Que no inventen, Eugenio…


Mónica Oblitas Los familiares de Eugenio Aduviri, el periodista del diario La Razón asesinado hace pocos días en la ciudad de El Alto, han dicho a algunos medios de comunicación que Eugenio habría estado recibiendo amenazas días antes de su muerte. No saben de quién ni cómo, pero así lo han afirmado.Sin quererlo, y me atrevería a decir que animados por la misma Policía, le están haciendo tremendo favor a la institución del orden que, con esta hipótesis, ya comienza a armar un caso que seguramente se parecerá al de los hermanos Víctor Hugo y Verónica Peñasco, también periodistas y también asesinados en El Alto, en el cual la Policía montó un show mediático para atrapar a una banda de cogoteros que habría estado operando en esa ciudad. Recordemos que se dijo que Verónica Peñasco había sido amenazada y que su muerte estaba relacionada con esas amenazas. Supuestamente Félix Yupanqui, alias El Matón Quita-Calzón, tendría rencillas personales con la periodista y por ello planeó su muerte.No es necesario ser detective para darse cuenta de que todo fue un invento. Y es que es más fácil armar una tramoya para apaciguar los ánimos, que realizar una constante y efectiva labor de control en esta tierra de nadie en la que se ha convertido El Alto. Así lo hicieron. La Policía montó un espectáculo, cámaras de televisión de por medio, y hoy el supuesto asesino de los hermanos Peñasco está bien guardado en Chonchocoro, sin que realmente se haya comprobado si los mató o no, más allá de pruebas (una prenda interior femenina) que bien pudieron ser plantadas en el operativo de marras.Algo parecido puede pasar en el caso de Eugenio Aduviri, colega con quien tuve el honor de trabajar, que estoy segura no tenía más que amigos. Eugenio era una persona amable, sencilla y dedicada a su trabajo, sin enredos ni conflictos, cuya fuente (deportes) estaba muy lejos de ser causal de alguna amenaza. A Eugenio lo mataron para robarle el celular y la billetera, como a diario sucede en El Alto con otras personas que, al no ser periodistas, no representan casos de “noticia”. Lo mataron salvajemente porque en esa ciudad la vida de las personas no tiene valor alguno, porque es un lugar donde los alteños no tienen reparos en torturar y quemar adolescentes sospechosos de haber robado una garrafa, y que resultan ser hijos de sus propios vecinos… y porque algo ha degenerado profundamente en la sociedad boliviana, cuyo ejemplo más descarnado es precisamente esta ciudad-patíbulo.Pero la solución no es inventar crímenes de novela, argumentos traídos de los pelos que hacen quedar a las víctimas como protagonistas de culebrones y ajustes de cuentas que no existen. La solución es combatir el crimen y la delincuencia con herramientas efectivas, con estrategias coherentes y con los pantalones bien puestos. No es cosa de lanzar a las calles a los policías rasos con palos en lugar de armas, ni de sacar al Ejército a hacer algo que no sabe, tampoco es organizar cumbres de seguridad ciudadana que sólo sirven para llevar y traer de una ciudad a otra autoridades buenas simplemente para dar discursos. Las leyes se imponen, no se negocian. Y los criminales se atrapan, no se disfrazan. Los altos mandos bien podrían aplicar a novelistas del crimen porque para resolverlos no sirven.Que no inventen, Eugenio, que tenías enemigos que te perseguían, simplemente fuiste una víctima más de la ineficacia de la Policía, de quien los asesinos se ríen sórdidamente todas las noches en las oscuras calles de El Alto.Los Tiempos – Cochabamba