24 de septiembre, 202 años y la historia ruge

- Opinión

Susana Seleme Antelo

seleme Un nuevo aniversario del grito de independencia de Santa Cruz. 202 años, y como dijera alguna vez Carlos Fuentes, en una época en los que el tiempo urge y la historia ruge pues nos acosan los autoritarios de aquí y desde las alturas andinas.

202 años y los festejamos, a pesar de que vivimos en “tiempos de oscuridad”, diría Hanna Arendt. Esa oscuridad impide a hacer algo desde la política, como crear un nuevo proyecto político regional colectivo. Como lo hubo a fines de la pasada década del ’50, ejemplo paradigmático de cohesión social y política hasta entrado los inicios de este siglo XXI. La sociedad cruceña construyó, entonces, un poder político social, que se convirtió en poder regional mediante la cohesión y unidad de acciones. El objetivo era transformar el territorio y la región sumidos en el abandono del poder central, encarar el desarrollo y el progreso, mezquinos tanto en la Colonia como en la República.

Hoy, no hay proyecto de cohesión político-social frente al centralismo antidemocrático y autoritario, ni tampoco alguno que le haga frente al local municipal. Se constata entonces que “la luz de lo público lo oscurece todo”, diría Heidegger en boca de Arendt, mientras la historia ruge, aunque los autoritarios se hagan los sordos. Por eso excluyen a los indígenas de los pueblos del Oriente, que le dieron al país y al departamento una lección de dignidad frente al gobierno central que los humilla, desprecia y reprime con actos genocidas.

Es el precio que pagan por oponerse a una carretera que destruirá su hábitat y el ubérrimo Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS). En Santa Cruz nadie los condecoró -y hubo muchas condecoraciones, unas bien merecidas y otras no tanto- por temor a ‘molestar’ a Evo Morales y a su gente. ¡Qué sumisión para la vergüenza!

En estos 202 años recurrimos al deber de la memoria para echar en falta a quienes encararon las luchas independentistas, a las elites y aquel capital humano instruido y también popular, que construyó la amable Santa Cruz de antaño y la moderna-posmoderna, al galope de la globalización y sus contradicciones.

Sin pedir permiso, el sueño se hizo a mano y con ahínco.

Recurrimos a la memoria para extrañar a quienes lograron que en el arco de solo 30 años, el departamento modificaran su inserción en la estructura de dominación/dependencia frente al poder centralista de toda época.

El sueño de ser libres del dominio español se hizo con entrega, sacrificio y coraje. El sueño de salir por el Atlántico, sin lograrlo aún, para no ser rehenes de Chile en el Pacífico, como exigían los lúcidos hombres del Memorándum de 1904. El sueño de poder manejar el 11% de nuestras regalías, de beber agua potable, tener luz y telefonía; de dejar atrás las calles de tierra por unas asfaltadas; de alcanzar pujanza agroexportadora mundial gracias a una tierra generosa y al trabajo de hombres y mujeres. El sueño de dar seguridad alimentaria al país, y seguir soñando con las autonomías, como los precursores del XVIII y el XIX, esos sueños se construyeron a mano y sin pedir permiso a nadie. Por eso nos tildaron y tildan de regionalistas, separatistas y por último de terroristas, sin que seamos ninguno de ellos, pero el poder político no tiene límites para agraviar cuando carece de argumentos y razones.

Hoy somos una ventana al mundo con la imponente Exposición Internacional de la Feria de Santa Cruz y sus 50 años de tesón empedernido; somos el departamento que más contribuye al PIB y al sistema de impuestos nacionales; somos el departamento donde se ‘cuece’ la nueva nacionalidad porque acoge a quienes buscan un lugar en el mundo. Y lo somos a pesar del centralismo gubernamental de todos los tiempos y de las asimetrías económicas, socioculturales e indígenas, propias de un capitalismo periférico.

Las heridas políticas y urbanas

Hoy el tiempo urge y la historia ruge, pues nos abruman, a pesar de los logros tan arduamente conquistados, las heridas infringidas al ethos cruceño, a la convivencia democrática y a la autonomía, por la desunión política y los apetitos personales. También hay heridas jacobinas desde el centralismo y ambas pretenden robarnos la identidad y el alma, cruceña construidas durante siglos.

Hay heridas políticas como la guerra sin límites políticos ni éticos a la institucionalidad municipal y a la potestad de fiscalización de concejales electos, que podrían -aún pueden- significar una renovación de elites políticas, a pesar de las chicanas jurídico-políticas que les han impuesto. Hay heridas que humillan por el autoritarismo local al que no le importa la ciudadanía, porque el cemento a raudales –aunque sea siempre indicador de desarrollo- no suple la cultura y la cohesión social.

Hay heridas urbanas por la violencia verbal y de hecho contra la prensa, sus operadores y el pensamiento crítico, más bien se les endilga el mote de ‘enemigos’. Hay heridas porque no faltan quienes hagan del ‘culto a la personalidad’ del mandamás local, su pan de cada día. Fue un constructor de Santa Cruz, que se perdió en los laberintos del poder omnímodo.

Hay otras heridas por infraestructura huérfana para soportar las catástrofes naturales, como la lluvia pasada, con asesinas aguas. Hay heridas por la violencia delictiva, las pérdidas y el dolor de la gente, porque al no existir cohesión ciudadana, quien más, quien menos, es víctima de la anomia social y de la anomia gubernamental municipal y central.

Hay heridas cívicas porque se le da la espalda, al Comité Cívico -al masculino y al femenino- creyendo que ya lo tenemos todo, cuando el porvenir es siempre una hazaña a alcanzar por el bien de la colectividad, en el transcurso del tiempo. Como hizo el Comité desde su fundación, a falta de partidos políticos que hicieran suyas las demandas cruceñas. Si fue excluyente y sectario hace 60 años, no lo fue más que el sistema político nacional de siempre, y hoy más bien, empieza a enmendar las exclusiones.

Pese a la pujanza económica, siempre vapuleada por el gobierno central, aunque se le rindan pleitesía y venias, y también desde lo local, la oscuridad toma carta de ciudadanía con “un discurso que envilece porque no revela lo que es, sino lo esconde debajo del tapete por medio de exhortaciones… que degradan toda verdad en una trivialidad sin sentido”, afirma Arendt, cuando habla de los totalitarismos.

La oscuridad también cunde en Pando, que este 24 de septiembre cumple 74 años de fundación, con sus líderes presos y perseguidos. Por eso el tiempo urge, y la historia ruge en Bolivia.