¿Tiene futuro la oposición?


Cada día será más arriesgado ejercer la libertad política, pero la única opción es insistir para que no se imponga el absolutismo.

ElNuevoDia



Editorial El Nuevo Día.

Si se aprueba hoy el proyecto de Ley Electoral tal como lo ha diseñado el MAS, la democracia pasará a ser un triste recuerdo en Bolivia, porque se habrá borrado de un plumazo cualquier posibilidad de existencia de una presencia opositora representativa en el Parlamento capaz de garantizar el equilibrio de fuerzas en el país y la vigencia del modelo republicano.

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Para el oficialismo, el voto de las minorías equivale a cero y las acciones de sus representantes no son más que actos de sedición y traición a la patria. El interés de los gobernantes es asegurarse la perpetuidad y para ello usan todas las herramientas a su alcance: la violencia, la violación de los principios democráticos más elementales, la compra de conciencias, el fraude y la destrucción de las instituciones.

El MAS elabora leyes, aprueba una constitución y promueve discusiones en el Congreso sólo para conservar su fachada democrática. Hace mucho que los asuntos públicos se resuelven en las calles, por decreto o mediante acciones ilegales que terminan imponiéndose por la fuerza. Incluso las elecciones de diciembre, con el fraude y la ilegalidad del lado del MAS, serán un tremenda farsa. Es imposible para la oposición tratar de medir fuerzas en el mismo terreno en el que quiere resolver las cosas el oficialismo, pues no dispone ni de los recursos, ni de la capacidad de movilización o el poder que le otorga un país al que se le ha puesto una camisa de fuerza.

La ciudadanía tiene suficientes pruebas sobre las graves consecuencias que acarrea el ejercicio de un poder casi absoluto: corrupción, narcotráfico, destrucción del aparato productivo, incremento de la informalidad y aumento de la pobreza. El MAS quiere someter a todas las instituciones,  a los sectores sociales y fuerzas vivas de la población y en parte lo ha conseguido. Ha puesto la mirada especialmente en la Iglesia Católica y en los medios de comunicación independientes, porque está conciente de que ambas entidades se han mostrado insobornables en la defensa de los principios y valores fundamentales de la sociedad.

Hoy, cuando el futuro del país y de la democracia están más amenazados que nunca, la oposición haría mal en seguir solamente la lógica perversa que le propone el MAS, que convoca a una elecciones en las que se ha asegurado de entrada un triunfo que le permitirá ampliar sus posibilidades destructoras. Seguramente cada día será más arriesgado ejercer la libertad política, el derecho a la libre expresión y garantizar la propiedad privada en el país, pero la única opción que queda es seguir insistiendo en la conducción de un cambio a través del respeto del Estado de derecho y la tolerancia mutua.

La ciudadanía que observa cómo se esfuman las garantías constitucionales en el país, no merece que los políticos de siempre estén preocupados en conservar algunos resquicios de poder, lanzados por su cuenta a la conquista de unos cuantos votos y dispersos en una lucha estéril, guiados únicamente por un ego incorregible. Los cálculos y los acuerdos palaciegos, herramientas anacrónicas de la vieja política serán las primeras víctimas de este aluvión absolutista.

Cada día será más arriesgado ejercer la libertad política, pero la única opción es insistir para que no se imponga el absolutismo.