Regreso al oscurantismo


Rubén Vargas

ruben-vargas No, estimado lector, para su alivio, le aclaro de principio que el título de esta nota no anuncia una dramática perorata sobre los aciagos tiempos que nos toca vivir, ni sobre el futuro que se pinta del color de la noche sobre esta tierra inocente y hermosa. No. En realidad el título alude a los cortes de luz que ya hemos comenzado a sufrir y que, mucho me temo, serán muy pronto el pan de cada día. Sobre las causas del oscurantismo, los analistas autorizados ya han dicho lo que hay que decir. La luz se corta porque hay mayor demanda de energía y, en contrapartida, menor oferta; la menor oferta es una consecuencia de la falta de inversión; la falta de inversión es una consecuencia de la nacionalización; la nacionalización es una consecuencia…

En fin, como están las cosas, lo único que queda es pedir que el Gobierno, en lugar de improvisar dudosas explicaciones, elabore a la brevedad posible un Plan Nacional de Oscurantismo Controlado y lo apruebe a través de una ley. De esa manera, por lo menos, podremos saber cuándo habrá luz y cuándo no. La aprobación de esa ley podría ser, además, expedita. Por fortuna, el Gobierno ya ha afinado un método para la aprobación veloz de las leyes. A este método, algunos comentaristas (no yo, por supuesto) han bautizado como el “método del asalto”. Para despejar cualquier potencial malentendido emergente de este curioso nombre, paso a describir en qué consiste: el Ejecutivo manda al Legislativo una ley redactada con puntos y comas. Luego grita “¡Arriba las manos!” Los honorables las levantan y la ley queda aprobada por dos tercios.



Hablando de leyes, el lector recordará que en otros tiempos existía una ley llamada Ley del Diálogo. No importa ahora qué regulaba esta ley. Lo que parece necesario hoy con toda urgencia es una ley que tenga ese mismo nombre pero con un objetivo elemental y específico. Esa ley debería establecer con claridad lo que quiere decir la palabra “diálogo” en la Bolivia plurinacional.

Por ejemplo, el diálogo supone que hay dos interlocutores y que esos interlocutores se reconocen mutuamente como tales. El Gobierno, con la creatividad que lo caracteriza, ha innovado la forma del reconocimiento del otro como interlocutor. Y ha puesto en práctica esa innovación en el caso del TIPNIS.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

Su método tiene por lo menos tres pasos. El primero es, acertadamente, reconocer al interlocutor. En este caso, al parecer, el Gobierno no sabe quiénes son los indígenas del TIPNIS. Para salvar esta limitación, manda que los espíen, que averigüen a quién llaman y quiénes los llaman, que investiguen sus antecedentes, que se metan en la sala de sus casas para ver qué cosita están tomando. Con esta información, los identifica: agentes del imperialismo, vendidos a USAID, instrumentos de las ONG, de los madereros y de los terratenientes. El Presidente, incluso, con inexplicable crueldad, los llama “turistas”.

Cumplidas satisfactoriamente estas tareas iniciales, viene el segundo paso: los llama al diálogo, como dijo el Vicepresidente “con el corazón abierto”. Comprensiblemente, los indígenas del TIPNIS no se reconocen en la manera cómo el Gobierno los llama, no se dan por aludidos y siguen marchando.

El tercer paso consiste en que, inmediatamente, los ministros encargados del diálogo, con cara compungida y con tono lastimero, recorren los canales de televisión y se quejan de que los “hermanos indígenas” no los escuchan, que no quieren el diálogo.

El método es innovador pero, como se ve, hasta ahora no ha servido para nada.

La Razón – La Paz