El cuero y sus derivados

- Opinión

Karen Arauz

KARENExiste una publicidad que tiene por slogan “100% cuero”. Para efecto de hacer hincapié en las bondades de los productos que ofrece, presenta a una modelo de perfectas proporciones que en desnudo total, vale decir en “cueros”, se desplaza por los diferentes ambientes, origen de la idea publicitaria. Una modelo en cueros, se pasea entre sillones de cuero.

Los seres humanos, animales usualmente racionales, tienen su cuerpo también cubierto de cuero que para la mayoría se llama piel. Se califica de “cuerazo” a aquellos de ambos sexos, cuya construcción armónica y lograda proporción, voltea miradas y despierta una serie de reacciones, que no viene al caso enumerar.

En el lenguaje popular y cotidiano, se apela nuevamente a la piel animal resaltando una otra calidad derivada del grosor. A más gruesa, más burda, pero más permeable a una serie de elementos que en el caso de la piel humana ha derivado en el calificativo de “cuerudo”.

Decimos cuerudo por ejemplo, a ese amigo que nos pide plata prestada con urgencia a las puertas de una farmacia, para encontrárnoslo media hora más tarde en un restaurant cinco estrellas, en papel de agasajante. Los que tienen piel y no cuero, se ruborizan en su nombre. Si encima el amigo en supuesto apuro, tiene el tupé de mandar a nuestra mesa un trago de cortesía, ya el rubor de vergüenza ajena, se convierte en bronca controlada entre otras consideraciones acá censuradas.

La diferencia radica en un metafórico grosor de la piel. La constante práctica de medias verdades, francas mentiras, ausencia de moral, falta a la palabra empeñada entre otras habilidades poco edificantes, lo convierte en un cuerudo, que en estricta licencia literaria, rima con cínico.

Cambiando en algo el rumbo, la ciudadanía está observando atónica, una controversia surgida a raíz de la decisión de lanzar a los actuales gobernantes a una re-reelección en clarísima contravención a la Constitución Política del Estado detalle que consideran por supuesto, irrelevante. Hace unas horas, un vice ministro, de risa fácil y aparente solvencia conductual, así como el asambleísta rebelde de arete adolescente, nos aleccionaban sobre el respeto que le debemos a la democracia cuando en los hechos, son las formas de la democracia como concepto -en enfermiza contradicción-las que están siendo convertidas por ellos, en el vehículo perfecto para imponer un régimen autoritario a nombre de una revolución de procedencia y destino oscuro e indefinido. Pasma la solvencia con la que tergiversan, inventan y mienten. Estos ejemplares nos están mandando un trago de cortesía, con nuestra propia plata.

Un artículo transitorio en la CPE, no tiene nada que ver con una soslayable disposición de tráfico vehicular. Dado el tránsito de una Constitución vigente a una nueva reformada, por el hecho de haber sido objeto de gran oposición en su redacción y habiendo sido aprobada más mal que bien, no se puede negar que sea ésta la que está rigiendo actualmente las normas en este país. En el afán de desinformar, o poner la verdad al servicio de la mentira, se quiere hacer creer que los cuatro años previos de gestión del MAS, no cuentan como un período ya que se auto- recortó un año de los cinco estipulados. Cuatro años, cuarenta y ocho meses o para mayor claridad mil cuatrocientos sesenta días con sus noches de administración de un país, no se pueden tomar como sólo un festivo ensayo general. La única gran coincidencia entre los de piel y los otros, es que no debió existir la consulta al Tribunal Constitucional, pues no hay nada que consultar. Está escrito, firmado y sacramentado con meridiana claridad. No importa cuánto firulete diseñen: la reelección, es inconstitucional.

Una vez más nos enfrentamos con la diferencia de criterio entre la particular lectura que de la verdad tiene el grupo de personas en función de gobierno. Lo que ruboriza, es la firmeza con la que sostienen lo indefendible. Aunque tarde, todos sabemos la malhadada manera como se aprobó esta Constitución que a modo de carromato de circo, circuló por territorios menos hostiles a sus intereses, debido a que la ciudadanía de la capital de la República, indudablemente percibió qué se traían entre manos.

Sea como fuere, negociaciones y acuerdos, sellaron los convenios en el entendido de que todos estamos cubiertos por la misma calidad de piel por la que la palabra empeñada, tiene más valor que ningún documento rubricado. Ahora, cuando la vigencia de esos acuerdos se consideran escollos, se retrocede al extremo de desconocer la firma estampada así haya sido un acuerdo de caballeros. Con esa artera estrategia “envolvente” -de la que se sienten muy orgullosos- con la que pretenden acostumbrar a la ciudadanía a mantener la mente en blanco y la libertad de expresión amenazada, suponen sólo estar liquidando al resurgimiento de organizaciones políticas que le puedan hacer frente a Morales Ayma y García Linera. Nada los detiene en su camino. Con este licencioso proceder, estarán sumergiendo al país en un estado de total desintegración, anomia y descrédito -por lo tanto- en la angurria de poder, es claro que lo que se pretende es la ruina definitiva de la institucionalidad democrática.




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