Se llevó 100 millones de sus clientes y ahora vive como un rey: el Gran Gatsby del s. XXI

Foto: Un imperio millonario, una vida de lujo. (iStock)Un imperio millonario, una vida de lujo. (iStock)

En el año 2000, un joven francés de 27 años fue suspendido después de intentar conseguir un puesto en Merrill Lynch con un título falso. No supuso un gran problema para Fabien Gaglio, un banquero emergente que provenía de una familia adinerada de la Costa Azul francesa. Muy poco después había conseguido un puesto en la sede londinense del banco Rothschild. Desde ahí comenzaría una meteórica carrera que concluiría unos 13 años más tarde, cuando entró en una comisaría de su país natal para confesar los crímenes que había cometido cuando formaba parte del banco suizo Hottinger & Partners, y que concluirían con la bancarrota de este. O, al menos, la parte de sus fechorías que le interesaba que las autoridades conociesen.

Una búsqueda en internet del nombre del francés apenas arroja un puñado de noticias sobre los distintos juicios por falsificación de documentos o desfalco. Sin embargo, el retrato que suele ofrecerse de este vividor que pasó una temporada en España solía ser incompleto. Era natural: la información que se disponía de sus actividades era más bien limitada, y apenas hay testimonios gráficos sobre él. Durante años se codeó con docenas de inversores de todo el mundo (de Singapur a Estados Unidos pasando por Italia) hasta construir un esquema Ponzi de cientos de millones de dólares con el que pagaba a sus inversores con su propio dinero o con el de los nuevos “pardillos” a los que iba captando.

Se le compara con Gatsby porque, como él, “invitaba a la gente a unirse a un mundo glamuroso que había construido para sí mismo”

Ahora, ‘Bloomberg Businessweek‘ ha publicado el artículo definitivo sobre el misterioso Gaglio a partir de entrevistas con las familias a las que estafó y una revisión de más de 100.000 extractos bancarios, cartas y testimonios recogidos por los fiscales de Ginebra (Suiza) que llevan años siguiendo sus extraños pasos. El texto lo describe como una especie de Jay Gatsby ya que, como él, “invitaba a la gente a unirse a un mundo glamouroso que había construido para sí mismo”. No con su dinero, como quería hacer ver, sino reinvirtiendo lo que obtenía de esas familias a las que había accedido por sus contactos familiares.

 

 

Así visto, se podría imaginar que Gaglio ha corrido una suerte similar a la de Bernie Madoff y ahora está arruinado en la cárcel, preocupado por cómo pagar los bienes básicos en el economato de la prisión. En realidad, vive con su familia en una villa cerca de Beaulieu-sur-Mer que cuesta 10.000 dólares mensuales, a pesar de haberse declarado insolvente. Fue puesto en libertad por su buena conducta, aunque aún le queda por cumplir un año de su condena en Luxemburgo. Hace cinco años que los fiscales de Ginebra le investigan, pero la mayoría de los estafados se han dado por vencidos.

Culparse a sí mismo para escapar

La historia de Gaglio muestra cómo la justicia internacional tiene serios problemas a la hora de detener a esta clase de personajes, especialmente cuando sus tentáculos se extienden de forma oculta a lo largo de países y continentes. Como recuerda ‘Bloomberg’, el banquero fue muy inteligente a la hora de acudir a la justicia francesa aquel 13 de enero de 2013, lo que extrañó a las autoridades porque ninguna de sus víctimas era de ese país y la compañía para la que trabajaba era suiza. En realidad, sabía que ese país raramente extradita a sus criminales, por lo que podría seguir viviendo cerca de su lugar natal. Algo que le fue muy útil años después cuando fue reclamado por un tribunal de Ginebra.

El tribunal le obligó a devolver 150.000 euros, porque era todo lo que podía permitirse, y a pasar cinco años en la cárcel

No solo eso, sino que su declaración minimizó el impacto que las denuncias podrían haber tenido. Él mismo resumió que “cogía dinero de un cliente para pagar a otro”, algo que llevaba 15 años haciendo junto a su socio, Jean-François de Clermont-Tonerre. Manifestó que no le quedaba ni un euro para pagar lo que debía, y cuando acudió a declarar ante un tribunal de Luxemburgo, se declaró culpable. “No tengo nada que ocultar”, reconoció, así como que no le quedaba nada del dinero de sus clientes. Además, añadió que todas las obras de arte de Andy Warhol o Keith Haring que podría haber vendido para costear lo que le debía a sus víctimas habían sido robadas hacía semanas, por lo que tampoco podían contar con ellas.

