Así dijo estar el presidente del Estado Plurinacional y de los sindicatos cocaleros, a raíz del conflicto provocado por su proyecto carretero que acabaría con el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS).
Comprensible soledad, en cuanto el mandatario ha optado por encerrarse en el núcleo duro de su proyecto político, el sector cocalero del Chapare, gobernando en función de sus intereses y perdiendo poco a poco la amplia red de alianzas que lo llevó a la primera magistratura.
Se dice que el poder no corrompe, sino que desenmascara. Y tal vez sea precisamente eso lo que ha sucedido con el supuesto “primer gobierno indígena”, que ahora muestra su verdadero rostro de “primer régimen cocalero”.
El informe de la oficina local de la ONU, presentado en días pasados, señala que entre el 2009 y el 2010 los cocales ilegales crecieron en un 9,2% en el TIPNIS, convirtiéndolo en la zona del país con mayor índice de aumento de estos cultivos dedicados a abastecer de materia prima al narcotráfico.
El mismo documento indica que sólo entre el 2007 y el año pasado, los cocales del TIPNIS pasaron de 985 a 1.183 hectáreas.
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Queda claro, entonces, cuál es el auténtico interés en promover la disección de esa área protegida.
Al mismo tiempo, se vuelve a complicar la imagen internacional del régimen evista, ante el informe enviado por Barack Obama al Congreso norteamericano, donde se sostiene que Bolivia “fracasó ostensiblemente” en la lucha antidroga.
Solo, triste y abandonado debe sentirse también el narco-general René Sanabria en su celda de Miami, al enterarse de que sus ex socios lo tildan de “agente de la DEA”…