Yamandú Orsi, el heredero político de José «Pepe» Mujica, asumirá el sábado como el 43º presidente de Uruguay, en un giro a la izquierda después de cinco años de gobierno de centroderecha y cuando el país celebra cuatro décadas de democracia.
Montevideo (AFP) – Tras una transición sin sobresaltos luego de su triunfo en noviembre, Orsi recibirá la banda presidencial del saliente Luis Lacalle Pou para gobernar hasta 2030 un país de 3,4 millones de habitantes, uno de los más estables y prósperos de la región pero no exento de problemas.
Este profesor de historia de 57 años, dos veces intendente de Canelones, el departamento más populoso después de Montevideo, llega a la Torre Ejecutiva con 53% de popularidad y varios retos.
«No va a ser tarea fácil», dijo a la AFP Rodrigo Sánchez, un docente de secundaria de 42 años que lo votó y ahora espera que atienda «carencias» en seguridad y combate a la pobreza.
Para Inti Antuña, un estudiante universitario de 23 años, el nuevo gobierno debe garantizar mejores condiciones para los jóvenes. «Los trabajos son precarios, no nos alcanza para vivir», afirmó.
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Quienes no votaron a Orsi también piden que cumpla sus promesas.
«Me da bastante incertidumbre; ojalá que el país siga creciendo», comentó Ana Lucía Rodríguez, una asesora comercial de 42 años.
Déficit, inseguridad, Trump
Orsi será el tercer mandatario de izquierda en casi dos siglos de vida independiente de Uruguay, después de su mentor, el exguerrillero Mujica (2010-2015), y el fallecido oncólogo Tabaré Vázquez (2005-2010 y 2015-2020).
Pero a diferencia de ellos, lidiará con un Parlamento dividido: su partido, el Frente Amplio, solo controla el Senado, y en la Cámara de Diputados irrumpieron actores políticos antisistema.
En lo económico, Orsi deberá aumentar el crecimiento, estimado por el FMI en 3% para este año, y al mismo tiempo cumplir con las demandas sociales sin agrandar aún más el déficit fiscal, que cerró 2024 en -4,1% del Producto Interno Bruto (PIB).
«Reducir el déficit fiscal es importante para mantener la calificación de grado de inversión de Uruguay controlando el crecimiento de la deuda pública como porcentaje del PIB, que ha crecido desde 2019», dijo a la AFP Nicolás Saldías, analista del EIU, el Intelligence Unit del grupo británico The Economist.
Otro desafío será abatir la delincuencia, en mayor parte vinculada al narcotráfico. Según una encuesta de Equipos Consultores, la inseguridad ciudadana es el principal problema para los uruguayos (37%), seguido de lejos por el desempleo (17%).
En Uruguay, la tasa de homicidios es de 10,5 cada 100.000 habitantes, y la de población carcelaria, de 445 presos cada 100.000 habitantes, la más alta de Sudamérica y la décima en el mundo.
Para este pequeño país de matriz agropecuaria, encajonado entre los gigantes Argentina y Brasil, las relaciones internacionales son clave para el acceso a mercados. Orsi deberá apelar al equilibrio, con un Mercosur cuestionado en lo regional y un mundo polarizado.
«En el corto plazo, el principal desafío será el impacto de la nueva administración Trump con sus políticas proteccionistas, que tendrán efectos secundarios en Uruguay a través del potencial menor crecimiento en China», opinó Saldías.
«Fiesta de la democracia»
El 1 de marzo sobre las 14H00 (17H00 GMT), Orsi jurará lealtad a la Constitución frente a los 30 senadores y 99 diputados reunidos en Asamblea General. Desde el Palacio Legislativo se trasladará luego al céntrico Auditorio Nacional Adela Reta, donde Lacalle Pou le traspasará el mando.
Será la octava investidura presidencial desde 1985, cuando terminó una dictadura cívico-militar de 13 años, una herida aún abierta ante el clamor de verdad y justicia para los cerca de 200 detenidos-desaparecidos.
Los 40 años de institucionalidad ininterrumpida, durante los cuales el FA y los partidos fundacionales se alternaron en el poder, se festejarán con un espectáculo artístico en la Plaza Independencia.
«Más que la asunción del presidente Yamandú Orsi será la fiesta de la democracia», dijo el designado jefe de gabinete, Alejandro Sánchez.
A los actos oficiales ya confirmaron su presencia delegados de más de 60 países, entre ellos el rey de España y los presidentes de Alemania, Armenia, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y República Dominicana.
La apertura de la legislatura en Argentina seguramente impida el viaje del presidente Javier Milei. Tampoco se espera a los mandatarios de Cuba, Nicaragua y Venezuela, a quienes Lacalle Pou rechazó invitar por considerarlos «dictadores».
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