Armas mortales



Todos los días tratan de ingresar armas, drogas y otros artículos parecidos a la cárcel de Palmasola. Muchos logran ingresar, previo pago de un “peaje” que reporta grandes dividendos a los custodios y por eso tenemos el centro de reclusión más peligroso del país. Ayer se conoció el ingreso de otras “armas” mucho más letales al presidio y no fue iniciativa de ningún actor público, autoridad o representante de la sociedad, sino la idea de un jubilado apasionado por la lectura, Gustavo Álvarez Justiniano, quien decidió donar su biblioteca compuesta de casi 800 volúmenes para que los presos puedan gozar de historias fascinantes y encuentren en ellas la clave para mejorar sus vidas, como ocurre cuando la educación transforma naciones enteras. Este buen hombre ha demostrado que no hace falta leer 20 mil libros para tener ideas revolucionarias que lamentablemente han sido muy escasas en todo este tiempo que hemos estado en manos de iluminados.

Fuente: eldia.com.bo