El conflicto cotidiano

- Opinión

José Gramunt de Moragás

GRAMUNT A estas alturas, los editoriales, los comentaristas de radio y televisión y los columnistas ya lo han dicho todo o casi todo lo que el pueblo soberano tenía que decirle al gobierno plurinacional. Coinciden en que la conflictividad y el enfrentamiento son los deportes nacionales por excelencia, muy por encima del diálogo y la conciliación. Pero, dada la insistencia de los mismos hechos, no tenemos más remedio que volver a recordar algunos hechos que perturban la vida de la gente.

Vayan algunos casos: los canales institucionales para la solución de los conflictos no funcionan: Evo Morales fue el campeón de los bloqueos y ahora tiene que tragarse su propio remedio, aún cuando parece no importarle, pues él sigue viajando al exterior de cumbre en cumbre, como un andariego andinista, alternando con sus continuos viajes electoralistas al interior del país de pueblo en pueblo, como incansable populista.

Ante esta situación de inestabilidad permanente, los obispos reunidos en su asamblea anual, deploran tan lamentable estado de cosas. “Los múltiples conflictos sociales, laborales y jurídicos que estamos viviendo en Bolivia en estos días -recordó el cardenal Julio Terrazas, presidente de la Conferencia Episcopal de Bolivia-, entre otros, el ya conocido y prolongado problema del TIPNIS y el más reciente de los sectores de salud y educación perturban la convivencia entre los hermanos bolivianos”. Y como los canales institucionales de la administración de la justicia, del diálogo y de la concertación fueron desmantelados, la Iglesia trata de cumplir su oficio pastoral de exhortar con toda fuerza a los responsables del desorden nacional.

En esta dirección, dijo el Cardenal al inaugurar la asamblea episcopal el pasado jueves en Cochabamba: “donde se persigue a las personas por sus ideas debemos estar nosotros para recordarles a todos que cualquier cosa que se quiera conseguir tiene que ser dentro de las perspectiva del respeto a la dignidad humana.” (…) “Allí donde hay conflictos y enfrentamientos, volvemos a repetir que la única manera de resolver los problemas es a través de medios pacíficos y del diálogo sincero y respetuoso y con miras al bien común”.

Pero lo más grave es que no hay voluntad de concertación, ni de parte del gobierno que se muestra cada vez más autoritario, ni de parte de los protestatarios que se resisten a concertar acuerdos necesarios para el bien común.

Pongamos el caso de los choferes. El hecho es que la ciudad de La Paz está intransitable y que las distintas medidas para establecer un mínimo de orden en el tráfico rodado, son rechazadas por los sindicatos del volante. La Alcaldía ha propuesto unas normas para poner orden. Los choferes se niegan a aceptarlas. Y la policía nacional se niega a desprenderse del tránsito, del que siempre ha obtenido pingües beneficios ilegales. Mientras tanto, la ciudadanía sufre las consecuencias. ¡A donde vamos a parar!

Algún medio de comunicación quiere convencernos de que, en la cuestión del orden público, el país no está peor que en tiempos pasados. ¡Falso! Termino adhiriéndome a los obispos en sus deseos sinceros de concertación y diálogo.

ANF