Catalina

- Opinión

Rodrigo Paz Pereira*

RODPAZ Cuando tenia 4 años una de mis primeras imágines fue la cara de Catalina. Para la época mis Padres se encontraban en el inicio de la construcción de un nuevo proyecto político democrático para Bolivia y apenas eran parte del tiempo de nuestras vidas.

Junto a Catalina, la pequeña calle/pasaje muy Paceño de Hermanos Manchego, Nieves (mi perro chapí) y mi querido hermano Jaime completaban mis parámetros de la vida; este era mi paraíso, vivíamos en un sótano de dos cuartos mas el espacio de un garaje con viejos muebles los cuales eran nuestros grandes castillos. Estas eran mis fronteras.

A pocas cuadras sobre la Avenida Arce se encontraba el infierno, el lugar donde la oscuridad y la tortura era el espacio de trabajo de los hombres de Gafas Negras y bigotitos entre lo cantinflesco macabro o como los de Pepe Cortisona. El infierno era (sigue siendo) el Ministerio del Interior.

En septiembre de 1971 ese infierno tomo las calles y rompió muchos de esos pequeños paraísos como el mío, donde la sencillez de nuestras vidas era correr por la calle junto a mi hermano, Catalina y Nieves. El silencio de la muerte solo se cortaba por la metralla de los hombres de Gafas Negras; las puertas de los bolivianos eran tocadas por la suerte de la muerte selecta.

Ese 1971 mi Madre entro con prisa, tomo unas cuantas cosas y nos dijo: Nos vamos chicos!!! Catalina una mujer aymara de pollera que nos cuidaba en las ausencias de mis padres desapareció durante el mes que estuvimos ocultos de la represión del nuevo régimen bajo la protección de mi tío Mario y María del Carmen.

Una mañana fría del Alto, mi madre con mano firme me llevaba junto a mi hermano hacia la temida puerta de migración del aeropuerto Del Alto, desde la distancia una voz suave nos llamaba: “Sra. Carmen, Rodrigo, Jaime, esperen por favor”, era Catalina con sus mejillas redondas en lagrimas, tenía dos bolsitas tejidas que saco de su pecho: “esta bolsita tiene unos dulces para los niños, en esta otra están mis ahorros para el viaje”.

El viaje duró once años hasta 1982 con la instauración de la democracia boliviana con el primer gran movimiento popular de la era democrática como fue la UDP. La primera parada del viaje fue Santiago de Chile gracias a la protección del Presidente Allende, que a los pocos años caería por los mismos hombres de Gafas Negras que en Bolivia derrocaron las ansias de libertad de un pueblo.

En mi memoria siempre me acompaño Catalina, tengo su cara presente en cada una de mis hijas, en cada mujer que observo en su lucha por una sociedad más justa y solidaria.

A Catalina la nombro todos los días cuando beso a mi hija mayor que lleva el nombre en honor a aquella extraordinaria mujer que con un sencillo acto demostró todo lo que esperamos construir en nuestra patria: amor por el prójimo sin mediar raza, credo o ideología. Simplemente amor solidario, verdadero y con apego a la libertad como bandera.

Rindo honor humildemente a todas las mujeres de la patria, en especial aquellas que con dignidad cumplen con la labor de Trabajadoras del Hogar como Catalina.

*Presidente del Concejo Municipal de Tarija