Ayer debía ser un día para reflexionar después de tantos días de bombardeo proselitista, agresiones, amenazas, anuncios de encarcelamiento a diestra y siniestra, ataques a los periodistas, ambiente matizado por una ola delincuencial que se ríe a carcajadas de los planes de seguridad que también ocuparon la primera plana de la campaña electoral. Pero la reflexión no está en los planes del oficialismo. La gente no tuvo tiempo para el sosiego, pues siguieron las denuncias, con un ministro que cambió el Facebook por los trucos de sonido, un vicepresidente que le hace serias amenazas a una reportera (sólo por preguntar), militantes opositores que reciben una paliza en Santa Cruz y un presidente que no paró en ningún momento de inaugurar, prometer y mostrar en varios actos de campaña disfrazados de eventos gubernamentales. Para hoy está previsto un acto en el Chapare en el que Evo Morales le mostrará al país “lo bien” que ha combatido al narcotráfico todo este tiempo, con el objetivo de tumbar la tesis contraria. Dos días que resumen lo triste y fea que ha sido esta campaña. Y viene abril.
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