El científico Santiago Ramón y Cajal cambió para siempre el estudio del cerebro. Sus investigaciones fueron de hecho premiadas con el Nobel de Medicina o Fisiología de 1906. Y es que el aragonés logró demostrar que el tejido nervioso no está constituido por una “red enmarañada”, sino que las células que lo conforman, conocidas como neuronas, son en realidad unidades autónomas e independientes.

Sin embargo, las “recetas” de laboratorio que Ramón y Cajal utilizaba no podían ser leídas por una gran parte de la comunidad investigadora internacional, al no haber sido publicadas en inglés. Todo ello a pesar de que el Nobel español sigue siendo un auténtico referente en el mundo de la ciencia. Miguel A. Merchán, Fernando de Castro y Javier DeFelipe han solucionado este problema histórico traduciendo por primera vez el libro Elementos de Técnica Micrográfica del Sistema Nervioso, publicado inicialmente por Santiago Ramón Cajal en 1933.

La obra Cajal and de Castro’s Neurohistological Methods, editada por Oxford University Press, recoge los principales protocolos que Santiago Ramón y Cajal desarrolló junto con su discípulo Fernando de Castro. La traducción publicada ahora repasa las “recetas” que cambiaron para siempre el estudio del sistema nervioso. Gracias al trabajo de Merchán, de Castro y DeFelipe, los procedimientos histológicos que permitieron identificar las neuronas están ahora disponibles a nivel mundial.

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Ramón y Cajal, junto con Fernando de Castro y otros científicos, en una comida celebrada en 1926. Imagen cedida por Fernando de Castro.

El anhelo del maestro en la vejez

“Cajal se ve viejo, cercano a la muerte y en sus últimos años se lamenta de que el grueso de sus contribuciones a la ciencia mundial es en español, de forma que su eco en un mundo dominado por el alemán y el inglés, crecientemente, será cada vez menor”, explica a Hipertextual el científico Fernando de Castro, nieto del discípulo del Nobel español. A mediados de los años veinte, Ramón y Cajal contrata un traductor para que los artículos de su laboratorio se difundan en francés. “No hay forma de hacerlo con el inglés o alemán, que son las lenguas francas de las ciencias naturales y biomédicas hasta la II Guerra Mundial“, comenta el investigador del Instituto Cajal.

Su abuelo fue el discípulo elegido por el Nobel español, quien le consideraba uno de sus alumnos más cercanos y queridos, para compilar en un único volumen las “recetas” histológicas. Fernando de Castro, que por aquel entonces había sacado las oposiciones a cátedra en la Universidad de Sevilla, se ve inmerso en un “curioso puente aéreo entre Madrid y la capital del Guadalquivir”. Cajal tuvo incluso que tramitar un permiso especial en las Cortes para que de Castro colaborase a su lado en aquella obra, que finalmente vio la luz en 1933, un año antes de la muerte del fundador de la neurociencia moderna.

“Castro va recogiendo todas las recetas de aquí y de allí, todos los protocolos técnicos (métodos de fijación, tinciones diversas) y bajo su supervisión se van mecanografiando. Cajal los va corrigiendo de su puño y letra. Y consiguen, en un tiempo relativamente exprés, publicarlo de la mano del editor tradicional de Cajal, Nicolás Moya, en un volumen que, hasta donde conocemos, es el primero dedicado expresamente a recetas de neurohistología”, comenta el autor del volumen traducido. El problema es que aquel libro de 1933 se escribió en castellano, donde se recogían “los secretos que han alumbrado todos los hallazgos de Cajal y de la Escuela Española de Neurohistología”.

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Imagen en la que aparecen Ramón y Cajal, Enriqueta Levy y Fernando de Castro, entre otros. Imagen cedida por Fernando de Castro.

El propósito de Cajal y de Castro era traducir la obra a otros idiomas. Pero no hubo tiempo. El primer Nobel español de ciencia muere un año después y el golpe de Estado de 1936 precipita la Guerra Civil. No es hasta 1947 cuando Fernando de Castro, ya en Nueva York, emprende de nuevo la tarea que le dejó el maestro. Incluso Enriqueta Levy, antigua bibliotecaria de Cajal que se encontraba en el exilio, contacta con China para que traduzcan el libro al mandarín. Los intentos son en vano, hasta que el descendiente de Fernando de Castro retoma la iniciativa apoyado por los hermanos Jaime y Miguel Merchán, Ted Jones, Gordon Shepherd, Constantino Sotelo y el propio DeFelipe.

El volumen traducido muestra que, un siglo después de Cajal, sus técnicas siguen siendo utilizadas hoy en día. “Otras se han dejado de usar pero podrían, perfectamente, seguir siendo utilizadas con éxito”, explica De Castro a Hipertextual. El libro sirve de homenaje al investigador que cambió el estudio del sistema nervioso. Pero también muestra, a juicio de unos de sus autores, que “algunas de esas técnicas olvidadas siguen ofreciéndonos imágenes maravillosas y perfectamente demostrativas, utilizables para ilustrar trabajos científicos de reciente factura”.

Con la publicación de este libro, que se presenta mañana oficialmente en el Simposio de Historia de la Neurociencia Española organizado por el Instituto Cajal, los métodos de Santiago Ramón y Cajal y Fernando de Castro salen por fin a la luz después de décadas de olvido. Un olvido en el que también está inmerso el Legado Cajal, el archivo del primer premio Nobel español de ciencia que ha sido abandonado por el Gobierno a la espera de una solución, y donde se conservan además el diploma del galardón, más de 3.000 preparaciones histológicas y los 2.000 dibujos de un investigador que también fue pionero de la fotografía.