La nacionalización no es un desastre, Quintana es un buen tipo, no hay corrupción, el país no está dividido, que Evo lo demuestre en un debate.
El presidente Morales se ha consagrado como “estrella” en diferentes foros internacionales. Hace un par de años conmocionó a los líderes de las Naciones Unidas cuando sacó de su bolsillo una hoja de coca y la mostró como el símbolo más importante de su Gobierno. Se ha codeado con reyes, mandatarios y representantes de todas las naciones. La talla y la imagen que ha conseguido, sin embargo, no lo exime de la responsabilidad democrática de someter a debate aquellas políticas, programas y proyectos que ha desarrollado en estos cuatro años en el país y de poner en escrutinio la plataforma electoral sobre la que sostiene una segunda candidatura.
Un líder con semejantes credenciales no debería dar la imagen de que le teme al debate y en todo caso, la confrontación de ideas en público, tendría que ser para él, la oportunidad de demostrar lo equivocados que están quienes lo han venido criticando internamente, a pesar de que fuera de Bolivia, Evo Morales es merecedor de aplausos.
Por más que no le gusten a él, Evo Morales se medirá el 6 de diciembre con los candidatos que están. Ellos también son parte de Bolivia y la gente que los apoya merece respeto. La soberbia con la que se dirige a sus oponentes es también ofensiva contra millones de bolivianos que piensan distinto y que ahora están convencidos de que el único interés que guía al presidente-candidato es imponerse a como dé lugar en esta ruleta electoral en la que han convertido a la democracia los regímenes populistas.
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Los que apoyan a Evo Morales también son dignos de respeto y no deberían ser vistos simplemente como los parias que se inclinan por el MAS por un bono, por un cheque venezolano o por el temor que ha comenzado a cundir en el país de no pertenecer a un régimen autoritario que calumnia, persigue y encarcela a los que tienen la osadía de manifestar una visión diferente.
El debate es la gran oportunidad del presidente-candidato, de demostrar que la nacionalización de los hidrocarburos no fue el gran desastre nacional, de que YPFB realmente funciona, de que no hay corrupción en el Gobierno, de que se produce más y se exporta más, de que hay más mercados para los productos bolivianos, de que hay más trabajo, más unidad, más libertad y más bienestar.
Muchas veces ha dicho el presidente Morales que afuera lo quieren más. Ponerse cara a cara con los que él llama “indignos”, “cachorros del neoliberalismo” y “candidatos de pasado oscuro” sería la oportunidad de oro para desenmascararlos y demostrar que su Gobierno ha sido promotor de la paz, de la unidad entre los bolivianos y que el indigenismo que tanto enarbola no ha servido para generar más racismo y odio, sino para mejorar el nivel de vida de los que componen esas 36 naciones en las que dividió el país. Sería el escenario ideal para demostrar que Quintana, Linera, Andrade y Rada son buenos tipos, que La Calancha, Porvenir, Huanuni y Cochabamba fueron inventos de los periodistas a los que tanto ha combatido en este tiempo. Sería la gran oportunidad de probar que con todo lo que ha hecho Evo Morales con este país, es merecedor de la confianza para gobernar para toda la vida, como él mismo desea y lo ha manifestado en reiteradas oportunidades.