Por los aspectos que pasamos a mencionar, es criterio generalizado de que el proceso electoral que concluye ha sido el peor en los últimos 20 años.
El marco globalizador negativo es la reelección del Presidente y Vicepresidente por un mandato inmediato y sin renuncia a sus influyentes cargos. Hace 45 años se tuvo una situación muy similar con la reelección del doctor Víctor Paz Estensoro, cayendo del poder a los 5 meses de dicho acto extraño a la tradición política del país. Ahora se añaden los siguientes factores en orden a su gravedad:
a) La práctica del antidemocrático “voto comunitario” en el campo, obviamente a favor del MAS, bajo alternativa de que los disidentes sean víctima de represalias a su persona, a su familia o en su ganado, según la “justicia comunitaria”. La inasistencia del grupo familiar a marchas u otros actos políticos da lugar a multas en efectivo. Un dirigente campesino de Achacachi lo ratificó de viva voz en un canal de TV.
b) Casi como secuela de lo anterior o con algunos matices, los movimientos sociales seguidores de Evo Morales tampoco permitieron hacer proselitismo a los candidatos opositores en El Alto, ni en las provincias. No se puede menos que admirar el temple de los candidatos opositores por las circunscripciones del campo para soportar las intimidaciones y agresiones sufridas, inclusive están amenazados de expulsión de sus comunidades después de los comicios. Aquí se inscribe también la movilización obligada de los funcionarios de la Administración Pública a marchas, proclamaciones, caravanas y para otros menesteres electoralistas, incluidos los de la Alcaldía Municipal y la Prefectura.
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c) Por otra parte, el electorado queda paralogizado ante la pobreza intelectual y falta de representatividad de los candidatos al Poder Legislativo de todos los partidos o alianzas, salvo contadas salvedades personales. Como si el reclutamiento -no cabe otro vocablo- se hubiera realizado sólo a partir de cierto nivel. Así el elector nada o casi nada tiene para escoger, tanto en lo relativo a los candidatos plurinacionales como a los uninominales en cada una de las circunscripciones. Se duda que los elegidos vayan a desempeñar con alguna solvencia la difícil tarea que les espera. Ni qué decir de la común falta de programas que redujo la campaña al intercambio de ofensas, insultos y amenazas. Dato revelador de cuánto nos separa de similares campañas en los países vecinos, sin ir muy lejos.
d) El MAS y sus seguidores marcaron de autoritarismo y matonaje todo el itinerario electoral sin excepción. Basta recordar que el vía crucis de los candidatos empezó cuando acudieron a la CNE para inscribir sus listas.
e) Resalta incalificable el uso y abuso de los recursos públicos y de los medios estatales para el proselitismo y la propaganda del oficialismo en el país y en el exterior, como jamás se registró en grado tan inescrupuloso y ofensivo frente a tantas falencias y penurias públicas que pudieran atenderse con tanto dinero derrochado.
f) Como si todo lo anterior no fuera ya el colmo, la CNE cede a la presión del Poder Ejecutivo y echa por la borda la seriedad de la elección, admitiendo como válida la carnetización venezolana efectuada sin documentación fehaciente, con lo que la CNE recae en el vicio de que en Bolivia no hay normas valederas ni firmes y que basta la presión para permitir cualquier atropello o irregularidad. Tampoco se descarta un fraude montado de antemano al añadir la inverosímil cantidad de 1.500.000 votantes más que los del último referendo de enero de este año. ¿Puede caber en la mente de alguien semejante superchería?
Otro dato increíble, entre otros, es que en Pando, plaza tan peleada por el Gobierno, se hubiera incrementado el padrón desde entonces al presente en más del 30%, según informes de la propia CNE.
Cierra este proceso de tan franco avasallamiento contra las minorías, las declaraciones del candidato-Presidente ante los corresponsales extranjeros de que “cuando pase el proceso electoral cambiará la justicia” para encarcelar a Manfred Reyes Villa, su principal oponente electoral, y que pueda hacerle compañía a Leopoldo Fernández ya detenido hace más de un año, a los que llamó “delincuentes”. Tales las condiciones “democráticas” y de “cambio” en las que el pueblo boliviano asistirá a las urnas sólo para convalidar una victoria cantada, para la cual hubo incautos que se prestaron a secundar como candidatos.