Carlos Pablo Klinsky

Después de casi 13 años en el poder y en ejercicio absoluto de éste, es imposible que los bolivianos que tenemos un mínimo de sensatez no nos demos cuenta que la Revolución Democrática y Cultural o Proceso de Cambio, versión boliviana del Socialismo Populista del siglo XXI, es un embuste total. Asimismo, no podemos tener duda alguna de que Evo, Álvaro y toda la cúpula masista son los principales embusteros.

Tampoco podemos negar que, tanto el embuste como los embusteros, han tenido éxito, pues lograron ejecutar su plan de manera casi perfecta y, durante algunos años, muchos se lo creyeron.

Tampoco cabe duda sobre la concepción del embuste, pues no es propia ni genuina de los embusteros nacionales. En realidad, ellos forman parte de un embuste internacional; del engranaje de una maquinaria política de alcance global, convocada y aglutinada en función de la disputa por la hegemonía en el planeta (China, Rusia, Irán, Cuba, etc.), cuyo adversario es el modelo capitalista democrático liderado por los EEUU.

En realidad, los embusteros bolivianos están subordinados a aquella estructura y la obedecen a rajatabla. De lo contrario, no se entendería el suicida y absurdo apoyo a Lula, Dilma, Correa, Cristina, Maduro y Ortega, todos ellos parte del mismo esquema y comprobadamente comprometidos con abusos de poder, muertes y corrupción.

La estrategia del embuste se sustenta en una concepción muy particular, interesada y utilitaria de la democracia. Es decir, ésta sólo les sirve para el discurso, pues tienen un control y ejercicio absoluto e implacable del poder, donde no existe independencia real de los órganos o poderes del Estado. Los órganos Judicial (entiéndase también Constitucional) y Electoral, son meros instrumentos para mantener vigente al “bien” (embuste) mayor. De igual manera, se controla la prensa y se elimina cualquier atisbo de libertad individual o colectiva que consideren una amenaza al embuste.

Compran y copan los altos mandos militares y policiales a base de prebendas institucionales y personales. Les otorgan jurisdicción y competencias sobre ámbitos de actividades delictivas (narcotráfico, contrabando, etc.) para mantenerlos como cómplices, pues saben que, más temprano que tarde, ellos usarán sus armas para defender el embuste y seguir en el poder.

Pese a todo, con el pasar de los años, el embuste boliviano, al igual que el de sus colegas de Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Brasil y Argentina, se debilitó. Pudo ser la soberbia y exceso de confianza o quizá, la fortaleza y contundencia de la realidad, porque nada es más fuerte que ella. Lo evidente es que están en decadencia.

En Bolivia, la cúpula de los embusteros, sus mandos medios y bajos, es decir, casi todos, han estado envueltos en actos de corrupción, malversación de recursos públicos, muertes, abusos de poder, prebendas, nepotismo y otras degeneraciones éticas del poder. Los casos más emblemáticos han sido, por ejemplo: la matanza de La Calancha, la del Hotel Las Américas y su invento de terrorismo, las muertes en la mina de Oruro, las de Yungas, las de El Porvenir, la agresión en Chaparina, la connivencia con el narcotráfico, Catler, taladros de YPFB, barcazas chinas, CAMC, BOA, contrabando en Pando, adjudicaciones directas de obras, Papelbol, Cartonbol, el avión presidencial, el aeropuerto en El Chapare, el Fondo Indígena, el satélite, la planta de urea, el Museo de Orinoca, el Palacio presidencial, etc. etc.

Casi 13 años ininterrumpidos en el poder, es una de las más claras señales de abuso y ausencia plena de valores democráticos que no debe merecer reconocimiento alguno; sin embargo, para los embusteros, es motivo de orgullo.

Afortunadamente, el verdadero pueblo boliviano, no los pseudo movimientos sociales asalariados del gobierno, se dio cuenta que sólo se trata de una cúpula empoderada y llena de privilegios alrededor del caudillo, al que tienen envuelto en un culto ordinario y burdo a su personalidad, y al que “usan” para arrogarse la representación de los más necesitados.

Finalmente, todos estos hechos, a los que hay que sumarle las patológicas mentiras de los dos principales embusteros, colmaron la paciencia del pueblo boliviano. Este tiempo ha sido suficiente para constatar inequívocamente que el embuste no se puede mantener indefinidamente, que tiene patas de barro, pero que, lamentablemente, como en todos los ejemplos de la historia, la salida del poder de los tiranos casi siempre conlleva violencia y muerte.

Fuente: http://estotambiensucede.com