Agustín Saavedra Weise * | La Prensa
En Copenhague —capital de Dinamarca— tendrá lugar del 7 al 18 de diciembre próximo la Cumbre de la Convención Marco sobre Cambio Climático de la Organización de las Naciones Unidas (UNFCCC). Para mayores datos, se puede ingresar al sitio web http://unfccc.int preparado al efecto por la ONU.
El cónclave tratará de aportar sobre lo hecho desde el Protocolo de Kyoto (Japón) y anteriores conferencias. Se tiene la intención de sustituir a ese instrumento por otro más acorde con el momento presente y con un mayor compromiso de los pueblos de este planeta. El objetivo principal de la convención es lograr consensos sobre cómo reducir la emisión de gases contaminantes para aminorar su peligrosa interferencia en el sistema climático y que ya nos está afectando. Los tales gases aumentan la temperatura; esto se observa ahora en varias áreas de la superficie terrestre, particularmente en el casquete ártico. A las múltiples catástrofes que el cambio climático podría ocasionar, se suma la potencial pérdida de numerosas especies de animales, entre ellos el oso polar.
Todas las naciones se obligarán a reducir el llamado “efecto invernadero” y se comprometerán con el uso eficaz de energía para evitar una mayor generación del dañino dióxido de carbono. En este campo, mejorar el rendimiento energético de los automóviles será fundamental. Además, corresponde acelerar eficiencias energéticas en industrias, residencias, establecimientos comerciales y públicos, todo ello mediante políticas efectivas. Entre estas políticas: estimular la investigación e implementación de tecnologías basadas en fuentes de energía renovable.
La conferencia tuvo y tendrá varios pasos previos a la Cumbre, tal como es práctica habitual en la ONU. Participarán 192 países. Se espera tener tras la Cumbre un nuevo acuerdo que paute normativas a partir de 2012. La primera ronda de negociaciones tuvo lugar en Alemania (Bonn) mediante varias sesiones. Recién hubo una rueda de alto nivel de jefes de Estado en Nueva York, previa al inicio de la Asamblea General, y antes de Copenhague habrá dos reuniones más, una en Tailandia y otra en España (Barcelona).
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¿Por casa cómo andamos? Bolivia no es ni China ni los Estados Unidos ni la Unión Europea, los tres centros que generan mayor contaminación y que juntos representan un cúmulo de aspectos que distorsionan al clima global. Conscientes de tal situación, esas regiones —altamente pobladas e industrializadas— han prometido mejores políticas en el futuro inmediato. Ojalá así sea. Con su diminuta economía y escasa población, Bolivia debe contribuir desarrollando —de inmediato y con socios apropiados— la industria del litio, mineral que tiene en el país a su mayor volumen de reservas mundiales. Como se sabe, el litio es fundamental en la manufactura de automotores eléctricos de cero contaminación. Bolivia también debe contribuir evitando la deforestación, dañino proceso que se gesta indiscriminadamente con motivo de los llamados “asentamientos humanos” y/o por conducto de productores inescrupulosos.
Para concluir y como la más importante contribución boliviana en la materia, cabe acotar que no basta con rasgarse las vestiduras por la “Madre Tierra” o Pachamama. “La vida armónica en la naturaleza”, que el Gobierno de Bolivia predica en foros internacionales, exige que esta administración deje de seguir impulsando un abusivo crecimiento de los cultivos de hojas de coca —casi todos orientados al nefasto narcotráfico—, que se expanden anormalmente dañando el medio ambiente, provocando cambios climáticos y graves perjuicios en áreas protegidas.
(*) Ex canciller, economista y politólogo