Santa Cruz fue una de las cinco provincias “fundadoras” de la República de Bolivia en aquel lejano 1825 y hoy, curiosidades de la historia, 184 años después, le toca la honra de defenderla. La nueva CPE aprobada en Referendum el 25 de enero de 2009 borró la República de un plumazo, más adecuado sería, de un “plomazo”, porque fue a sangre y fuego, forzando legalidades y legitimidades. Si la necesidad de cambio era aceptada y apoyada por la inmensa mayoría de la ciudadanía, la modalidad para hacerlo, se suponía, debería seguir los pasos establecidos por la CPE vigente y la Ley de convocatoria. Nadie del vulgo se imaginó, ni los que votaron por el MAS el 2005, que las trampas del oficialismo y la complicidad de algunos políticos siempre acomodaticios o timoratos, diera a luz una CPE que tenían bajo el poncho, un proyecto largamente ansiado y financiado por ONG´s llenas de asesores europeos, y la coincidencia con la nueva versión del castrismo y el financiamiento venezolano.
Las esperanzas eran ciertas, se soñó con una CPE de proyecciones similares a las de 1880 y 1938, las constituciones de post guerra, porque el cambio era un imperativo. La situación en el país era límite por la tensión política y social resultante al desencuentro entre la realidad económica (extrema pobreza), social y política (marginalidad y exclusión) y las reales intenciones de los líderes políticos, ajenas y lejanas a esa realidad. Sin embargo, después de cuatro años de gobierno del MAS, siguen presentes aquellas negativas condiciones estructurales en la Nación boliviana y la decepción ha sido mayúscula. En lugar de promover unión alrededor de un proyecto que reflejara un pacto social moderno y aceptado por todos, para avanzar en la construcción de una república más estable, más justa y más solidaria, se ha inducido y provocado la confrontación a todos los niveles hasta poner en riesgo la integridad de la Patria. Cínica es la respuesta de Evo Morales a todas las incongruencias entre teoría y práctica en su revolución; le sirven sólo para motivos de burla con la oposición, para chantajear a opositores, para hacer “sentir su mano” que no admite la mínima discusión. Es ilustrativo el caso del médico epidemiólogo responsable en La Paz, que fue destituido sólo por haber mencionado la posibilidad de que Evo, el Superman aymara, hubiera contraído la gripe porcina en Bariloche, como A. Uribe, lo que demuestra el nivel ridículo al que le han llevado la vanidad, la soberbia y el adulo al caudillo cocalero. La defenestración ipso facto del médico, recuerda a Nerón con el pulgar hacia abajo marcando el destino de los gladiadores. En tiempos modernos habría que remontarse a Stalin y Hitler para encontrar actitudes similares.
La “Bolivia, constituida en República unitaria” ha sido suplantada en la nueva CPE por “un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario” lleno de arbitrariedades y contradicciones. El cambio verdadero no ha llegado. La miseria no encuentra respuesta en proyectos de inversiones públicas y privadas de envergadura, parados en seco por la falta de conocimiento y experiencia técnica en la actual administración para encarar la explotación de nuestros recursos naturales, y la maraña tejida, con notoria inexperiencia también, de burócratas y funcionarios corrompidos lucrando sin misericordia de los fondos públicos. Van cuatro años de discursos llenos de promesas y de comisiones firmando convenios y tratados que no pasan de los protocolos de intenciones. ¿Qué empresas han generado los fabulosos tesoros de los piratas caribeños y de los conductores de los países de Las Mil y una Noches? Ninguna.
El crecimiento económico e institucional constatado en las décadas de la democracia se ha trocado en cierre de mercados, clausura de empresas y despido masivo de trabajadores, aumento del desempleo a pesar de los miles abiertos artificialmente en las viejas empresas nuevamente nacionalizadas, mayores índices de pobreza, criminalidad e inseguridad ciudadana. El Estado Plurinacional ha recurrido como a su tabla de salvación, y como parte de una visión revolucionaria bolivariana, al comercio informal e ilegal, al contrabando, a dar luz verde a la plantación de coca, la producción de cocaína y marihuana y el tráfico de drogas dentro y fuera del país. Sin duda, el costo social, humano, de semejante decisión, lo pagarán las generaciones futuras. Como ocurrió con “la guerra del opio” esta “guerra de la cocaína” posiblemente ayude a consolidar algún centro de poder, pero terminará hundiendo en la miseria a pueblos enteros y en la mayor degradación a millones de seres humanos. Así no se construye ni Patria, ni Estado.
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Pero, el respeto a la ley, conducirse en un estado de derecho, ha sido lo más vapuleado. La exclusión de amplios sectores de la sociedad boliviana, no sólo campesino indígena, ha sido opacada por la pérdida de ciudadanía republicana y todos los derechos han sido suspendidos o están en entredicho. A andar pie juntillas. La práctica de la justicia en el Estado Plurinacional se ha convertido en un albur, en un estado de suerte. Si por desgracia se pisa terreno inconveniente a los ojos oficialistas, se aplica esa democracia donde hasta los derechos fundamentales consagrados en la CPE son atropellados y cualquiera puede sufrir el vía crucis de persecución sin fundamento ni juicio y terminar “aplastado” o “enterrado con los gusanos”, según expresiones de altos funcionarios del gobierno que no se han quedado en lirismos, contraviniendo frontalmente el ama llulla y el ama suwa (Art. 8, CPE). Al renunciar a la vía institucional aparentan privilegiar el ejercicio de la soberanía directa del pueblo (Art. 7), pero en realidad han dado rienda suelta al caudillismo bárbaro y a la suspensión del Estado de Derecho.
Con la convocatoria del 6 de diciembre, todos estamos en la disyuntiva de consolidar la desaparición de la República y el Estado de Derecho o de luchar por su recuperación y la reconducción del proceso de cambio. No caben posiciones tibias, pues aun respetando exquisitamente la libertad de elección a todos, hay un voto claro por la dictadura y hay otros por democracia, libertad y respeto irrestricto a los derechos humanos. Santa Cruz, fundadora de la República de Bolivia, por responsabilidad histórica, no debe ser el león dormido.
ICEES, Santa Cruz (Bolivia); eldia.com.bo
