Cuando la intolerancia política se une con la tolerancia al narcotráfico suceden absurdos como éste: que un Ministro de Gobierno aplique mayor esfuerzo en hostigar a los opositores que denuncian el crecimiento de las actividades ligadas a la producción de cocaína, que al trabajo dedicado a desactivar ese negocio ilícito. Como en tiempos de la antigüedad, en el Estado Monárquico-Plurinacional parece más práctico cortarle la cabeza a los mensajeros (líderes de opinión, medios) que son portadores de noticias preocupantes, que tomarse en serio los mensajes de alerta. Durante años, el ex zar antidroga Ernesto Justiniano ha hecho un seguimiento riguroso y bien documentado sobre la proliferación del narcotráfico en Bolivia, habiéndose convertido en días recientes en uno de los analistas más requeridos por la prensa respecto al caso del narco-general René Sanabria. La postura de Justiniano ha sido la que dicta el sentido común: que el gobierno debe tomarse muy en serio y no minimizar la penetración del narco-poder en la esfera pública, y que el ministro Sacha Llorenti debería apartarse del caso, dada la cercanía laboral que mantenía con Sanabria, para garantizar una investigación transparente. En un gobierno serio y de talante auténticamente democrático, se comprende que las críticas ayudan a corregir el rumbo de las políticas oficiales, pero este no parece ser el caso de la administración de Evo Morales. Por lo que el ministro en cuestión ya habría instruido la aplicación de represalias judiciales, que una vez más confirman el grado de injerencia y presión del Ejecutivo sobre la justicia. ¿Se intenta censurar a la prensa y a los analistas para impedir que denuncien al narcotráfico?
Felipe & René
Si realmente existiera una voluntad oficial de esclarecer el caso Sanabria -quien según un reportaje de un matutino de Cochabamba, era el encargado de realizar escuchas a personajes de la oposición y por lo tanto ocupaba un lugar relevante en el esquema del Ministerio de Gobierno- debería investigarse, por ejemplo, cuál era el grado de cercanía o amistad que unía al narco-capo de inteligencia con el viceministro de la coca, Felipe Cáceres. Sería interesante, entre otras cosas, conocer de boca del viceministro en cuántos cumpleaños del general Sanabria estuvo presente y qué otras reuniones sociales compartieron juntos…
HBO
En otro tema, el día de hoy se conoció que el equipo de periodistas húngaros del canal internacional HBO, llegados a Bolivia para filmar un documental sobre el caso Rozsa, sufrió el robo de sus equipos de grabación tras alojarse en el Hotel Las Américas. Las sospechas del director del grupo, Benai Peter Tibor, apuntan hacia dos sujetos registrados en el hotel con pasaportes colombianos, pero que en realidad podrían ser de nacionalidad cubana, quienes lograron acceder a su cuarto tras hacerse pasar por personal de mantenimiento. ¿Intento de intimidación, entorpecimiento de labores o espionaje para conocer las primeras entrevistas que el equipo húngaro ya había realizado?
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