Se diluyó la inocencia

Karen Arauz

Son doce años  que  compartimos nuestro cada vez más enrarecido aire con el presidente Evo Morales y sus seguidores.   En los medios de comunicación estatales, los pro y los para, se ha hecho  radiografiar tanto que es muy poco lo que queda por descubrir.  Podrán variar  ciertos matices, pero la esencia en sí, es a estas alturas, un libro abierto para los bolivianos.  Tan es así, que nadie ignora que por ejemplo sus dotes futbolísticas son cada vez más escasas y que narcisista como es, se niegue a usar gafas, cometiendo errores al leer que ya no hay como justificar en una autoridad después de tanta práctica.

El problema de las personalidades egocentristas que se dejan conocer tanto, es que son los únicos que ignoran la posibilidad de estar mostrando demasiado.  No deja de ser halagador para él, que miles sepamos con exactitud, que tan previsible es y cuan escasos son los rasgos de su personalidad que permanecen ocultos. Probablemente lo más íntimo es lo único que se ignora, pero sus actitudes en general, da pautas hasta de eso.

Sus rabietas van desde tragi-cómicas (como el descubrir que no es el tweetero con más seguidores) hasta la casi infantil postura con el Encargado de Negocios de Estados Unidos quien solicita audiencia para despedirse del Presidente como corresponde,  y le da vuelta la cara y le saca la lengua.  A ningún Ministro de Estado se le ocurriría por si mismo, salir a los medios como lo acaba de hacer ante ambas situaciones, la titular de comunicaciones, con una vehemencia de verdad digna de una mejor causa. Está claro que la luz verde emerge directo de él. Es entendible que a estas alturas, un dignatario con algo de conocimiento, aconsejaría al Presidente, contar hasta diez porque esas reacciones, no le hacen ningún favor. No olvidemos que son históricas ya las muestras de sus explosiones de artificio, que al final son eso, bengalas. Llamativas pero inocuas hacia el sujeto que las dirige.

La misma manera de reaccionar, aunque  menos cómica,  es la que asume el titular de gobierno, a quien  le  asaltan todas las paranoias del libro grande, cuando llega a sus manos,- como a las de todo el mundo-una fotografía de periodistas o actores sociales no afines al régimen, que se reúnen para despedir al diplomático en cuestión. Su salida del país está llena de improperios y acusaciones  como si de un proscrito terrorista se tratara.  La cultura de que el enemigo de mis “amigos” es mucho más mi propio enemigo, les hace perder la cordura y la noción del ridículo.  Hay una mezcla enfermiza que abarca desde la desconfianza, la inseguridad, los celos y la envidia. Porque nunca, en estos doce años de mantener este tipo de posiciones y vitriólicas denuncias, han podido presentar al menos, un vestigio de prueba que los sustente. Por eso que no pasan de ser vulgares berrinches.

Es sabido que considera que ciertos gestos de civilidad y educación, como no los tiene asumidos, no los puede admitir.  No hay duda, que el concepto de amistad no entra en sus registros mentales.  La amistad se mide en intereses y una fingida comunión de ideologías.  Los egos sobredimensionados, al igual que los profundos complejos de inferioridad, se traducen en actitudes incomprensibles para muchos, mas ya no para los que venimos observando y comprobando la afectación que rodea al todo.

La soñada hegemonía del Poder eterno que los tiene obnubilados, no los ayuda para nada para leer aunque sea vagamente, el mar de fondo que se agita y que ocasiona, otra vez, que grandes porciones de la ciudadanía  -desde su perspectiva- le lleven la contra. La re-editada elección de magistrados, les está rompiendo los nervios a muchos. Y a ellos sobre todo.  Es claro que amaría poder imponerse todo lo que cree le corresponde poder hacer.  La sola mención de que en perfecta legalidad, haya gente que optará por anular su voto, lo saca de sus ya maltrechas casillas.  El ego sobredimensionado con que la naturaleza lo ha dotado, le ocasiona muy pobres niveles de visión global y un bajísimo umbral de rechazo. La gente prefiere anular su voto antes de ser usado una vez más, en la elección de una camarilla de administradores de justicia postulados solo por su cercanía partidaria cuyos resultados nos tiene avergonzados en una infame lista de países similares.

Ya que son conmilitones, que voten por ellos los que los conocen. No todos están en la obligación de irrespetarse empeñando su palabra y comprometiéndose  por quienes no representan ninguna garantía para los objetivos de una justicia equitativa y proba.  En el ejercicio pleno de su libertad, cada boliviano está en su derecho de repudiar  tejemanejes a nombre la democracia y la ley. Si hay quienes  desean privilegiar sus propios intereses o apetitos personales,  están también en su derecho. Al final la conciencia es singular, así como los conceptos de dignidad y honor.