Urupesa urbana – Maggy Talavera / Periodista
El traslado a Santa Cruz de los actos oficiales que el Gobierno central debería rendir en Sucre para conmemorar el 6 de Agosto no es casual. Quienes quieran creer que el gesto obedece a la buena fe de unos gobernantes que desean hacer partícipes a otras ciudades de las galas especiales a que obliga la fecha, o pecan de ingenuos o son cínicos. Porque si hay algo que está quedando cada vez más claro es que el Gobierno central necesita con urgencia buscar en otras regiones el oxígeno que le están quitando sus propias bases en los que hasta hace poco eran sus feudos partidarios. Ya me lo había advertido un compañero de tertulias: el MAS se está agotando en occidente y necesita reinventarse en oriente, tal cual lo hizo el MNR tras la revolución del 52.
Confieso que la primera vez que escuché esa hipótesis no me convenció. Creía que aún era muy temprano para vaticinar el agotamiento del MAS en occidente, considerando sus reiterados triunfos electorales en esa mitad del país. Pero los hechos registrados los últimos meses, e incluso una lectura más detallada de los resultados electorales de abril pasado, me llevan a darle validez a ese vaticinio. De hecho, la presencia del Presidente y su corte de honor en Sucre sigue siendo resistida; más aún ahora, con la crisis provocada por el MAS en el Gobierno Municipal de la capital chuquisaqueña que derivó en la destitución del alcalde opositor elegido por voto popular y su reemplazo por una concejal masista. O sea, mejor evitarse problemas y rechiflas, debe haber pensado el Gobierno.
Lo curioso, para muchos, es que en ese afán de evitar silbidos, insultos y protestas antigubernamentales, el Gobierno central haya optado por celebrar el 6 de Agosto en otra plaza que le sigue siendo adversa, al menos electoralmente: Santa Cruz de la Sierra. Digo para muchos y no para todos, menos todavía para quienes acompañan de cerca los entretelones de la confrontación Gobierno central versus institucionalidad cruceña (Gobernación, Municipio, Comité Cívico, etcétera), y que han sido capaces de ver las incoherencias en uno y otro bando. Una puja en la que el MAS sigue siendo caballito ganador, a expensas de unos leones de papel que no dan talla en la tenaz y dura batalla por el Poder político que se libra en Bolivia desde hace décadas.
Y no dan talla porque no tienen convicción en la lucha que abanderan, al menos para la foto, y menos claridad en sus estrategias y tácticas de lucha. Si fuera de otra manera, no se estaría dando la paradoja que comprobaremos este 6 de agosto: un gobierno centralista confrontado a muerte con una región autonómica, haciendo fiesta y compartiendo tarima con unos gobiernos locales que lo han combatido a sangre y fuego. Ambos, además, reconociéndose como enemigos principales de manera pública y reiterativa hasta el cansancio. Y por favor, ¡no vengan ambos con el discursito de la reconciliación, porque no hay tal! No al menos la reconciliación que anhela la mayoría de los bolivianos, la verdadera, la sincera, y no la que disfraza segundas intenciones y juegos maquiavélicos.
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Lo de segundas intenciones y juevos maquiavélicos no son alucinaciones. Basta verificar por dónde se siguen moviendo las fuerzas gubernamentales del oficialismo y de la oposición para comprobar la validez de los temores y desconfianzas. Si todavía queda un iluso que cree lo contrario, que espere para ver lo que sucederá después de que el Gobierno central recupere de manos dizque opositoras del oriente el oxígeno que le están quitando sus hasta hace poco incondicionales bases y adherentes de occidente.