Preocupación por las consecuencias del posible fin de la ayuda económica venezolana

- Opinión

Emilio J. Cárdenas*

emilio-cardenas-118 Hugo Chávez ha edificado una serie de opacas alianzas políticas sobre la base de conferir a sus socios ideológicos o circunstanciales un fuerte apoyo económico, que se materializa mediante regalos, préstamos a bajas tasas de interés y largos plazos o ventas de petróleo crudo y combustibles a precios subsidiados, con financiamiento a 25 años.

En el camino también ha permitido a sus aliados ideológicos hacer negocios ocultos en las respectivas operaciones comerciales concretas. La inolvidable “valija de Antonini Wilson” es tan sólo una pequeña muestra de lo que, en este último sentido, ha estado haciendo Hugo Chávez en la región. Sin reparar –para nada– en el principio de “no intervención en los asuntos internos de otros países”. Así Chávez ha perversamente comprado lealtades y generado –al propio tiempo– diversas dependencias.

Si –de pronto– Hugo Chávez fuera derrotado por Henrique Capriles en las elecciones presidenciales de octubre próximo (lo que luce cada vez más factible) o si su salud, ahora visiblemente deteriorada, derivara en el fin de sus días o en su incapacidad para poder seguir gobernando, los efectos directos de esas circunstancias podrían repercutir muy fuerte, más allá de las propias fronteras de Venezuela.

Los dos países en los que presumiblemente ese impacto adverso sería mayor son claramente Cuba y Nicaragua. Pero Bolivia, Ecuador y la República Dominicana también sufrirían fuerte por las consecuencias de la eventual desaparición de Chávez del escenario político regional. Además de Siria, país al que pese a sus barbaridades inhumanas Chávez sigue abasteciendo de combustibles. Por esto, algunos en todos y cada uno de esos países se preparan para enfrentar, en su caso, las posibles consecuencias.

Cuba depende de Venezuela para obtener nada menos que dos tercios del petróleo que consume. Recibe además abultados ingresos (hablamos de unos 5.000 millones de dólares por año) que Venezuela le paga por haber enviado unos 37.000 médicos, enfermeras, paramédicos y otros profesionales a prestar “servicios” en Venezuela. Esto último equivale nada menos que al 15% del PBI de Cuba. Una enormidad.

Si, de pronto, Cuba perdiera estos beneficios, su situación sería similar a lo sucedido al dejar de tener los hermanos Castro su anterior “patrón”: la Unión Soviética, a principios de la década de los 90, cuando la isla atravesara por enormes dificultades.

Cuba ha fracasado rotundamente en el desarrollo de su sector agropecuario. Por esto es hoy absolutamente incapaz de alimentarse y tiene que importar nada menos que el 70% de los alimentos que consume. Una atrocidad, de la que no se habla. Sin Venezuela a bordo -como dice Yoani Sánchez, “dejándose saquear por Cuba”- las dificultades del régimen castrista serían gruesas y el racionamiento en materia de alimentos de primera necesidad volvería a ser inevitable.

El caso de Nicaragua es también bastante complicado. Venezuela ha permitido a Daniel Ortega y a su esposa enriquecerse inmensamente en lo personal. Tienen el monopolio de las importaciones de combustibles desde Venezuela a Nicaragua y, además, el monopolio de las exportaciones de alimentos desde Nicaragua a Venezuela. Y lo aprovechan. Por ahora, al menos.

Nicaragua -como Cuba- también recibe petróleo venezolano, a precios subsidiados. Así genera unos 600 millones de dólares anuales. Asistencia que le permite mantener subsidiados los precios domésticos de la electricidad y del transporte, lo que conforma la base misma de la política populista del llamado “sandinismo”. Si esto desapareciera, la recesión sería rápida. Y profunda probablemente.

Curiosamente -como hemos señalado- también sufriría Siria que, como Irán, es un país al que Chávez considera su aliado estratégico. El petrolero venezolano “Negra Hipólita”, operado por PDVSA, ha hecho recientemente otras dos visitas, la última hace apenas pocos días, al puerto sirio de Baniyas, llevando combustible. Se estima que la última vez el buque habría descargado unos 700.000 barriles de crudo.

Cuba ha recibido, entre 2005 y 2011, más de 28.500 millones de dólares en subvenciones venezolanas. Nicaragua, unos 9.700 millones. Argentina, por su parte, unos 9.200 millones. Esto según cifras de Julio Borges, legislador de la oposición.

El nerviosismo por el futuro de Hugo Chávez trasciende ciertamente las fronteras de su propio país. Por razones ideológicas y políticas que son evidentes. Pero también por sus posibles consecuencias económicas inmediatas sobre el bienestar de muchos, que podría evaporarse.

*Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

El Diario Exterior – Madrid