Pedro Pablo Kuczynski ganó gracias al antifujimorismo. Foto radioantara.cl

Pedro Pablo Kuczynski (PPK) entró al ballotage habiendo obtenido 3,2 millones de votos, casi la mitad de los 6,1 millones de Keiko Fujimori, que era la gran favorita. El pasado jueves quedó consagrado presidente luego de que finalizará el largo escrutinio de la segunda vuelta: lo votaron 8.5 millones de personas, 41 mil más que a su rival.

Gobernar no será fácil para este economista liberal de 77 años. No sólo porque tendrá enfrente a un partido que perdió por una cifra insignificante, que controla el Congreso y que monopoliza a la única identidad política que perdura en Perú a lo largo de los años, el fujimorismo. Lo más preocupante para él es que 5.3 millones de votantes —más del 60%— lo eligieron sólo para evitar el regreso del clan Fujimori al poder.

El caso más claro es el de los seguidores de Verónika Mendoza, una dirigente de izquierda que tiene profundas diferencias con Kuczynski. “Hoy, el voto en blanco o viciado favorece a Keiko en el conteo final de votos, así que para cerrarle el paso al fujimorismo solo queda marcar PPK“, dijo en un video que difundió días antes de la segunda vuelta. Allí también advirtió: “Seremos una oposición fiscalizadora y seguiremos fortaleciendo el Frente Amplio para los verdaderos cambios que nuestro país necesita”.

Kuczynski no tendrá el margen de error que tienen otros gobiernos cuando asumen con un respaldo claro y masivo. Y a menos que consiga logros muy palpables en poco tiempo, el fantasma de la debilidad y de la ingobernabilidad lo acompañarán a lo largo de todo su mandato.

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Es una incógnita cómo procesará su derrota Keiko Fujimori (AP)

El triunfo de PPK

“Hubo semanas de incertidumbre, porque Mendoza representa un cambio político y de modelo económico, así que votar por PPK podía ser entendido como traicionar lo que venía promoviendo. Por eso su grupo estuvo en un limbo, entre el voto en blanco o el voto crítico. Pero lo que estaba en riesgo era más grande, y Mendoza ganó capital político con su decisión”, dijo José Luis Incio, profesor de ciencia política de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), en diálogo con Infobae.

Algo que benefició a Kuczynski es que pasaron casi dos meses entre una vuelta y otra. Ese lapso tan importante le permitió corregir errores, replantear su estrategia y hacer un trabajo fino para presentarse como el garante de la continuidad del orden democrático, frente a la amenaza que suponía Keiko.

“El antifujimorismo fue decisivo para su victoria. Es completamente razonable, porque el régimen de Alberto Fujimori (1990-2000) fue funesto para el país en materia de ética pública, legalidad, respeto a la democracia y a los derechos humanos. Y en esta un última etapa de la campaña se puso claramente de manifiesto el vínculo con las malas prácticas propias de los 90“, explicó Gonzalo Eduardo Gamio, profesor de filosofìa política de la PUCP, consultado por Infobae.

El ejemplo más claro fue la contundente denuncia por lavado de dinero realizada por la DEA contra Joaquín Ramírez, diputado y principal financista de Fuerza Popular, el partido de Keiko. El caso escaló cuando se comprobó que el candidato a vicepresidente, José Chlimper, difundió en los medios audios trucados para limpiar la imagen del acusado.

“El 30% que se sumó al voto por PPK no lo hizo creyendo que era un líder convencido de su crítica hacia Keiko, algo de lo cual PPK sacó ventaja en la semana previa a la segunda vuelta, sino porque no deseaban ser gobernados por la hija de quien consideran que fue un presidente nefasto en términos de corrupción y delitos de lesa humanidad. No era una contienda entre modelos económicos, sino el llamado a no mancillar, una vez más, la política peruana” dijo a Infobae el sociólogo Manuel Jerjes Loayza, docente de la PUCP.

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El apoyo de Veronika Mendoza fue clave para el triunfo de PPK (EFE)

Un presidente obligado a negociar

Lo estrecho del resultado no le quitó legalidad a su triunfo, pero sí minó su legitimidad. También lo complica que los sectores que permitieron su victoria serán opositores desde el primer día. Así, construir gobernabilidad será un enorme desafío.

“Inevitablemente —dijo Gamio—, el nuevo gobierno tendrá que tender puentes con diferentes fuerzas políticas para concretar sus propuestas. Eso no necesariamente debe ser entendido como un rasgo de debilidad, sino que puede ser una ocasión para hacer una pedagogía de lo que significa hacer política en términos democráticos. Puede ayudar a generar buenas prácticas en Perú”.

Uno de los grandes interrogantes es cómo reaccionará en los próximos meses Fuerza Popular, que seguirá siendo el único partido de pleno alcance nacional y que además tendrá el control del Congreso. Si se lo propusiera, podría hacerle la vida imposible a Kuczynski.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que el proyecto del presidente electo no tiene nada de disruptivo, sino que propone continuidad con gran parte de lo que se viene haciendo en Perú. “PPK y Keiko comparten mucho desde el punto de vista económico y se pueden entender muy bien. No creo que haya problemas de gobernabilidad. En Perú hay grupos de tecnócratas que se adecuarían muy bien a cualquiera de las dos administraciones. Sí podría haber existido conflicto si ganaba Mendoza, porque tienen propuestas muy distintas”, dijo Incio.

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Kuczynski criticó mucho a Keiko, pero necesitará de su partido para gobernar (Reuters)

El nuevo gobierno también podría verse favorecido por las divisiones que va a generar la derrota en Fuerza Popular. Si Kenyi Fujimori, hermano de Keiko, cuestionaba por lo bajo su liderazgo antes de las elecciones, todo indica que los resultados finales le darán más aliento.

“Al comienzo habrá cierta irritación por parte del fujimorismo, porque perdió por un margen muy estrecho y por segunda vez. Pero se le abre un frente interno grande, porque hay dos hermanos que pugnan por heredar el poder del padre dentro del partido. De hecho, Kenyi ni siquiera fue a votar. Es probable que algunos sectores empiecen a cuestionar el liderazgo de Keiko tras la derrota. Eso los tendrá ocupados por un tiempo”, afirmó Gamio.

Pero hay algo que el nuevo presidente no podrá soslayar: el 30% de sus votos provinieron de sectores de izquierda, que están convencidos de que es necesario cambiar el rumbo de la economía. Si no logra atender aunque sea algunas de sus demandas, se lo harán sentir en la calle.

“Los problemas pueden venir por fuera de los canales institucionales, a través de la protesta y de la conflictividad social —señaló Incio—. PPK tendrá que hilar muy fino, entendiendo que ganó pero no porque todos están con este modelo económico. Hay un sector muy importante de la sociedad que no ha recibido los mismos beneficios que otros. Cómo incluirlo dentro del esquema de desarrollo va a ser crucial”.

En la misma dirección apuntó Loayza. “Si PPK opta por dedicarse a deleitar el modelo establecido por sus antecesores tendrá que lidiar con una población enfurecida, con movimientos sociales distribuidos en todo el país, que podrían hacerlo convulsionar a lo largo de su territorio”, concluyó.