Entre paréntesis….Cayetano Llobet T.
El verso del socialismo comunitario no sirve para resolver conflictos ni para aumentar salarios. A veces, tampoco para ganar elecciones. Tiene alguna utilidad para comprar aviones caros -de “dimensión planetaria”- o para contribuir a encumbrar regionalmente a ladrones consagrados como Néstor Kirchner. A la hora de la verdad, el verso se termina: el verdadero discurso gubernamental es el de su propia defensa. El Vicepresidente, solemne y serio, tiene que sentenciar: “los uniformados no deliberan, obedecen. El que quiera deliberar, que se quite el uniforme”. Aquellas cosas del pueblo en uniforme que se rebela contra las instituciones del neoliberalismo resultan disparatados recuerdos del pasado. Y el ministro de Gobierno: “vamos a utilizar la fuerza legítima, la violencia legal”, y su viceministro: “los vamos a perseguir”, podían ser pronunciadas por cualquier ministro de gobierno de las épocas anteriores. A la hora de la verdad, es la misma policía la que termina metiendo gas y palo.
Y es que se han olvidado de un detalle: los pueblos no cambian con los discursos. Nuestro conjunto social sigue siendo el mismo y la sociedad no se ha transformado porque Evo es Presidente. Hace años que el proceso de desinstitucionalización de Estado es irreversible. Es mentira que se esté construyendo un nuevo Estado: se está culminando su desinstitucionalización. Y hace años que la consecuencia fundamental de aquello es el inevitable proceso de desagregación social. Las sociedades desagregadas, tribalizadas, no tienen los mismos intereses: por eso producen conflictos múltiples y diferentes, que nunca obedecen a las mismas causas. La receta que se puede aplicar en Huanuni o en cualquier otra mina, no sirve para San Aurelio o Caranavi. No es como en las enfermedades eruptivas donde todas las ronchas tienen la misma causa. En la sociedad desagregada, cada roncha tiene una causa diferente.
En las sociedades pobres -por mucho que se finja gran riqueza y especial bonanza-, no es posible aumentar salarios si no hay un crecimiento proporcional de la riqueza, ¡lo diga Evo o Goni! Y no se aumentan salarios aunque hayan grupos de privilegiados oficialistas que disfrutan de negociados, ventajas y cargos, siendo Presidente Evo o Goni. Y las Fuerzas Armadas y la Policía siempre van a tener un grupo superior que se distribuye los privilegios –precio de la lealtad- y unas capas inferiores furiosas porque no les llega nada del agasajo gubernamental, sea Evo el Jefe del Estado, o cualquiera de los más vilipendiados ejemplares del neoliberalismo.
Cierto, hay algunas diferencias: a ningún ministro de Goni se le hubiera ocurrido sugerir a los policías disconformes que vivan “a pan y café”… ¡hubiera sido demasiado descaro capitalista! Y menos hubiera mencionado, en apoyo de la decisión gubernamental, “que los empresarios tampoco están de acuerdo con aumentar salarios”, como mencionó el leal vocero gubernamental. Y, desde luego, a Goni no se le hubiera ocurrido la extraordinaria fantasía de pensar “que hay infiltración de la derecha en algunos sectores de los trabajadores”. Hay que reconocer que la creatividad de Evo es considerablemente superior… ¡alguna ventaja tiene que tener la formación en Orinoca sobre la lamentable enseñanza gringa!
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Pero, finalmente, son diferencias de forma porque, en el fondo, no hay diferencias. Ha sido así, es así y, probablemente, seguirá siendo así. Lo que sucede es que no terminamos de asumir que no son los presidentes los que hacen las sociedades: son las sociedades las que hacen presidentes…