo, cada uno vale un votito.

Esta es la cultura de la municipalización, de la cual también aprendió nuestro Presidente. Para muestra, millones de dólares gastados en el programa “Evo Cumple Bolivia Cambia” destinados a lo mismo que hicieron los alcaldes por más de 15 años: aulas y canchas —un informe de la FAM de 2010 dice que el 60 por ciento de este dinero fue dirigido a estas obras. Así, Evo adoptó la misma lógica: la entrega de la cancha, del tinglado en el propio lugar, para ser festejado con vivas, mostrando así que mucho cambio no hay, pues se sigue entregando cemento y no creando el ambiente adecuado para generar más empleos, por ejemplo.

Y esto ya se volvió inevitable, hace quince días, S.E. se comprometió con autoridades de los 1.600 habitantes de Orinoca a construir allí el “Museo de la Revolución”, por un valor de 5 millones de dólares, ¡el presupuesto de cinco años de su municipio madre Andamarca!, lugar donde la inaccesibilidad es histórica, hasta ahora sólo existen salidas de buses a Orinoca dos veces por semana, ¿es necesario comenzar su desarrollo con un monstruo de esta clase?

Luego, hace diez días, se inició el debate de la construcción de la Casa Grande del Pueblo, anexo al Palacio Quemado, situación que sí es inevitable, pues en estos años de masismo, más de 50.000 funcionarios engrosaron la burocracia, ¡ya no hay dónde meterlos!

Como cereza para terminar la torta de febrero, anunció ayer que sacará de la manga otros 5 millones de dólares para hacer un nuevo Comando de la Policía. No comentaré su desempeño como Presidente, pero estoy seguro que si fuera alcalde rural, por ejemplo, su ciudadanía lo veneraría.




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