Gobierno de blancos con estandarte indígena

salm

Fernando Prado Salmón

El canciller ha expresado su profundo deseo de que en el gabinete haya solo un ministro blanco y el vicepresidente amenaza siempre con las atrocidades que los blancos harán a los indígenas, se supone que si no está él para defenderlos. Y no obstante estas aspiraciones, este es el Gobierno más blanco que he conocido: blancos son el ‘vice’, el ministro secretario, el ministro de Gobierno y el de Defensa. Blancos también son los ministros de Economía, de Autonomías, de Educación, de Salud, de Culturas, de Obras Públicas y de Minería, sin olvidar el blanco cándido del procurador, del contralor y del fiscal general; y, por último, blancos son la presidenta de Diputados y el presidente de Senadores. Los indígenas han sido relegados a los cargos de mucha menor importancia, como se dice popularmente, “les han dejado los huesos”.

Me dirán que el presidente, la pieza mayor, es indígena; sin embargo, yo lo clasificaría más como dirigente sindical ‘intercultural campesino’ que como indígena. De todas formas, a estas alturas está claro que Evo Morales es más que nada el indispensable ‘estandarte’ que el grupito de blancos debe flamear frente a los indígenas como para decirles: “¿No ve? Son ustedes los que están en el poder”. Eso explica también por qué, sin Morales, ellos no son nada. En el fondo, se trata del tenebroso proyecto político de un grupo heterogéneo de leninistas, guevaristas, estalinistas y nacionalsocialistas cuya principal habilidad ha sido capturar el voto hasta entonces disperso de la cuantiosa población indígena del país, y contar con ella como su capital político para lograr la conquista del poder total, en el sentido más ‘totalitario’ del término.

La filosofía maquiavélica del poder es la que los une: una vez obtenido, este no debe ser jamás abandonado, convirtiéndose en el valor absoluto que todo justifica. Si tienen que quedarse en el poder para siempre, es lógico que todos los otros valores ‘burgueses’ que puedan poner en riesgo el objetivo mayor deben ser desechados. El resultado es que tenemos al frente un grupo de personas sin ética, sin principios y sin valores, dispuesto a todo para preservar lo único a lo que aspiran: mantenerse en el poder a toda costa. Este grupo, autocalificado del cambio, bautiza a todos los que lo cuestionan como derechistas, sin querer aceptar que hoy gran parte de la izquierda boliviana, la más valiosa, la de mayores méritos y más ética, es opositora. Si usted repasa nombres, verá que el Gobierno tiene entre sus cuadros a muy poca gente conocida de izquierda. La mayor parte está en la oposición, y eso los enfurece.

El Deber – Santa Cruz

 

Categorías Opinión