Trump propone una mezcla de aislacionismo y ‘mano dura’ en política exterior

El aspirante republicano se dirige al ‘establishment’ de Washington para reforzar sus credenciales como presidenciable

 El candidato republicano Donald Trump.

Trump, que retrató EE UU como un país en declive al que nadie respeta, rechazó la idea que de su país tenga que cambiar regímenes extranjeros o embarcarse en operaciones humanitarias. Y dijo que los aliados de la OTAN que se resistan a aumentar sus contribuciones a la organización deberán financiarse su defensa ellos solos.

Al mismo tiempo que defendió un repliegue ante las intervenciones militares, lamentó que EE UU ya no imponga bloqueos o bombardee a otros países, y amenazó al Estado Islámico: “Sus días están contados. No les diré cuándo ni cómo. Tenemos que ser impredecibles”.

Dentro de lo atípicos que son todos los discursos de Trump, esto lo fue especialmente. Supuestamente leyó el texto de un teleprompter, aunque en algunos momentos pareció tan errático y contradictorio como en los mítines. Tampoco iba dirigido a su público habitual de potenciales votantes, blancos de clase trabajadora.


El destinatario del discurso era, según los organizadores, “la comunidad de expertos en política internacional”. Es otra manera de decir el establishment, tan denostado por el candidato: miembros de laboratorios de ideas, periodistas y políticos que se ocupan de la política exterior de EE UU y que en los últimos meses han escuchado con preocupación sus planes para “volver a hacer de América un gran país”.

En el establishment se incluyen los dirigentes del Partido Republicano. El discurso abre una danza delicada. De un lado, un hombre que ha llegado a las puertas de la nominación repudiando buena parte de las ideas del partido e insultando a algunos de sus miembros más destacados. Del otro, la cúpula del partido, que no hay que confundir con sus votantes, horrorizada con la perspectiva de que su candidato, es decir, su nuevo líder, sea un demagogo sin experiencia y con una retórica xenófoba y misógina que espanta a los votantes necesarios para conquistar la Casa Blanca.

El discurso llega después de una noche triunfante de Trump. En las elecciones primarias del martes, Trump ganó en los cinco estados del nordeste —entre ellos Pensilvania— que celebraban elecciones primarias. La quíntuple victoria convierte en casi inevitable la nominación de Trump, una hipótesis que hace unos meses parecía descabellada.

Trump conecta, como ha demostrado en las primarias de los últimos tres meses, con las bases del Partido Republicano. Así ocurre, también, en la política exterior. Hay fatiga bélica en EE UU, tras la década de guerras fallidas en Iraq y Afganistán. El libre comercio provoca recelos: se le atribuye el desempleo, las deslocalización, la desindustrialización y el estancamiento de los salarios. En ambas cuestiones, Trump recoge el malestar de la base y adopta posiciones opuestas al dogma republicano de los últimos años, pero continúa una tradición arraigada de aislacionismo y proteccionismo, de xenofobia y nacionalismo.

Un presidente Trump sería una ruptura no sólo con el Partido Republicano, tradicionalmente el partido de los halcones, sino con la política exterior de EE UU de las últimas décadas.

Fuente: elpais.com

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