Santa Cruz merece autoridades de primer nivel, capaces de encarar los urgentes problemas del presente y los desafíos del futuro
Ya no es noticia que en abril de 2010 se eligen nuevos prefectos y alcaldes. Tampoco que las elecciones para esa fecha se realizarán bajo un nuevo marco legal y jurídico. En lo que corresponde a la elección del Alcalde de Santa Cruz; sin embargo, la situación se presenta como novedosa, al menos en apariencia. Quizás por ello es que los cantos de sirena de algunos políticos postulantes ya se han dejado escuchar, emitidos como si la población de Santa Cruz no tuviera memoria. En sus iniciales campañas proselitistas, los postulantes al sillón de burgomaestre han prometido el oro y el moro. Desde propuestas futurísticas al estado límbico de ciudad segura. Y lo han hecho sin experimentar empacho y rubor alguno.
Nadie puede negar el derecho que les asiste a los postulantes a Alcalde la libre expresión de sus ideas y ofertas, como tampoco a la opinión pública su derecho al beneficio de la duda. De las viejas caras conocidas y de triste paso por la administración municipal cruceña, poco se puede esperar, al menos en razón de sus antecedentes. No sólo que han dejado una pesada losa de deudas institucionales, sino que sus gestiones han estado marcadas con el estigma de la componenda política, el clientelismo y la prebenda. Sin embargo, hoy se presentan como los más entusiastas y prolíficos en ofertas para la ciudad y sus habitantes.
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En estos momentos resulta prematuro vaticinar si los candidatos más potables tendrán la acogida que se espera por parte de la ciudadanía, especialmente si todavía no se conoce el total de las postulaciones definitivas. Las caras nuevas, hasta el momento, se perfilan como ligadas a posturas políticas que han quedado en entredicho, por lo que se presenta como aventurado afirmar si lograrán convencer al electorado de sus bondades. Sin embargo, la ciudadanía espera encontrar entre los candidatos a personas capaces de hacer una gestión transparente, de impacto urbanístico y con perspectivas de transformar la capital cruceña en un lugar apto para vivir. Esto es, pensar en la ciudad para los ciudadanos, ni más ni menos.
Las nuevas autoridades ediles deben saber que no se trata tan sólo de embellecer la ciudad, que es de luego una tarea necesaria, sino de recuperar la ciudad para sus habitantes. En la actualidad, se han apoderado de Santa Cruz de la Sierra los comerciantes ilegales, el transporte transgresor, la informalidad, la ilegalidad y la delincuencia. Si se mira bien, se trata de problemas estructurales que sólo pueden resolverse con visión política y un profundo compromiso social. Y no sólo eso, sino de un amplio conocimiento de la problemática urbana y sus connotaciones. Esto exige honestidad, honradez y entrega.
Asimismo, se requiere de capacidad de trabajar en armonía con el conjunto de las autoridades departamentales y nacionales en busca del objetivo común. Lo demás son sólo cantos de sirena para quienes han perdido la memoria o pecan de ingenuos. Santa Cruz de la Sierra es una ciudad capital digna de mejor suerte, y se merece autoridades de primer nivel, capaces de resolver los urgentes problemas del presente y encarar los desafíos del futuro. Para ello, urge que se comprenda que primero está la gente, la que debe hacer suya la propuesta de una ciudad amable, acogedora, segura, habitable y tenazmente progresista.