Menos chistosos que un funeral

José Luis Bolívar Aparicio*

 

Sólo existe algo más agradable que una persona a la que le guste reír, y es una persona que te haga reír. En cualquier grupo, familia, curso u oficina, todos nos hemos debido de cruzar con ese personaje que vive con el chiste a flor de labios.

No hay ocasión que no aproveche para sacarle el lado divertido y de esa manera alegrarnos a cada paso la vida. Son pocos los que pueden hacerlo sin necesidad de insultar, ofender, señalar y muchas veces sobre resaltar defectos físicos o que necesariamente tienen que hacer alusiones sexuales creyendo que mientras más explícitos y grotescos sean, mejor lo hacen. Los que no requieren de esos argumentos son los mejores y hay que saber disfrutarlos.

Y si además lo hacen acompañados con una guitarra mucho mejor, nunca olvidaré a mi amigo Yamil, quien hacía que salgas de sus guitarreadas con dolor de estómago de tanto reír y la mandíbula por el piso, era el perfecto humorista, pues cada uno de sus chistes, era cantado y a diferencia de otras bromas, las suyas mientras más las escuchabas, más te matabas de risa.

Por el otro lado, están los que creen que te divierten y es lo contrario, soportarlos se convierte en un auténtico suplicio.

Todos también nos hemos debido de tropezar con el “Pepe Cortisona” de la fiesta que no hace otra cosa que reírse de todos a costa de lo que sea y creer que son el alma de la fiesta contando los chistes más estúpidos posibles o gastando las bromas más pesadas que se puedan tolerar.

En su subconsciente no cabe la vergüenza, sólo cuenta su esparcimiento, y mientras más afectados existan, para él es mejor. Su vocabulario no conoce la palabra “disculpa” y lo único que sabe es calificar de amargado a quien no esboza una carcajada tras cada una de sus pesadas ocurrencias.

Gordos, flacos, altos, bajos, negros, blancos, y quien sea, son blanco fácil de un ojo clínico para encontrar defectos y da la impresión que él nunca se mira al espejo porque es tan ofensivo que todo y todos le sirven para gozar de su vida.

Un ambiente donde este tipo de bromistas sobran, es nada más y nada menos que en nuestra política nacional.

Uno no se puede olvidar de personajes como el “Polilla” López por ejemplo, vaya bromas arruinadas que se gastaba el chapaco que no se iba con cortas a la hora de poner apodos o agarrarse a lapos con cualquiera, hasta que una dama lo puso en su lugar y parece que no le volvieron a quedar ganas de seguir haciéndose al chistoso.

Otro que tenía un humor ácido muy especial era el “Goni”, quien antes de convertirse en el ser más despreciable del planeta, solía hacer uno que otro chascarrillo que se ganaba fácilmente la risa de quienes lo escucharan. Quizás era porque su tonito anglosajón le daba cierto toque especial a sus bromas o porque mientras era simpático el gringuito, supo ser divertido, hasta que su último chiste le cayó a la gente como mate de plomo. En septiembre del 2003 mientras La Paz ya empezaba a juntar leña para que todo arda en octubre, el “Khankita” de visita por la Feria de Santa Cruz, ante la pregunta de una periodista que le consultaba sobre los innumerables pedidos de renuncia que salían de las diversas protestas a nivel nacional, no tuvo mejor idea que afirmar que él no iba a renunciar porque su mujer quería seguir siendo la Primera Dama.

Dos semanas después, la aludida estaba recorriendo los canales de televisión, rosario en mano, rogando para que la gente deje de incendiar las calles de El Alto. Para ese momento, su esposo ya no tenía más sentido del humor.

Otro ser especial con un humor negro pero realmente negro es sin duda alguna el inefable “Satuco” Gustavo Torrico. Si te quieres enfrentar con este personaje, es mejor que vayas preparado no de argumentos sino de muchas acusaciones, mientras más mejor, así por lo menos evitarás que te insulte tanto como le gustaría.

No voy a olvidar cuando al dirigente de los denominados “Pañuelos Blancos” Martín Dockweiler le dijo: a ese caballerito con nombre de mono y apellido de perro le voy a dar clases de política para que sepa agitar sus pañuelitos. Claro que esa afirmación era muchos años antes de que el hermano de don Martín, sea el actual Gerente General de Mi Teleférico, hombre fuerte del “Proceso de Cambio” y de enorme confianza del señor Presidente. Dudo mucho que el ex Viceministro de Gobierno alguna vez haya pedido disculpas por tan feas ofensas, pero al menos ahora no se mete con su empoderado pariente.

Y así como estos nombrados, no faltan en nuestro Jet Set polítiquero, bromistas y graciosos de todo tipo, pero al que nunca lo había visto con dotes para la comedia es al actual presidente del Proyecto Múltiple Misicuni, don Jorge Alvarado, quien junto al diputado Ademar Valda, aprovecharon la fiesta de Todos Santos para hacerse a los payasos y en un tono de verdadero humor agrio, levantaron un mast’aku para las almas, colocando las fotos del Alcalde de Cochabamba José María Leyes y a Gamal Serhan, Gerente de Semapa.

No les bastó con eso, les rezaron, les cantaron en quechua y los trataron como si estuvieran muertos, aludiendo que estos dos funcionarios lo parecen y que esperan que vuelvan a la vida.

No está de más recordar que quienes profesan al estado laico, no pierden la oportunidad para ganarse un poroto con la población y aprovechar cualquier oportunidad divina para dárselas de creyentes y jugar al espiritual haciendo lo que sea que crean que les va a ganar un votito. Evo picando piedritas en Quillacollo después de limpiarse las narices con la imagen de la virgen, o al comunista del Vice golpeándose el pecho en Semana Santa son imágenes bastante ofensivas para quienes de verdad profesamos creencias religiosas no por conveniencia sino por verdadera fe, pero hasta estos actos son perdonables, pues nadie está en sus corazones para saber la absoluta verdad y porque finalmente no somos quienes para juzgar sus maneras de religar.

Pero lo que realmente enerva y golpea fuerte es que se burlen de nuestras creencias y se aprovechen de rituales que para muchos de nosotros tienen carácter de sagrado para “gastar bromas” que están más a la altura del pelangoche del barrio que con tal de reírse le importa tres pepinos qué hace y a quién.

Al parecer don Jorge se ha olvidado que el año 2006, el cargo de presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos le duró apenas 7 meses, al cabo de los cuales, la presión de la población y la prensa por la firma irregular de contratos lesivos para el Estado que hubieran significado un daño de más de 39 millones de Dólares al país, le obligaron a “renunciar” y a la moda del Proceso de Cambio, fue premiado como Embajador en Venezuela.

De todas las travesuras que hizo don Jorge en la estatal petrolera, le garantizo que nos sobraría libreto para hacerle más chistes que una colección de Condorito.

Señores del MAS, dejen de hacerse a los chuscos, que no lo son, y de una vez tómense en serio el tema de gobernar, que una vez que salgan del poder, les garantizamos que a muchos nos van a sobrar las razones para matarnos de la risa.

 

*Es paceño, stronguista y liberal

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