Nadie dijo nunca que llegar hasta Marte fuese fácil (bueno, puede que Elon Musk). Pero cuanto más avanzamos en nuestra particular carrera espacial hacia el planeta rojo, con más problemas y consecuencias nos encontramos. Un reciente estudio muestra que los rayos cósmicos, que ya eran el principal problema para un viaje hasta nuestro vecino, provocan lesiones irreversibles en nuestro sistema nervioso que puede generar un cuadro clínico que han bautizado como “demencia espacial”, además de otros problemas ya conocidos. Esto supone una barrera más que superar antes de coger las maletas y prepararnos para la conquista marciana.

La barrera aún no superada

El espacio exterior está surcado por rayos cósmicos (o radiación cósmica) constituidos por partículas que viajan casi a la velocidad de la luz y lo inundan todo. Aunque no tenemos claro cuál es su verdadero origen lo que sí que sabemos es que su alta energía es muy peligrosa para la vida. Nuestro planeta, gracias a su magnetosfera, es capaz de desviar dichos rayos, de manera que permite que exista la vida en la Tierra. Los astronautas en la Estación Espacial Internacional también están protegidos de dicha radiación.

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NASA/JPL-Caltech/T. Pyle

Sin embargo, salir al espacio exterior en cualquier nave actual supone exponerse a los rayos cósmicos sin remisión. De hecho, los astronautas de las misiones Apollo, los únicos seres humanos que han salido de la magnetosfera, sufrieron de las consecuencias de estos rayos cósmicos, los cuales lesionaron sus células cardíacas causando una mortalidad por ataque al corazón cinco veces mayor de lo esperado entre los astronautas.

El astronauta Aldrin durante la misión Apolo 11. Reuters | NASA

El astronauta Aldrin durante la misión Apolo 11. Reuters | NASA

Los cálculos indican que la exposición a la radiación cósmica a la que serían sometidos los astronautas sería sencillamente demasiada, provocando cánceres y todo tipo de problemas que podría resultar, con mucha probabilidad, letales. Es muy poco lo que sabemos de los efectos reales a largo plazo de este tipo de radiación en el cuerpo humano. Pero estamos bastante seguros de que no serán nada buenos.

Demencia espacial

Pero es importante conocer con exactitud cuales pueden ser dichos efectos. Entre ellos, tal y como muestra un reciente estudio, se encuentra la llamada “demencia espacial”. Imaginemos que conseguimos evitar el resto de los efectos. Mandamos a los astronautas y, poco después, hacemos el chequeo de rutina. De pronto notamos detalles extraños: los miembros de la tripulación no recuerdan detalles esenciales del viaje; además, tienen episodios alucinatorios; se comportan de forma errática. Y la cosa va a peor. El cerebro y el resto del sistema nervioso central se han deteriorado de forma irreversible, creando daños que se traducen en la llamada demencia espacial.

Entre las consecuencias también se encuentra, explican los autores, una reducción drástica en los mecanismos encargados de suprimir la ansiedad. Esto puede jugar un papel clave en un viaje de varios años de duración a un planeta externo. Estos síntomas podrían aparecer a lo largo del tiempo, por lo que los efectos quedan enmascarados hasta que ya es demasiado tarde. Este detalle es especialmente relevante en una misión a largo plazo como la de Marte, ya que la tripulación no tiene forma de hacerse un reconocimiento neurológico adecuado en una nave (al menos por el momento).

Camino del planeta rojo

El estudio ha sido realizado con ratas, a las cuales se les sometió a los niveles de radiación equivalentes a los que sufrirían los astronautas en su día a día. Estos animales son un excelente modelo neurológico que sirve como ejemplo de nuestro propio sistema nervioso. El siguiente paso es dilucidar qué soluciones son viables para solucionar este problema. Diversos métodos se están dilucidando. Existen dos maneras básicas de hacerlo. La primera consiste en colocar mucha más masa en la nave de manera que sean los materiales los que escuden a los astronautas. Pero esto no es viable ya que (muchísimo) más peso supone más combustible y menos maniobrabilidad, entre otros muchos problemas.

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La segunda consiste en usar materiales más eficientes a la hora de proteger a los astronautas. Esta parece la única manera viable de construir una nave capaz de proteger de los rayos. Pero descubrir el material adecuado supone recursos y tiempo. Y en ese punto estamos ahora mismo. Ni que decir tiene que tarde o temprano hallaremos la manera adecuada de construir nuestras naves. Pero también habrá que implementar dicha tecnología en las construcciones marcianas o traje espacial que porten los astronautas. Así que todavía queda un poco para terminar de cimentar un camino seguro hacia el planeta rojo. Eso sí, al menos estamos seguros de que tarde o temprano, lo conseguiremos.

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