Mentiras con guión


José Luis Bolívar Aparicio*

No hay quien pueda discutir el enorme poder de los medios de comunicación a la hora de hacer tomar parte en algo o cambiar mediana o totalmente tu opinión sobre algo. Y no solo hablando de noticias, hoy en día los reality shows, en una cantidad realmente alarmante, no solo hacen que la gente se introduzca en formas de vida o pensamientos que ni los había imaginado, sino que además hace que mucha gente desee ser parte de situaciones que no tienen nada que ver con su cultura, sus costumbres o su estatus de vida.

Lo que sí, en lo personal, me asquea en la actualidad es cómo gracias a las nuevas novelas; que cambiaron totalmente el argumento de la niña pobre que llega a la ciudad con una mano adelante y la otra atrás, e inocentemente cae en las manos del niño bonito millonario y que al final por x o z siempre terminaban felizmente casados, con la malvada calcinada o loca y con muchas wawitas felices; el éxito ahora consiste en glorificar a los narcotraficantes y delincuentes que en base a guionistas muy hábiles, capaces de maniobrar la historia a su manera para que el malo termine siendo bueno y la Ley un estorbo para el auténtico heroísmo. Se cambiaron los besos por tiros y, las palabrotas y la poca ropa están a disposición de los menores de edad desde las 9 de la mañana.

Algo de esto ya sucedió en Los Ángeles en los tempranos años 90’s, cuando los narcos todavía eran malos y temidos, y la sociedad estaba a la búsqueda eterna de héroes de carne y hueso, mientras más parecidos a uno mismo mejor.

Un programa de televisión de mucha fama lanzaba al estrellato a tres amas de casa (denominadas “Soccer moms” en los Estados Unidos pues son las mamás que llevan y acompañan a los hijos a jugar fútbol en los parques), que cansadas de sus vidas monótonas dentro de sus casas cuidando a los hijos y atendiendo al marido, habían escuchado el llamado del investigador privado Chris Butler, un personaje tremendamente mediático especialista sobre todo en sonados casos de infidelidad de famosos y ramas afines.

Ver señoras guapas dedicadas a las labores de su casa, haciendo tareas junto a sus pequeños hijos, cargando las bolsas del mercado y de paso combatiendo al crimen y descubriendo a malvados infieles, tocó la médula de la sociedad californiana e hizo de estas mujeres un boom de los medios de comunicación.

Y es que uno que ande en situaciones bochornosas o delincuenciales, podría cuidarse de cualquiera, menos de una doña en ruleros, para aquellos en cuestión, ya no había lugar seguro en la ciudad, todo era un caos para los malvados.

Pero como no todo lo que brilla es oro, detrás de esta historia digna de una serie dominical onda Ángeles de Charlie, habían muchas mentiras y máscaras que no tenían nada que ver con heroínas en camisones y chancletas ni mucho menos.

Resulta que el investigador en sus andanzas contra el delito se conoció con Robert Mazur, un agente de la DEA, con muchos años en el combate contra los estupefacientes y con habilidades que excedían sus responsabilidades.

El miembro de la DEA se había cansado de ser un oficial correcto y vivir solo de su sueldo, mientras que los que combatía estaban forrados en plata. Durante su trabajo se dio cuenta que la Ley era muy dura con los delincuentes pero muy laxa a la hora de controlar la droga que se incautaba y se debía destruir. De a poco fue apropiándose de grandes cantidades de marihuana, cocaína y sobre todo metanfetamina y como su intención no era hacer un museo, buscó la forma de acomodar toda esa mercancía en la calle y su amigo el detective le dijo que tenía la máscara perfecta para llevar a cabo su plan.

Paralelamente un ex oficial de policía, que había sido un alguacil en Arizona, aburrido de su módico sueldo, pero ensalzado por el comentario de miles de admiradores que veían en él un Adonis de la Ley, decidió colgar el uniforme e ir a probar suerte en Hollywood para ser la estrella de alguna cinta sobre policías y ladrones. Como para ser Mel Gibson se necesita algo más que una cara bonita, no le fue muy bien en lo de actuar así que tuvo que buscar cómo sobrevivir y cayó como anillo al dedo en la idea de Butler, puesto que nada mejor que un entrenador tipo “Guardianes de la Bahía” para poner en forma e instruir en temas policiacos a las hermosas y curvilíneas amas de casa que se convertirían en las Jessica Fletcher modernas.

Las damas participaban de casos horriblemente montados dignos de los peores guionistas de novela venezolana y distraían a los medios y a la población mientras que con licencias para parquear en cualquier parte y de portar armas legalmente, distraían atenciones para que mientras tanto los agentes masculinos de Butler vayan acomodando la droga decomisada por las calles de la hipnotizada ciudad.

Con lo que no contaban estos malandrines era con que podían despertar la curiosidad de investigadores de verdad con título de periodistas. Uno de ellos Peter Crook, se puso en contacto con el ex policía que tenía mucho de inocente pero nada de corrupto y de a poco descubrieron la tramoya interna en la agencia de las madres investigadoras. Fiel a sus principios hizo la denuncia y la DEA armó un operativo con cámaras encubiertas para caer sobre los dos cabecillas que muy rara vez cometían un error.

La agencia quedó disuelta, los socios en la cárcel, las mamás en casa seguramente con una seria reta del esposo, y el único héroe de la historia desempleado, porque aunque hagan lo correcto, a nadie le caen bien los soplones.

El asunto es que muchas veces no hay nada mejor que usar una mujer para una mentira, por alguna razón o por muchas, las damas siempre son más confiables y mucho más si su tarea cotidiana es el trabajo tesonero, dedicado y además se desenvuelven como madres abnegadas.

Pero cuando es la dama la que hace de la mentira, una conducta mitomaníaca compulsiva, termina siendo difícil créele hasta lo que respira, y los bolivianos tenemos a una digna representante de los embusteros. Una elegante y muy delineada impostora que desde su primera aparición en los medios sembró más dudas que nubes el gobierno y más de uno ha temblado cada vez que abría su muy bien pintada boca.

En el afán gubernamental de convertir el próximo 21 de febrero en el “Día de la Mentira”, y al no conseguir hasta ahora los resultados esperados, se la va a jugar por el último As de su desgastada manga. El próximo domingo doña Gabriela Zapata, en cadena nacional y en horario estelar, nos contará a todos los bolivianos por fin la verdad. El asunto es preguntar ¿quién se lo habrá escrito el guión?

A mí me da la impresión que su Majestad, el Rey JR I dejó su multimillonario ministerio, con el único afán de escribir este nuevo libreto que seguramente va a estar peor que el de las detectivescas progenitoras.

*Es paceño, stronguista y liberal

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