Una reciente encuesta de Ipsos confirma que una amplia mayoría de la población respalda a los indígenas defensores del TIPNIS y se opone a la construcción de la carretera que José Serra, ex candidato presidencial del Brasil, definió como la “autopista de la cocaína”.
Casi 2/3 de los bolivianos, el 65%, respondió al sondeo que la postura de los marchistas es válida o legítima, contra apenas un 28% que se alinea con la intransigente posición gubernamental.
Un dato sintomático es que los principales bastiones de la opinión contraria al polémico proyecto carretero se encuentran en La Paz (73%) y Santa Cruz (69%), indicando que la polarización occidente-oriente impulsada por el régimen de Evo Morales en años anteriores ha terminado su ciclo, siendo el tema del TIPNIS una oportunidad para el impulso de nuevas solidaridades nacionales o interregionales.
¿Resistencia local o referéndum nacional?
Tras la negativa del gobierno a dialogar, los integrantes de la IX Marcha decidieron el “repliegue estratégico” a sus comunidades, desde donde organizarán la resistencia a la amañada consulta que prepara el poder cocalero.
Se plantea entonces una suerte de “desobediencia civil indígena” desde los territorios que resultarían afectados por la rechazada carretera.
Sin embargo, y más allá de la evidente legitimidad de la nueva táctica definida por los indígenas, lo cierto es que la coyuntura es propicia para una lucha democrática a nivel nacional y no sólo local.
Escenario que bien podría construirse mediante un referéndum en toda Bolivia, tomando en cuenta que el Isiboro Sécure es un Parque Nacional cuya suerte es responsabilidad de todos…
notishots@gmail.com






