Advertencia. A Santa Cruz le puede pasar con los ‘narcos’ lo de Monterrey

- Seguridad

Seguridad. La ciudad mexicana pasó de ser un oasis de tranquilidad a la tercera más peligrosa del país azteca. La ONU le ve peligrosas similitudes con Santa Cruz (Bolivia) y pide prevenir.

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Convulsionada. Monterrey era conocida por ser una ciudad de primer mundo anclada en México. Todo cambió en 2010 por efecto del narcotráfico.

El Deber, Santa Cruz

Cuando se decidieron a actuar, ya era tarde. En solo dos años, entre 2010 y 2012, Monterrey pasó de ser la mayor ciudad ‘de primer mundo’ de México a la tercera ciudad más peligrosa, solo detrás de Tijuana y Juárez. Los carteles de El Golfo, Los Zetas y La Familia que compartían el territorio de Nueva León comenzaron a hacer circular la droga que no podían introducir a Estados Unidos entre la pudiente sociedad de Monterrey, que en solo dos años pasó a ser un territorio de tránsito de droga a un campo de batalla. Eso le podría pasar a Santa Cruz.

Así lo advierten César Guedes y Javier Hernández, funcionarios de la Organización de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Onudd), que trabajaron en Monterrey y ahora ven a Santa Cruz de la Sierra como su ‘gemela’ en el sur.

Guedes explica que las características son las mismas: Monterrey era la ciudad pujante, la diferente a todas las mexicanas, la que había conseguido un entramado industrial favorecido por su cercanía a Estados Unidos, la que generaba más empleos y donde había mayor capacidad para un desarrollo profesional. Todo eso era coronado por un clima de tranquilidad, ausente en sus ciudades vecinas, lo que la hacía un terreno muy atractivo para que las empresas estadounidenses se asienten y aprovechen las ventajas del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.

Todo cambió a partir de 2007, cuando EEUU reforzó el control de su frontera y aumentó la interdicción de la droga. Así, se produjo un efecto embalse y la cocaína que debía pasar el Río Bravo se comenzó a quedar. Previendo esto, los empresarios se acercaron a la ONU para generar información y políticas de Estado destinadas a preservar las ventajas de Monterrey y en 2008 comenzaron a trabajar. Según Hernández, generaron encuestas de victimización, mapas de seguridad de la ciudad y una encuesta sobre adicciones entre adolescentes en edad escolar. Esto fue lo que lanzó la primera alerta: en los últimos 10 años se había duplicado el consumo de marihuana y cocaína entre los jóvenes, lo que era un indicador de que ambas drogas estaban circulando en la región.

Cuando intentaban reaccionar, vino la ola de criminalidad insospechada. De un día para otro, las calles de Monterrey se convirtieron en el escenario de guerra entre las mafias del narcotráfico y el Ejército mexicano, que había asumido tareas de seguridad. Los éxitos de estas políticas de mano dura trajeron más problemas. La gente que abandonaba el tráfico de drogas se comenzó a especializar en otros delitos, como la extorsión y los secuestros a empresarios. El punto máximo de esta escalada llegó cuando atacaron el consulado de Estados Unidos en la ciudad, lo que provocó que la embajada de dicho país recomendara a sus ciudadanos no viajar, vivir o invertir en Monterrey, según cuenta Hernández.

Guedes afina los paralelismos: hoy Santa Cruz es la lanzadera de cocaína hacia Brasil y de ahí hacia Europa. En el momento que el gigante vecino endurezca la interdicción la ciudad de los anillos puede verse reflejada en Monterrey y se necesitan crear mecanismos que alerten sobre esto, generar información y políticas públicas de prevención.

Guedes no carga toda la responsabilidad en el Estado, sino que la reparte también a los empresarios privados e incluso considera que el Gobierno Federal de Brasil y de los estados fronterizos deberían ayudar y poner un capital semilla para desarrollar un proyecto preventivo.

A Estados Unidos no recomienda mirar. Desde que el Departamento de Estado estableció que solo el 1% de la droga que se consume en el país del norte viene de Bolivia, según Guedes, “envolvió a Bolivia en un papel de regalo y se lo entregó a Brasil”.

“Bolivia dejó de ser un problema para Estados Unidos, ahora es un problema para Brasil”, explica Guedes y Hernández completa la idea:

“Pero con Brasil se puede decir que se tendrá una cooperación que podríamos llamar sur-sur, no tan paternalista como es la relación entre México y Estados Unidos”.

Hernández acota que, por más que Santa Cruz no fuera una zona de producción de drogas está en peligro porque es ruta de tránsito, que son los lugares que más han sufrido mayores espirales de violencia y pone como ejemplo lo que sucede actualmente en México, Guatemala y Honduras. “Santa Cruz de la Sierra es el final de este país, el último punto antes de la frontera”, recordó.

La cocaína boliviana no interesa al norte

Solo el 1% de la cocaína que se consume en Estados Unidos tiene origen boliviano. Y ese ‘mercado’, que representa el 40% de todo el ‘producto blanco’ que se inhala en el mundo, es controlado por los carteles mexicanos. Es por eso que la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito considera que los grupos delincuenciales mexicanos no han intervenido en Bolivia.

