“La cuestión de fondo ahora en Santa Cruz ya no es tanto si hay o no crisis de liderazgos y de institucionalidad, sino cuán capaces son los propios cruceños de volver a hacer de esta nueva crisis otra oportunidad de crecimiento.”
Fuente: SemanarioUno – Edición 333 / 6 de noviembre 2009
Hay que ser demasiado cínico para negar que hay una profunda crisis en la institucionalidad cruceña. Las señales son tan potentes, que hasta un sordo puede oírlas y un ciego, verlas. Están marcadas por la evidente división de los sectores que hasta hace poco parecían hermanos siameses y que hoy ni siquiera intercambian saludos. Ni votos, se puede añadir. Así que el tema de fondo ya no es si hay o no crisis, sino cuán profunda es ésta y cuáles son los escenarios que plantean sus posibles resoluciones. ¿Habrá que prepararse para declaratorias de guerras, de quiebras o de recambios profundos? ¿O quizás la crisis abone el camino hacia una irreversible transformación del modelo institucional y de poder que se consolidó en los últimos treinta años?
Pueden ensayarse muchas respuestas, unas más osadas que otras, pero ninguna de ellas llenará el vacío que provoca esta crisis institucional y de liderazgo cruceño, como sí puede hacerlo el plantear un reto que debería emerger desde los sectores intelectuales, también cruceños, críticos mordaces del modelo que hoy hace aguas. El reto no es otro que el de transformar esta crisis en una gran oportunidad para iniciar el proceso de cambio que tantos discursos alimentó en tertulias de café y ensayos académicos. Un proceso que pasa, necesariamente, por una profunda catarsis a la que muchos cruceños no estarán dispuestos a someterse, conscientes que con ella perderán privilegios.
Pero eso es ya harina de otro costal… o al menos, debería serlo. Lo que no pueden hacer esas generaciones cruceñas, reconocidas por sus críticas al modelo corporativo de liderazgo vigente hasta hoy, es desaprovechar la oportunidad histórica que ofrece este momento crítico para renovar esquemas obsoletos cuya persistencia (y resistencia a los cambios vertiginosos registrados en el país y en el mundo) amenaza echar por tierra el prometedor presente que tiene Santa Cruz como líder de un proceso innovador que puede llevar a Bolivia al sitial que merece en el concierto regional y mundial.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Por eso reiteramos lo que en una oportunidad sostuvimos ante las interrogantes del director de Radio Fides, que se mostraba preocupado por los vaivenes de los líderes cruceños que parecían péndulos, de un lado al otro, sin una base sólida. Lejos de compartir esa preocupación, aplaudimos lo que está sucediendo en Santa Cruz, con crisis de liderazgo incluida, porque es señal de que en este departamento, a diferencia de lo que ocurre en otras regiones del país, hay procesos de cambio que siguen activos y con perspectivas de consolidar transformaciones mucho más significativas que las que suelen alentar desde la centralidad del poder los gobiernos de turno.
Así que la cuestión de fondo ahora en Santa Cruz ya no es tanto si hay o no crisis de liderazgos y de institucionalidad, sino cuán capaces son los propios cruceños de volver a hacer de la crisis una oportunidad de crecimiento. Un reto que deberían estar asumiendo ya nomás esas generaciones críticas, viejas o jóvenes, antes de que la posta vuelva a ser tomada por las castas de siempre, hoy moribundas pero no muertas. Unas castas que han demostrado no sólo incapacidad para abrir espacios de libertad y caminos hacia la autodeterminación de sus propios pueblos, sino también falta de escrúpulos, ya que no dudan en transar con sus enemigos a la hora de salvar sus negocios e intereses.