Carecemos de capacidad para hacer un análisis medianamente serio en materia económica. Pero esto de carecer de capacidad intelectual para abordar la compleja materia no nos inhibe de la tarea de plantear algunas consideraciones sobre algo que atañe a nuestro medio, al ambiente en que nos movemos y que, desde luego, es de orden precisamente económico por donde se lo mire incluso con ojos profanos.
No dejan -y esto resulta contradictorio- de percibirse plañideras quejas con el telón de fondo de la pobreza, de la falta de medios para atender cientos y miles de vitales necesidades colectivas e individuales. Voces quejumbrosas denuncian el alza del costo de la vida, agravado por la falta de recursos en casi todas las instituciones públicas creadas para aliviar de sus cargas a los ancianos, desvalidos, desocupados y desamparados en general.
Pero contrastando, precisamente, con el lloriqueo de la pobreza supuestamente escarnecedora, el ambiente no se da tregua con la exposición de frivolidades y su fanatizado ejercicio. O qué otra cosa significa que casi no haya día de nuestro calendario en que no se ofrezcan espectáculos con artistas, músicos, cantantes y otros astros del colorido mundo de la farándula, que cobran millonadas por cada actuación y que hasta llegan a nuestro caserío en lujosos aviones propios y en medio de las estridentes y costosas clarinadas de la fama.
Y por supuesto que para asistir a la presentación de tales astros se fijan valores astronómicos por los boletos de ingreso. Valores astronómicos que se pagan sin chistar, y no sólo desde el bolsillo de los ‘cogotudos’, sino también del de aquél que hasta momentos antes emitía berridos por que el precio del arroz aumentó veinte centavos el kilo. Los caros espectáculos de las estrellas tienen que realizarse habitualmente en campos deportivos o en escenarios tan vastos como las riberas del río porque la afluencia humana es incontenible. Y es, precisamente, con semejantes marcos que se hace mentiroso aquello de que subsistimos a la sombra escarnecedora de la pobreza.
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Hay otros indicios más que muestran a nuestra comunidad desplazándose en jauja. Se dan en establecimientos grandes y pequeños que ofrecen o diversiones o bebidas o comidas y que, casi en su totalidad, están colmados en sus diversos horarios. Y por si todo esto fuese insuficiente como parte del propósito de demostrar que hay plata abundante en el medio, corriendo tintineante al alcance de quienquiera, ¿acaso no es machacona y a cual más tentadora ofreciendo ventajas, la publicidad de las organizaciones crediticias, dispuestas a llenar de dinero contante y sonante hasta los más anchos bolsillos bajo mínimas condiciones?
¿Influencias del narcotráfico, del lavado de dinero, de la política en boga, del contrabando, de los negocios ilícitos? Algo tiene que haber tras el auge, del que no puede decirse que nos cae del cielo tintineante y gracias sólo a nuestras lindas caras.