Según explica César Guedes, la cocaína que llega a México y pasa luego a Estados Unidos es colombiana o peruana. Señala que la mitad de producción peruana se va al norte y el resto ingresa a Bolivia para ser rexportada a Brasil y Argentina para luego pasar a Europa.

Según explicó Guedes en el seminario Perspectivas de seguridad ciudadana, Colombia es la base para enviar droga a Estados Unidos y Bolivia es la base para Europa y el cono sur, que de ser un mercado inexistente ha pasado a consumir el 20% de toda la cocaína mundial.

Javier Hernández, de la Onudd de México, explica que no hay datos concretos de presencia mexicana en Bolivia.

Señala que los cárteles están más preocupados por controlar sus kilómetros de frontera con EEUU que por lanzarse a una aventura distante a 6.000 kilómetros de su base y que además tiene como premio un mercado más pequeño.

Guedes considera que si han venido mexicanos a trabajar en las drogas, lo han hecho como una especie de ‘asesores’ que han compartido tecnología y formas de gerentar su negocio.

La inseguridad ya nos está afectando

Gabriel Dabdoub |  Fed. de Empresarios Privados

La seguridad ciudadana debe tener una participación de toda la sociedad, del Gobierno departamental y del nacional. También el sector empresarial quiere aprender de la experiencia que tienen los diferentes países en materia de seguridad, en este caso Perú, Colombia y en especial México, que está atravesando una situación muy crítica. Tenemos que generar una suerte de prevención sobre seguridad y buscar el mecanismo para combatir la inseguridad.

La inseguridad genera incertidumbre, un malestar no solo en la vivienda sino en la fuente de trabajo. Creo que la inseguridad afecta a todos los rubros. Por eso debemos encontrar los mecanismos que nos permitan generar mayor seguridad. Debemos trabajar entre todos para generar la tranquilidad para desarrollar nuestras actividades. Y eso pasa por diferentes aspectos que le competen al sector empresarial. En primer lugar creemos que la inseguridad baja cuando hay mejores y buenos puestos de trabajo, cuando las personas tienen la tranquilidad para vivir, transitar, producir y consumir en Santa Cruz.

La inseguridad no trae paz ni tranquilidad y ya está afectando al sector privado. Recientemente una empresa con mucha tradición en el sector de joyería sufrió un asalto y perdieron los ahorros de su vida y la posibilidad de seguir trabajando. Sin seguridad no se puede vivir ni invertir con tranquilidad.

Un ambiente inseguro genera altos costos, se pierde la libertad y el dinero destinado a invertir, desarrollar y promover, se desvía hacia una infraestructura de seguridad que cada vez es más cara. Como empresarios, queremos acompañar la construcción de una ciudad más segura.

Radiografía

- Tamaño. La zona metropolitana de Monterrey tiene más 4,1 millones de habitantes.

- Prometedora. La revista Forbes consideraba a Monterrey como la cuarta ciudad más inteligente del mundo. El ranquin la veía como una de las ciudades más prometedoras y con capacidad de crecimiento sostenible.

- Crecimiento explosivo. Estas condiciones atrajeron a mucha gente a Monterrey. La metrópoli, que tiene 12 municipios, comenzó a crecer entre 2000 y 2006 a un ritmo de 25 hectáreas por semana. Ha duplicado su población con respecto a 1980. En la actualidad, Santa Cruz de la Sierra es la segunda ciudad en Latinoamérica en índice de crecimiento y ha casi triplicado su población desde 1992.

- Pujante. Su economía es considerada la más alta de América Latina, incluso por encima de Ciudad de México, que tiene cinco veces más habitantes. Es sede de las empresas más importantes de México, así como de las subsidiarias de muchas firmas estadounidenses, europeas y asiáticas.

- Con futuro. El Instituto de Innovación y Transferencia de Tecnología de Nuevo León (estado en el que se encuentra Monterrey), calculó en 2010 que para 2025 Monterrey se posicionará como la ciudad con el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita más alto de América Latina, citando un estudio de la consultora estadounidense McKinsey. Se calculaba que en ese año el ingreso per cápita sería de $us 42.000, casi el doble que en 2007.

- Crímenes. En 2008, todo comenzó a cambiar. Se registraron 6.035 robos de vehículos, casi el triple que a casas. También hubo 30 asaltos a bancos y 90 muertes por actos dolosos (asesinatos). Hoy el índice de asesinatos por cada 100.000 habitantes es de 37,5. En Bolivia es de 8,5.

- Recrudecimiento. Pese a la alerta de hace cuatro años, eso era el paraíso en comparación a lo que sucede hoy en día. En agosto, en solo dos días, se registraron 32 asesinados.

- Trastornos. Un estudio del Tecnológico de Monterrey de 2011 estableció que el 91,8% había cambiado por lo menos un hábito a consecuencia de la inseguridad, que 86% había dejado de llevar consigo objetos de valor al momento de salir a la calle y que  el 84,6% ha dejado de salir por la noche.




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