Ingrid Wichtendahl
No es de ahora, ya en mayo del año pasado los medios de comunicación denunciaron con ribetes de escándalo el avasallamiento del terreno de 40 hectáreas destinado a un parque urbano ubicado en las proximidades del aeropuerto Viru Viru, sin que hasta la fecha se hubiese sabido que este bien municipal haya sido recuperado de los avasalladores.
En abril pasado, la prensa denuncia que el curichi La Madre se ofrece en venta debido a que la Alcaldía demora en el trámite de expropiación para ser conservado como reserva natural protegida al tratarse de un humedal que por sus características físicas no puede ser urbanizado. Un estudio realizado en 2007 por la Dirección de Medio Ambiente estableció que el curichi La Madre es un cuerpo de agua que brota naturalmente de la tierra por varios nacientes u ‘ojos de agua’ que llena la quebrada y da forma al humedal. Surge entonces algunas interrogantes ¿Es el curichi La Madre un recurso natural que forma parte del sistema hídrico del Piraí y por tanto es un bien de dominio municipal? Si no es así, ¿cuenta la Alcaldía con un estudio técnico legal que respalde la legalidad y legitimidad de derechos privados sobre el curichi La Madre? Si así fuera ¿cómo se está valuando el metro cuadrado de curichi? ¿Cuál es su valor comercial? Si acaso lo tiene, éste debe ser ínfimo ya que si se lo quiere tasar como terreno se tiene que considerar que es bajo, anegado o anegable de agua y no apto para urbanizar.
Ahora, la noticia para la confiada y pasiva comunidad cruceña es que “alrededor de 380 hectáreas de terrenos que forman parte del aeropuerto Viru Viru fueron ‘puestos a la venta’ a través de avisos de prensa y de la Internet”. El caso está en manos de la Fiscalía que ha extendido la investigación hacia círculos municipales donde acusaciones van y acusaciones vienen sin que nadie dé una explicación clara y coherente de la actuación del Gobierno Municipal en el control del territorio y bienes patrimoniales del municipio cruceño. Cuando, a modo de eludir responsabilidades, las autoridades de la Oficialía de Planificación aclaran que el plano del registro topográfico extendido por la Municipalidad no acredita derecho de propiedad ni aprueba la urbanización del terreno están confirmando que el trámite en cuestión es inoperante para el control urbanístico poniendo en tela de juicio la eficiencia y transparencia de los procedimientos que utiliza el Gobierno Municipal en la gestión del territorio.
Queda por aclarar cómo un ‘inocuo’ plano topográfico se convierte en un ‘inicuo’ plan para obtener provecho de los terrenos de Viru Viru. Cómo el inofensivo registro topográfico es facilitador de un acto tan reprochable como el tráfico de tierras que día a día cobra más vigencia en la ciudad, desde las formas violentas o musculares a las intelectuales del presente caso.
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Ya no es dable que las autoridades municipales miren hacia el costado cuando cada día nos anoticiamos de duros enfrentamientos por la ocupación ilegal de la tierra, donde el palazo limpio, el machetazo o la quema no se mezquinan en crudas escenas de barbarie pura. Hay tráfico y apropiación ilícita de terrenos, registros fraudulentos, autorizaciones irregulares y empresas de fachada ofreciendo terrenos, amén de proliferación de lotes baldíos, desorden urbano y mil millones de bolivianos de deuda en mora del ineficiente sistema de recaudación actual.
El Gobierno Municipal no debe seguir soslayando su responsabilidad en la planificación, gestión y control del suelo municipal, tan venidos a menos en los últimos cuatro años y hoy en grave entredicho. Nuestro querido Alcalde –más del 80 % de los ciudadanos lo apoya– debe convencerse que si quiere eficiencia y transparencia en la gestión territorial del municipio no existe más opción que la construcción de una base de datos de un catastro multifinalitario con el registro de todos los inmuebles tanto públicos como privados, con datos precisos y actualizados diariamente de su descripción física, valor económico, calidad del derecho propietario e identificación del titular catastral sea propietario o poseedor. Ni más ni menos que lo que tiene cualquier ciudad organizada en el mundo.