Oposición fragmentaria


Las prefecturas y las alcaldías están a punto de convertirse en guarida de los residuos políticos que no supieron actuar a la altura de las circunstancias históricas en el proceso político iniciado hace poco menos de un lustro en Bolivia



los_tiempos_beta Editorial Los Tiempos

Los resultados de las elecciones generales, que dieron al presidente Evo Morales un amplio margen, han desatado un generalizado estado de confusión, si no de desesperación, entre los líderes regionales y políticos de oposición, que ahora se preparan para afrontar los comicios que tendrán lugar en abril del próximo año para elegir prefectos (gobernadores) y alcaldes municipales.

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Es el caso del departamento de Santa Cruz, donde las disputas por las principales candidaturas no se han hecho esperar, mostrando una evidente y abierta división entre sus autoridades y dirigentes políticos, cívicos y regionales. La capital oriental, que hasta hace poco lideraba la oposición regional al Gobierno de Evo Morales, hoy está a punto de sumergirse en una profunda fragmentación interna que terminará por consolidar la creciente votación a favor del Movimiento al Socialismo.

Similares desinteligencias han comenzado a producirse en Tarija, luego de que ese departamento, que formaba parte de la denominada Media Luna y, en consecuencia, integraba el Consejo Nacional Democrático (Conalde), dio el triunfo a Morales en las elecciones del antepasado domingo.

Ni qué decir de Chuquisaca, donde la aparición de candidatos, principalmente a la Alcaldía de Sucre, es poco más que sorprendente, lo que augura una atomización del electorado en varias opciones políticas. Los dirigentes chuquisaqueños parecen estar resignados al fácil expediente de atrincherarse en su ámbito urbano, es decir en la ciudad de Sucre, para así asegurarse cómodamente un curul en el futuro Concejo Municipal.

Así, lo que todavía queda de las fuerzas de oposición, sean políticas, regionales o ciudadanas, ha estrechado sus aspiraciones de poder a los gobiernos departamentales y municipales, y se han embarcado en una disputa por asegurarse cualquier espacio de poder, por más pequeño que éste sea. Las prefecturas y las alcaldías están a punto de convertirse en guarida de los residuos políticos que no supieron actuar a la altura de las circunstancias históricas en el proceso político iniciado hace poco menos de un lustro en Bolivia.

De continuar esa chatura de intereses personales y sectarios con que han empezado a reaccionar la oposición -si es que todavía existe oposición- lo único que se estará haciendo es fragmentar a niveles extremos la votación del electorado y posibilitar que el MAS aspire a controlar incluso las prefecturas y municipios de los departamentos y ciudades capitales donde antes encontró una fuerte resistencia.

Si en las elecciones de abril la oposición política vuelve a equivocarse, como de hecho lo hizo en los comicios generales al presentar varias alternativas electorales sin viabilidad alguna, el MAS se habrá consolidado como el partido único y hegemónico de Bolivia, lo cual generará un espacio contraproducente con los equilibrios y contrapesos que tendrían que existir en cualquier sistema democrático.


Elecciones regionales encima

Subeditorial Los Tiempos

El proceso preparatorio de las elecciones y el acto electoral en sí desgastaron a la ciudadanía y a las instituciones competentes.

La contienda copó meses del quehacer ciudadano desde cuando quedó confirmada en el calendario, se la programó, se la instrumentó hasta el minuto en que se consumó el depósito del voto. En todas estas diligencias, prácticamente la totalidad de la ciudadanía vivió cada minuto de su tiempo moviéndose entre subjetivismos y cábalas, hasta definiendo posiciones personales sobre el amplio tablero de las opciones abiertas. En fin, que hubo nomás, durante largos meses, un desgaste que no sólo fue anímico, sino también físico.

Gruesos sectores ciudadanos resollaron a pulmón pleno después de la intensa jornada eleccionaria, en que, si bien la sangre nunca llegó al río, deparó algunos tragos amargos a individualidades diversas y relativamente numerosas. Y es respecto de esos sectores que concebimos este breve comentario editorial. Claro, no se han repuesto del desgaste físico y anímico muchos de los actores de la justa grande que finalizó hace menos de siete días y ya están tomando impulso para animar otra competición que, sin alcanzar la magnitud de la que acabamos de cerrar, para muchos, muchísimos, es incluso de singular y hasta mayor trascendencia porque se encuadra en los cálidos marcos regionales, diríamos hogareños. Estamos, de hecho, citados para elegir a nuestras autoridades regionales y nadie desconoce la desbordante pasión que la gente boliviana pone particularmente en derredor de lo que tiene el sabor intrínseco de su pueblo.

Insólitamente pues nos precipitamos tras una justa más íntima sin concedernos ni el espacio ni el tiempo precisos para recuperar ánimo y fuerza y renovar propósitos. A ver cómo nos va.