Cómo tener éxito en la crianza sin acceder al “mamá comprame”

¿Es necesario tener el último juguete para ser feliz? ¿Es de mal padre decir "no"? La publicidad y la falta de límites generan un consumismo desmesurado en los chicos. El secreto está en compartir ratos de juegos con nuestros hijos. Claves para estar en sintonía sin tener que dar todos los gustos.

NiñezEn la puerta del jardín de infantes dos abuelas conversan. Una de ellas comenta que estuvo buscando un muñeco que gatea porque su nieta se lo pidió insistentemente. Cuando fue a la juguetería desistió de la compra debido a su costo. Quedó apenada por no haber podido darle el gusto a la nena, aunque después de algunos reproches aceptó las explicaciones. La otra abuela preguntó cómo, a pesar de ser tan chiquita, la niña conocía ese juguete. La respuesta fue que lo vio en televisión durante la publicidad de los programas infantiles que mira por la tarde.

¿A qué llamamos consumismo? ¿Puede aplicarse a la infancia un comportamiento que describe la adquisición de objetos considerados no esenciales? Existen dos situaciones que influyen para transformar a nuestros pequeños en insaciables demandantes de más y más cosas: la publicidad y la falta de límites de los padres.

¿La culpa es de la tele?

Los chicos reciben un bombardeo publicitario, especialmente durante los horarios donde se pasan programas dirigidos al público infantil. Esta situación se presenta como un abuso que toma ventaja de la debilidad propia del niño para diferenciar lo que es genuinamente necesario de lo que no, ya que por su corta edad no tienen un criterio y capacidad crítica para comprender.

Gran parte de su tiempo libre lo pasan frente al televisor. Quedan en una especie de estado "hipnótico", pasivos, con falta de iniciativas para realizar actividades propias y creativas que ayuden a desarrollar su mundo mental. Las principales ocupaciones de la infancia quedan lejos de esta realidad: jugar y aprender, experimentar con sus acciones, hacer con sus manos, ejercitar las actividades psicomotrices, construir ideas. Y para que esto suceda no hace falta el muñeco que gatea, el último autito transformable o los poderosos superhéroes. Sólo basta con la imaginación.

No se habla de un alegato contra los juguetes, sino de una reflexión acerca del uso que se hace de la publicidad para que los niños se transformen en consumidores compulsivos de objetos. ¿Es realmente la culpa de la televisión?

Aprender a poner límites

El otro factor es la imposibilidad de decir "no". Muchas veces es más fácil consentir lo que se pide a sostener una actitud de firmeza y razonabilidad. Hay personas que creen que al niño hay que darle todo lo que pide y se oponen a frustrarlo porque consideran que es un sufrimiento innecesario, y si lo harían serían "malos" padres.

Algunos adultos creen que tienen que dar lo que ellos no tuvieron y desearon tener en su infancia. Otros calman sentimientos de culpa por no estar suficiente tiempo en casa para relacionarse con los chicos y atender a sus verdaderas necesidades de afecto, compañía y límites. Los niños los necesitan para aprender a diferenciar el placer y la realidad.

La carencia de límites hace que los niños deban ponerse solos sus propias normas y castigos. Y es así como se deforma su personalidad. El consumismo en la infancia hace que el equipamiento mental de los chicos tenga un desarrollo pobre y genera dificultades para tolerar una frustración, para regular la autoestima basada en las cosas materiales que se tienen, y no en lo que se es realmente. 

Preparados, listos… ¡A jugar!

* Es muy importante que los padres compartan momentos de juego con sus hijos, no necesariamente con juguetes "sofisticados". Una carrera de autitos, patear la pelota, hacer collares con fideos o mostacillas, jugar a la vendedora o a la maestra. En estos juegos compartidos, el placer es mutuo. Y generalmente con un ratito de tiempo es suficiente.

* Los niños necesitan jugar más, y no sólo tener más juguetes.

* El juego creativo no necesita de juguetes específicos, se desenvuelve en el espacio del "como si", donde un palo de escoba puede ser un caballito y una sábana en desuso se convierte en la capa de Batman.

* Los juguetes más sencillos son los que promueven el uso de la fantasía y el ejercicio de la simbolización, dos factores básicos y decisivos en el desarrollo de la inteligencia.

* Dependiendo de la edad e intereses de los niños, se pueden encontrar pequeños momentos para jugar. Así, el adulto también recupera algo de su espacio de juego infantil que, como es tan distinto al trabajo, es un descanso mental.

Fuente: www.entremujeres.com

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