El tribunal le obligó a devolver 150.000 euros, porque era todo lo que podía permitirse, y a pasar cinco años en la cárcel. Sin embargo, los que le denunciaron sospechan que puede haber mucho más detrás de eso, y que en realidad su autoinculpación era una manera de que no se investigase algo mucho peor. Como, por ejemplo, lavado de dinero. Un detective llamado Andrea Galli, uno de los grandes protagonistas de este caso, sospecha que más que un Madoff del sur francés, Gaglio fue entre el año 2003 y 2009 un sofisticado gestor de una red de dinero ‘offshore’ “con la que ayudó a los hombres de negocio, políticos y criminales a lavar unos 300 millones de dólares”.

Moroder, ¿un eslabón más en la cadena? (Reuters/Suzanne Plunkett)
Moroder, ¿un eslabón más en la cadena? (Reuters/Suzanne Plunkett)

Por lo tanto, el banquero había utilizado su autoinculpación como una cortina de humo para tapar dichas actividades criminales. ¿Quién estaba detrás de ellas? Según desveló la revista alemana ‘Brand eins‘, el dinero que había estafado a todos estos nuevos ricos, por lo general gente que había pegado el pelotazo y ascendido rápidamente sin grandes conocimientos financieros, había terminado en las cuentas corrientes de figuras como el músico Giorgio Moroder o el jugador de rugby Jean-François Tordo; el primero ha terminado denunciando a su propio benefactor. Todos ellos sacaban tajada de una compañía abierta en Belize en 2003 llamada Glendale Porfolio, que se quedaba alrededor de un 10% del dinero que manejaba.

Una compleja red

A medida que Galli investigaba el entramado abierto por el francés, iba dándose cuenta de que la red era mucho más tupida de lo que pensaba y que estaba formada por decenas de compañías y fondos en todo el mundo, de manera que era muy difícil trazar la pista hacia el origen del dinero. Ello le llevó a pensar que Gaglio no podía estar trabajando él solo. Como recuerda ‘Brand eins’, los investigadores llegaron a la conclusión que hasta 250 millones dólares habían pasado por toda la red entre 2003 y 2013. Sin embargo, lo que no quedaba claro era “su sentido y propósito”. “No tenía ni idea de las conexiones que había cuando comencé en el caso”, explica en el medio económico el detective.

“Tu estómago se encoge cuando te das cuenta de que no es real”, recordaba Reissfelder. “No es solo el dinero, es tu confianza en la humanidad”

Este matiza que probablemente hubo dos distintas fases en la hipotética carrera criminal de Gaglio. La primera consistiría en lavar dinero a cambio de una pequeña comisión hasta 2009, y otra posterior, como parte del entramado suizo de evasión de impuestos. Lo que sí está claro es que la mayoría de víctimas siguen sin ver todo el dinero que perdieron, una cantidad que asciende a millones de dólares. ‘Bloomberg’ recoge, por ejemplo, el caso de los Benedek, dos ingenieros canadienses que habían vendido una patente por 656 millones y que después de agasajarles con un tour por sus propiedades monagescas y suizas se convirtieron en sus clientes invirtiendo una cantidad astronómica.

Algo semejante le ocurrió a un programador alemán llamado Reissfelder que vendió su startup por 85 millones de dólares a Expedia, y que por sus cualidades, era la víctima idónea de este esquema fraudulento. Este también se benefició del estilo de vida a todo trapo del hombre que estaba metiéndole la mano en el bolsillo para pagarle todos esos caprichos. Juntos salieron de copas por París junto a Tordo la ‘troupe’ de Gaglio y el propio Moroder. Otro nombre más es el de Michel Kleeman, que vio cómo 2,2 millones de dólares de su cuenta habían terminado en la cuenta del popular DJ; eran tan solo parte de los 8,5 que se esfumaron de entre sus manos. Este ha gastado otro millón más en abogados e investigadores. “Tu estómago se encoge cuando te das cuenta de que no es real”, recordaba Reissfelder. “No es solo el dinero, es tu confianza en la humanidad”. Una que será muy difícil de restituir para estas docenas de ricachones desprevenidos.

Fuente: elconfidencial.com

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