Una vez más, el Ministro de la Presidencia saltó al ruedo mediático para lanzar denuncias antojadizas, esta vez contra la Central Obrera Boliviana (COB), a la que acusó de tener “intenciones golpistas” por llevar adelante protestas contra la nueva Ley de Pensiones impuesta por el gobierno de Evo Morales.
Quintana incluso llegó a comparar la huelga general de los trabajadores con las movilizaciones regionales del 2008 contra el recorte del IDH, a las que también calificó de “golpe cívico-prefectural”.
Cabe recordar que lo mismo se esgrimió el año pasado contra la huelga policial, a la que igualmente se tildó de “golpista”.
Parece ser que, para el régimen evista, protestar equivale a dar un golpe de Estado, curiosa interpretación que proviene, precisamente, de quienes precipitaron la caída de dos presidentes constitucionales para acceder al poder.
¿El ladrón cree que todos son de su condición?
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¿Y no puede describirse el proceso de copamiento institucional llevado adelante por el MAS como un golpe lento, teniendo en cuenta que en varias etapas del mismo se violaron las reglas constitucionales?
Tendrá que aprender el régimen que las movilizaciones sociales son parte del libre juego democrático y que éstas no se desactivan con represión ni amenazas, sino mediante el diálogo y el cumplimiento de lo concertado…