La movilización en Tacobo Mora, que incluyó el intento de tomar instalaciones de YPFB, demuestra que la fisura gobierno-indígenas se ahonda y que la marcha en defensa del TIPNIS no fue un hecho aislado, sino el síntoma poderoso de un proceso de distanciamiento profundo e irreversible.La rebelión guaraní está relacionada con la forma en que la administración evista tituló tierras para una planta separadora de líquidos sobre el Río Grande, obviando la consulta previa con los originarios del lugar y sin realizar el saneamiento de la TCO.De ahí que la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG) considere de nulo valor jurídico a la licencia ambiental concedida al proyecto.Un detalle importante a tener en cuenta es que la iniciativa de la planta separadora cuenta con el patronazgo de PDVSA, la trasnacional petrochavista.Una vez más, queda en claro que los compromisos del régimen con sus tutores externos son más fuertes que cualquier consideración que pudiera tener con actores nacionales. Tal como pasó y pasa en el TIPNIS, donde un entramado de intereses amalgama a los cocaleros del Chapare con una poderosa empresa constructora brasileña y varias petroleras, en la causa común de la vivisección de esa área protegida. Según el presidente de YPFB, Carlos Villegas, “no se permitirá” que los indígenas “obstaculicen el desarrollo”. Clara manifestación de la ferocidad industrialista que parece aquejar al evismo en la quinta fase del proceso de cambio.Falacia desarrollista, sin duda, que no busca el crecimiento de la riqueza en manos de la sociedad civil sino el mero engrandecimiento de la burocracia…[email protected]