Licencia por “inflación”


CANELAS El ministro de comunicación, Iván Canelas, acaba de informar que el presidente ha pedido una licencia de 15 días a la primera magistratura para atender “un pequeño problema de inflación (sic) en su tendón”. Suponemos que Canelas se habrá querido referir a una inflamación, a raíz de los viejos problemas que el mandatario sufre a causa de sus “rodillazos”. Sin embargo, el lapsus ministerial abre otras posibilidades de interpretación sobre esta licencia de 2 semanas de Evo Morales. La inflación alimentaria es, efectivamente, uno de los tantos temas que traen de cabeza al gobierno cocalero, junto con el narco-escándalo del general Sanabria, las secuelas aún presentes del fallido “gasolinazo”, la rebelión de obreros, gremialistas, transportistas y universitarios… Todo esto en el marco de una intensa caída en la popularidad del presidente, registrada no sólo por las encuestas sino confirmada también por los silbidos y abucheos en el estadio Siles. Razones más que suficientes para que se haga propicia una salida de escena del mandatario a la espera de tiempos más tranquilos. Por supuesto que también cabe otra posibilidad, habida cuenta de la manida táctica oficialista de transferir provisoriamente el mando a García Linera cuando las papas queman, en coyunturas de crisis (Huanuni) o a la hora de lanzar medidas impopulares (decreto 748). ¿Estamos a las puertas de una situación de ese tipo y por eso se procede a la licencia? En ocasiones anteriores, el interinato se excusaba con viajes de Evo Morales al exterior, pero como actualmente han surgido algunos inconvenientes para el turismo internacional de altos funcionarios, podríamos estar ante una variante de la estrategia. Más allá de las razones de fondo para las vacaciones del Gran Líder, lo cierto es que entre el papelón presidencial con la camiseta de Messi que el futbolista nunca envió y la metida de pata verbal del ministro de comunicación, la prensa de todo el planeta se ríe a costillas de lo que, de no darse un improbable golpe de timón, podría acabar sellado como un “gobierno bufón”. A las consabidas evadas (disparates dignos del Libro Guiness, lanzados con la seguridad conferida por varios doctorados “honoris causa”) y a las alvaradas (elegantes y maquiavélicas manipulaciones de la realidad), se suman ahora las caneleadas (gruesos atentados contra la gramática castellana). Así vamos…

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