El gobierno, ¿aún gobierna?


Víctor Hugo Cárdenas

Las recientes palabras del presidente, en el gabinete ampliado, revelaron problemas de gestión. Fue conformado el gabinete productivo, junto a los gabinetes político, jurídico y social. ¿Cuáles son las razones del olvido por once años del tema productivo? ¿La debacle de los precios internacionales de nuestras materias primas? ¿El aumento del desempleo, sobre todo juvenil, en las ciudades?

El segundo aspecto fue la falta de lealtad política e ideológica. El presidente se quejó de gente que “perjudica la gestión”, de “infiltrados”, de gente “que carece de compromiso político” y de gente nombrada por ser “amiguitos o amiguitas”. Por lo visto, las promesas de coherencia ideológica y ética del equipo de Gobierno se esfumaron en 11 años de la institucionalización de la desconfianza.

El presidente exclamó airado: “No queremos funcionarios públicos que estén chupándome las tetillas, se acabó eso…”. Con la mirada en los ministros, añadió: “¡Algunos compañeros se pasan!”. Sin embargo, la solución fue una simple “profunda reflexión” (ministro Martínez) para penalizar a los malos funcionarios. Se exigió un “servicio con compromiso y sacrificio” (¿?).

Luego, la corrupción minimizada como microcorrupción, sobre todo en las áreas de educación y salud, donde las nuevas contrataciones y las renovaciones de contratos, según la denuncia del presidente, se realizaban a cambio de favores económicos. ¡Terrible denuncia! Más terrible fue la solución policial, juridicista y voluntarista. El Conalcam -¿con qué cara?- elaborará un Código de conducta a ser adaptado por cada ministerio. El presidente sentenció: “Ministros y viceministros, no tenemos capacidad de controlar eso”.

Además, el presidente designará a un vigilante en cada ministerio para que, según el vicepresidente, “informe al presidente de los movimientos de las autoridades”, es decir, una especie de “cámara vigilante que avisa todo lo irregular”. Por lo visto, la presunción de culpabilidad vale para opositores y funcionarios de Gobierno.

En cuarto lugar, salieron denuncias de crónicos déficits de las empresas públicas debido a una deficiente gestión. Se soslayó el debate y el presidente cerró tales denuncias con la orden de ¡no permitir el déficit! (¿?). La falta de coordinación interministerial mereció la protesta del presidente: “Escasa comunicación entre ministros”. “Las tareas encomendadas a ministros pasan semanas y no hay resultados”.

“El ministro ordena al viceministro, el viceministro a los directores y….nada”. Nuestra Constitución define el trabajo conjunto del presidente con el ministro del área y los ministros se hacen corresponsables de las decisiones tomadas por el gabinete. ¿Once años sin coordinación interministerial? El presidente, en lugar de dar confianza y respaldo a los ministros, los desvalorizó al decir: “La palabra de un ministro no es la última palabra”. Añadió: “No porque sea ministro va a someter al viceministro”. ¿Qué sucedió para semejante queja?

El gabinete ampliado tipificó al 2017 como una “gestión electoral” para habilitar otra repostulación. “¡Cómo podemos perder elecciones”, reclamó el presidente a sus ministros. Por tanto, no esperemos soluciones en un año electoral. El desconocimiento de la teoría y práctica de la gestión pública paralizará cualquier búsqueda de soluciones adecuadas. La desinstitucionalización avanzó tanto que la mediocridad se ha “naturalizado” en el “ahora es cuando”, prebendal, clientelar y colonial.

El Gobierno, ¿gobierna?

El Deber – Santa Cruz

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