Hace pocos días concluyó el cómputo de las elecciones generales del pasado 6 de diciembre. Los resultados aún no se han evaluado. Seguramente habrá una serie de justificaciones y cuestionamientos. En algunos casos el análisis se limitará a la confrontación electoral entre candidatos y, en otros, se tenderá a mostrar que se enfrentaron dos visiones de país y que no fue, simplemente, una mera competencia política entre circunstanciales contendores.
Es notorio, entonces, que la unidad de la que se habla constantemente, tiene dos ámbitos: primero, la deseada pero de muy difícil concertación nacional, es decir el entendimiento gobierno–oposición, que responda a una visión democrática y pluralista y, segundo, la unidad de la ahora dispersa oposición, obligada a presentar una alternativa democrática al populismo.
Ciertamente hay matices y diferencias internas en las opciones gobierno y oposición. Sin embargo, la polarización electoral hizo que se superen –quizá temporalmente– esas contradicciones, tanto dentro del oficialismo como en las fuerzas contestatarias. En realidad, aún no se advierte lo que une a la abigarrada militancia del MAS, fuera de la siempre deseada fruición del poder (“El MAS es el berenjenal más grande de la historia partidaria de Bolivia” Adrián Conti Pérez, en ErnestoJustiniano.org, 23.08.2008). En el lado opuesto, sí bien hubo consenso en enfrentar democráticamente el proyecto del oficialismo –independientemente de los votos legítimos y los cuestionados– la alianza y unidad electoral del 6 de diciembre fue lograda parcialmente, con apresuramiento y con fines “inmediatistas”.
Pero ahora el calendario electoral obliga a la aún dispersa oposición, si pretende representar a esa otra visión de país, a concertar y unirse. Esto corresponderá a una realidad: en el país político persiste la ya mencionada polarización, y las dos visiones están condenadas a seguir enfrentadas –ojalá sea democráticamente- sin lugar a una concertación integral por las claras diferencias que las separan. Se trata de una perspectiva electoral inmediata.
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La disyuntiva entre el discurso indigenista aymara y socialista del siglo XXI del oficialismo y el planteamiento democrático que subyace en la oposición, no es equivalente en todas las regiones del país. Ciertamente, no hay mejor resultado electoral que el que refleja proporcionalmente las diversas opciones, y en Bolivia se distinguen principalmente dos: la del gobierno, aun no bien definida, que se inspira en el socialismo del siglo XXI creado por Heinz Dieterich para el venezolano Hugo Chávez, predominante en Occidente del país, y la oposición que, aún dispersa, prevalece en el Oriente y que se define como defensora de los principios y las libertades democráticas. Por esto, en las elecciones de abril en las que se elegirá a prefectos (gobernadores) la presentación de un sólo candidato que interprete el sentimiento preponderante en el Oriente, sería en factor de equilibrio político indispensable, si se pretende una representación auténtica de la voluntad ciudadana en esta vasta región de la geografía patria.
Finalmente, se tiene que considerar que, para conformar opciones coherentes de mediano y largo plazo, se tendrá que aceptar que son necesarios los partidos políticos. Nace, entonces, la otra obligación: remozar los existentes o fundar nuevos que sean expresión de las corrientes modernas del pensamiento político.