Se percibe cierto cansancio en la gente común, cuyas sencillas aspiraciones se traducen en dos conceptos: tranquilidad y gestión administrativa.
Ha transcurrido justo una semana desde las elecciones generales. El pueblo boliviano, en lugar de percibir que ahora sí comenzará una era de gestión administrativa cuidadosamente planificada, siente que sigue incesante el ritmo político. En los primeros días de enero de 2010 deberán presentarse al órgano electoral las listas de candidatos para los comicios municipales y luego vendrán las elecciones para prefectos, que pasarán oficialmente a llamarse gobernadores. No hay pausa.
A todo esto, el Gobierno anuncia que tiene preparadas cien leyes de “adecuación” del nuevo “Estado Plurinacional de Bolivia” a la Constitución Política del Estado actualmente vigente. El trabajo será arduo y seguramente con ciertas aristas conflictivas. En fin, de todas maneras es gestión, y gestión es lo que pretende el pueblo boliviano, sobre todo luego de más de cuatro años de permanente agitación política y sucesivas elecciones o referendos de diversa naturaleza.
Por la propia naturaleza del oficialismo, su tendencia natural es política y hacia la lucha política. Sólo así puede explicarse la sucesión de confrontaciones de diversa naturaleza que hemos tenido en los últimos tiempos, confrontaciones que, más allá de su triste secuela de muertos, heridos o resentimientos, felizmente fueron zanjadas en última instancia a través de la vía democrática. Aun así, se percibe cierto cansancio en la gente común, cuyas sencillas aspiraciones se traducen en dos conceptos: tranquilidad y gestión administrativa. Todos ansiamos vivir sin sobresaltos, todos queremos gestiones que ayuden a mejorar cualitativamente nuestra sociedad en todos los órdenes. Pocos son los que están dispuestos a seguir de lucha en lucha, de elección en elección, como si se tratase de un patológico movimiento perpetuo.
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Toda sociedad tiene su dinámica y sus procesos. Eso es indiscutible. Pero no menos indiscutible es el hecho de que, en la etapa actual, el techo debe ser lo suficientemente amplio como para lograr gestiones adecuadas, afianzar las instituciones, promover el crecimiento y mejorar la situación socio-económica de la ciudadanía. Se demanda mayor capacidad y calidad de gestión. El pedido es legítimo, no se trata del capricho de unos cuantos, sino de un verdadero clamor.
Ojalá el Gobierno y aquellos quienes lo componen escuchen esta voz popular, la que solicita mayor tiempo para la tarea del estadista y menos tiempo en la consagración de profetas o en la siembra de ilusiones. Bolivia necesita gestión para promover inversiones, generar nuevas fuentes de empleo, incrementar las exportaciones y mejorar su todavía bajo nivel de vida. Esperemos que así se entienda y que la gestión pase de aquí en adelante a tener prioridad sobre la lucha política. Es lo que el pueblo quiere, es lo que el país precisa.